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Familia ambulante

Por MARÍA CASTRO

Neuquén > Entre los recuerdos de niñez está esa gran ilusión que sentimos en nuestra primera visita a un circo. Todas las habilidades humanas físicas están representadas allí. Poder volar en las alturas del trapecio, malabares con fuego, el hombre bala, la explosiva alegría de los payasos y la mítica y enorme -ante los ojos de la niñez-  carpa circense donde se desarrolla la vida de estos personajes que se convierten en héroes ante nuestros asombrados ojos. También queda, porque no reconocerlo, un dejo de tristeza frente a lo vulnerabilidad de los animales encerrados en jaulas. Pero todo lo que está vivo cambia o se transforma, esa parece ser una ley natural que atraviesa los procesos de la vida. En esta época humana tan sorprendente y a veces tan despiadada, algunas cosas en su esencia han quedado ajenas a esos retrocesos y se han adaptado evolucionando. El circo es una de ellas. Un pequeño reflejo de ello es el Cirque XXI, que hoy se encuentra  en la ciudad de gira y que presenta diariamente su espectáculo a las 21 y los fines de semana agregando una función a las 19 en el Portal de la Patagonia.
La vida en el circo parece tener características que la hacen irresistible. La libertad y el constante cambio, la ausencia de rutina, los viajes y el conocer nuevas culturas. Estas posibilidades son las que apegan a los artistas al circo y su “modo de vida”,  pero es especialmente el contacto y la interacción con el público y con los chicos, la alegría y la magia que surgen en cada función -que nunca es la misma aseguran- lo que más atrae.
El staff de Cirque XXI  consta de 75 personas de las cuales 25 participan en el espectáculo  y residen en un “barrio móvil”.  “Se maneja como un teatro pero que se va desplazando de ciudad en ciudad”, afirma Fabián López dueño de Cirque XXI. Y agregó: “tratamos de estar unidos y de llevarnos lo mejor posible porque sino no se podría trabajar. De hecho la función tiene una química que implica que no se puede estar muy peleados”.
Familias de profesionales con sus hijos o matrimonios de artistas, jóvenes solteros, forman la comunidad móvil donde cada uno desde su hogar participa en el trabajo conjunto pero a su vez desarrolla su vida libremente. Lo que prevalece es la comunión para sostenerse entre todos, aún aceptando a quienes han entrado en la vejez y no pueden realizar grandes actos. Y son ellos, de generación en generación, los de más edad y experiencia quienes enseñan las artes de trapecio, acrobacia baile o el arte del payaso a los más chicos que elijen continuar la tradición circense de  enseñanza.
 
Quinta generación

Cirque XXI  pertenece a la familia López, de tradición circense relacionada con los Eguino, familia que también se desarrollan en ese campo. Es un circo de muchos años con cinco generaciones de artistas.
Con una tranquilidad envidiable, pero que no por ello resta importancia a la responsabilidad de sus funciones, Fabián López de 37 años -nacido en Necochea- ofreció algunos detalles íntimos de  como transcurren sus días. “Soy quinta generación de circo. Nací en un circo en 1973 y tuve la suerte en el ‘90 de  vivir “estable” (viviendo fuera del circo) un tiempo. Terminé el secundario y tuve la oportunidad de conocer las dos formas de vida, porque siempre decimos que esto es una forma de vida”, dijo el encargado del Cirque XXI.
López hace memoria y rememora su niñez donde todo era distinto. “No crecí en carpa, pero sí mis padres vivieron en una  por mucho tiempo. Cuando terminaba la función se juntaba todo y se guardaba en baúles que se llamaban  “ropero” y se los cargaba en el camión o se usaba el tren. No llegué a la época de carreta que es mucho más atrás. En la época de mi padre se viajaba mucho en tren”, señaló López.
Con el paso del tiempo los circos fueron adquiriendo camiones y los artistas sus vehículos, más la clásica casa rodante. “Cuando cumplí cinco años mi padre se compró su primera casa rodante que era un lujo para la época. Los avances de la tecnología han facilitado mucho las cosas y hoy los circos viajan y viven cómodamente”, aseguró
 
Locos y bohemios

Frente a la posibilidad de llevar otro tipo de vida López relató que a los 18 sufrió un accidente que no le permitió hacer más acrobacias,  por lo cual su padre vendió el circo y se dedicaron a trabajar con un video club, luego con una heladería,  aunque  nada de eso lo convencía demasiado. Sin embargo, su experiencia en una fábrica lo hizo retornar a la carpa.  “Es un recuerdo muy malo que tengo (risas). Había que levantarse a las cuatro a marcar tarjeta.  Estar todo el día ahí y volver. A los 4 meses dije … se acabó … esto no es  para mí... (risas). Nosotros los del circo somos un poco locos y bohemios como para hacer estas cosas. Estar entre cuatro paredes durante 8 o 9 horas era como tenerlo en la cárcel a uno. En el circo, si bien hay un pequeña rutina, es mucho más libre. Es como que el aire corre siempre”, recordó López
Lejos quedó esa época y su tiempo ahora se reparte entre los horarios de trabajo y las funciones que son solamente dos horas. Pero lo que más parece disfrutar  López es el cambio constante.   “Todo varía… nunca es igual el circo. Nunca queda puesto de la misma manera. El público nunca es el mismo… nunca tienen la misma emoción. Creo que es un poco lo que nos lleva a vivir este estilo de vida… siempre tener un patio diferente. Nunca es el asado “del domingo”… el asado es el día que tengas ganas. Somos como grandes mochileros que van viajando y conociendo culturas… provincias… lugares y llevando nuestro show  para que se divierta la gente, Vamos conociendo y paseando y eso es maravilloso”, aseguró el hombre que sabe enfundarse de payaso.

LA VOZ DE LA EXPERIENCIA

Oliver Joe Pueyrredon nacido en el circo de su padre, el Real Español, en Brasil es un artista de tercera generación circense. Tiene 38 años  y fue convocado por Cirque XXI como director artístico  hace nueve años. Comenzó en  la pista a los siete años con malambo, folklore y malabares. A los 12  ya trabajaba solo. Hizo trapecio, acrobacia y todo a lo que se animó dentro del circo. A pesar de lo particular de su vida el no lo percibe así  porque “para mí es una vida normal la gente se acostumbra a lo que hace”, afirma. Pero reconoce que al intentar hacer una vida fija se inquieta, “cuando nos queremos quedar  quietos se nos complica porque estamos acostumbrados a viajar. Pasa un mes y ya no sabemos que hacer”.
 Oliver observa que los tiempos han cambiado y eso hace que el  espectáculo sea renovado en forma constante. A pesar de las innovaciones, Oliver cree que “el circo siempre va a ser el circo.”
“Se puede cambiar el cortinado, poner  más luces, cambiar la carpa, el maquillaje pero siempre va a ser le mismo circo. La esencia del circo es la alegría de la gente”, sostiene Pueyrredon.
Pueyrredon actualmente trabaja como instructor. Y si bien hay mucha gente joven que se ha integrado que salió de escuelas de circo, él  se encarga de pulir a los artistas.
“Ellos traen la técnica y  nosotros les tenemos que dar la esencia del circo. Eso el  lo bueno que tiene el Circo.  Le da oportunidades a todo tipo de personas. También se dan casos en los que trabajan como empleados de carpa y se preguntan si podrían aprender algo. Y luego hacen el intento”, dijo el “maestro”.
Oliver destaca que es muy importante respetar la pista.  Si alguien quieren aprender, primero tiene que partir del respeto a la pista y después al público. Una vez  que aprenden a hacer eso  se les pueden enseñar.
“El sistema antiguo era mas crudo. Cuando entrenaba se recurría al “o te tiras o te tiras” y “te tenías que tirar porque tu papá se enojaba”, explicó Oliver, quien hace malabares y trabaja con su esposa y sus hijos. “Hoy hay más paciencia  más psicología y protección con cinturones de seguridad. Pero antes decían ‘Yo lo hice así y vos lo tenés que hacer así’. Era la disciplina del circo”.

LA EDUCACIÓN

En el país existe una ley ‘golondrina’ que dispone que los niños con este tipo de vida concurran a las escuelas de cada lugar que visitan donde deben ser aceptados obligatoriamente por el tiempo que estén allí. Las maestras deben acompañar este proceso que se asienta en un cuaderno donde constan los exámenes y el año que cursan. “Soy un padre que prefiere que sus hijos  estudien porque el estudio sirve para el desarrollo fundamental de cualquier persona mas allá de tener un oficio”, consideró López respecto al tema educativo.

EL VIAJE EN FAMILIA

Fabián viaja con su familia, su esposa y sus dos hijos, quienes trabajan con él. Justamente, con la libertad como herencia familiar,  la vida circense parece continuar de generación en generación. “Mi hija, por una elección propia de ella, trabaja en la pista desde los cuatro años. Hoy va a cumplir 15 años. El nene a veces trabaja y otras no.  Hay que dejarlos, cuando le nazca va a andar bien pero eso tiene que nacer de uno”, señaló López. Y acotó: “Al tener tanta libertad de vida creo que se las pasamos a los chicos y les damos lo mismo que nos dieron nuestros padres y  ellos elijen”.

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