Felicidad neuquina en España: "Me volví loco, no caigo"

Juan Cruz y José viven en España y ya palpitan la Superfinal de la Libertadores.

POR FABRICIO ABATTE / abattef@lmneuquen.com.ar

Uno lleva 20 años en Madrid. El otro llegó hace un par de años a Oviedo. Uno nació en Neuquén capital. El otro siempre tuvo fuertes lazos con la región, familia incluida. Uno es de Boca, el otro de River. Ambos ayer no salían de su asombro, “no caían” al enterarse de que estando en Europa tendrán la final soñada, de la Libertadores ahí bien cerca, al alcance de la mano. Son dos privilegiados que están emocionados y lo comparten con este diario.

La historia de Juan Cruz Martino, un estudiante de ingeniería civil que está haciendo un intercambio, la contamos previo a la revancha que debió disputarse el sábado pasado y fue suspendida. El espíritu de aquella nota era reflejar cómo lo vivían los neuquinos fuera del país y nadie, por entonces, hubieran imaginado que el Superclásico finalmente se disputaría en la madre patria. Creer o reventar.

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“Me volví loco. ‘Mirá que no voy a ir’, le dije a mi viejo. Le dolerá la tarjeta de crédito, pero no me lo voy a perder (risas). Rezando para que se confirme”, comentó Juani, minutos antes de que se definiera la noticia del día.

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“Oviedo está a 460 kilómetros de Madrid, para nosotros no es nada, a ellos se les hace un poco largo. Es como ir a Bariloche desde Neuquén... Me voy en colectivo, tren, avión, a dedo en lo que sea. No entra en la imaginación de nadie que se juegue acá, hasta le pediría a mi viejo, Daniel, que me hizo de Boca, que se venga. Tengo cuatro hermanas y las cuatro son fanáticas de River, pero nosotros dos, bien bosteros”, señala el pibe de barrio Santa Genoveva, que extraña a sus amigos tanto como las tardes de mates a la orilla del Limay.

En el otro “bando”

José Pablo Ferraro nació en General Alvear, Mendoza, pero añora las visitas a su cuñado Carlos Munarin y familia (dueño del famoso Haras Lef Kawell) aquí en Neuquén. Vive hace dos décadas en Madrid y sufre por el Millonario.

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“Decidí venirme a España hace 20 años, soy fanático de River. Tengo familia en Mendoza (General Alvear) y en Neuquén y uno siempre tiene presente el Valle. El sábado me encontré en mi casa con amigos y decía que era soñado verlo a la distancia. La espera del partido fue una cosa impresionante, todo Europa se paró más allá de que luego sentí una vergüenza muy grande. Pero ahora de repente me encuentro con un River- Boca, una final soñada a 12 mil kilómetros de casa. Estoy feliz”, confesó por su parte el fanático de la Banda.

“Sé que hay que esperar todavía pero te aseguro en un cien por ciento que este partido en el Bernabéu no me lo pierdo por nada del mundo. No lo puedo creer”, resumió.

Seguramente serán muchos más casos. Pero esto dos, de uno y otro lado, reflejan cómo es vivir el partido soñado tan lejos para gente de acá cerca.

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