Gonzalo Heredia: "Ya no tengo ambiciones con la actuación"

Hombre de letras. A los 36 años, con dos hijos y la reciente publicación de su primera novela, dice que sus deseos están puestos en la literatura.

POR PAULA BISTAGNINO / Especial

Dos días después de que naciera su hija Alfonsina, recibió al director Néstor Montalbano en la clínica para escuchar la propuesta: convertirse en el protagonista de su próximo film, No llores por mí, Inglaterra que, como casi todas, también iba a tener a Diego Capusotto. “Cuando mi representante me dijo que Montalbano estaba interesado en mí, la verdad es que primero descreí un poco. Me crié viendo Todo x 2 pesos y me parecía genial él, pero me costaba que hubiera pensado en mí, así que cuando me llamó le dije que estaba en la clínica porque acababa de ser padre y que nos podíamos reunir ahí”. Y así fue: quería que Heredia fuera Manolete, una especie de empresario de espectáculos en bancarrota al que se le ocurre que el fútbol puede resultar un buen negocio y organiza un partido con dos barrios históricamente enfrentados (ver aparte).

Nada que ver con lo que hasta ahora, en casi dos décadas de carrera de actor, venías haciendo...

No, nada que ver. Por eso me llamó la atención. Y a la vez, se lo dije apenas llegó, le conté que yo con la actuación ya no tengo ninguna ambición artística de nada. Que no me interesa ganar ningún premio, que no estoy buscando ni trabajar con Pedro Almodóvar ni ir a Cannes, que ya no tengo ambiciones con la actuación. Y que sólo quiero pasarla bien, divertirme y trabajar. Y él me dijo que le parece maravilloso eso.

¿Y qué te desafiaba del cambio de rol y registro y género?

Eso. Cuando leí el guión, me acuerdo que en la página 30 le dije a Brenda (Gandini, su mujer) ‘esto es un delirio y la verdad es que me dan ganas de hacerlo: por esto, por género nuevo, por construcción nueva de personaje, de registro’. Me gustó verme en ese lugar.

Digamos que ya tenías un lugar cómodo. ¿Te daba miedo algo de eso?

Sí, no estar a la altura. Igual, eso es algo que me pasa siempre, con cualquier proyecto. Siempre tengo la paranoia de que no voy a estar a la altura, de que se equivocaron de actor, de que tendrían que haber llamado a otro pero que nunca me lo dicen en la cara. Pero siento que hay un rumor de fondo y que todos comentan.

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¿Hiciste terapia?

Lo intenté cuatro veces… Pero no. Prefiero escribir. Toda la vida. Hay una escena que tengo en la que explico qué es el metegol, que fue la primera que hice. Y mi personaje es muy verborrágico y vendía algo a otros. Y no me salía. Y no me salían el tono y el registro del género. Y me puse muy nervioso. Y empecé a boicotearme tipo diciendo ‘y claro, yo no tengo que estar acá, yo no era. Ahora deben estar todos comentando cómo se equivocaron y a quién llaman’.

¿Pensaste en renunciar?

Sí, claro. No tenía problema en renunciar. Porque sentía que no me iba a salir. Pero a partir de ese momento casi trágico de paranoia, hubo algo que se abrió y que yo dije: ‘bueno, listo, lo tengo que hacer, tiene que fluir. Así que listo, voy a hacer lo que puedo, lo que me sale’. Y es como que me descomprimió. Y listo. Salió. Gracias al director, que me calmó y que tenía muy en claro lo que quería.

¿Y con Diego Capusotto?

También el hecho de estar con él, que es como estar en el Barcelona: porque la tiene atada. Solamente tenés que tocar y pasar la pelota. No más que eso. No pienses, no hagas chilena ni gambeta. Pasala y no la pierdas.

¿Te importa el fútbol, la cuestión patriótica, Inglaterra?

Sí me importa el fútbol, pero creo que en este caso el fútbol es una excusa. Y que acá está puesto para hablar de otra cosa: de lo que los grandes imperios nos quieren imponer a nosotros, a los gobernados. Y me parece maravilloso interpretar al personaje que construye la pasión de un deporte y toda esa construcción del ritual como lo conocemos hoy. Y cuento eso, cómo se puede usar políticamente eso. Cómo crear una rivalidad y el fanatismo.

Decías que no te interesa ni Cannes ni Almodóvar. ¿Cuándo cambió eso?

Y, al principio estuvo eso: ni siquiera Cannes, ¡ganar un Martín Fierro! Eso era como la aspiración y todo lo que rodea a eso.

¿Qué te bajó de ahí?

No es que algo me haya bajado. Creo que la forma de expresión mutó. Afortunadamente. Tengo 36 años y me parece genial seguir apasionado con algo. Me parece vital en mi vida y en cualquiera. Podría estar en mi casa de Nordelta viendo proyectos y haciendo asado… Pero tengo otras ambiciones.

¿En qué está puesto ahora ese deseo?

En la literatura. Acabo de publicar mi primera novela, y escribir y leer y escribir. Es lo que estuve haciendo los últimos cuatro años. Ser padre –de Eloy y Alfonsina- me llevó a muchas más preguntas, a cosas en la cabeza. No para exorcizar ni hacer catarsis, sino para buscar una voz propia. Es la vida de un actor que busca su propia identidad.

¿Cómo fue el descubrimiento de la literatura?

Trabajaba con mi viejo en el taller mecánico y me pasaba que sentía que eso no podía ser todo, todo lo que había, que lo que mis viejos me habían sabido dar o podido dar no era todo. Estaba en Munro y para mí cruzar la General Paz era como cruzar el desierto y era un mundo medio de ficción para mi realidad.

¿Hubo un profesor o alguien que te llevara a la literatura?

No, yo no terminé el colegio. A los 13 o 14 años me encontré tirado El túnel de Ernesto Sábato, de una de esas colecciones de diario. Y fue descubrir un universo, que se me metieran voces en mi cabeza y me rompieran esa burbuja. Y se me instalara en la cabeza que yo quería salir de ahí. Y empezar a escribir también. Y ahí empecé a descreer en los límites que tenía mi vida. Porque yo tendría que seguir en Munro.

Brenda dijo que a ella la maternidad la puso más egoísta y menos tolerante y a vos al revés: que a vos te había vuelto “más bueno”. ¿Lo sentís así?

Si ella lo dijo, no la voy a contradecir. No creo no haber sido malo antes y tampoco quiero ser bueno ahora.

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--> La épica patriótica y el fútbol

En 1806 los ingleses invaden la ciudad de Buenos Aires, hasta entonces bajo el mando de la Monarquía Española. Instalados en ese nuevo territorio, el general Beresford, para distraer a la población, les presenta un nuevo juego: el fútbol. La idea es tenerlos entretenidos hasta que lleguen los refuerzos desde Inglaterra. Entonces le ofrece a Manolete el gran partido del siglo: criollos versus ingleses.

El gran evento se acerca, pero también el ejército comandado por Liniers por la Reconquista de la ciudad. La cinta cuenta con la participación de Mike Amigorena, Laura Fidalgo, Luciano Cáceres, Mirta Busnelli, Fernando Lúpiz, Roberto Carnaghi, Matías Martin, Fernando Cavenaghi, José Chatruc, y la participación de Evelina Cabrera, fundadora de la Asociación Femenina de Fútbol Argentino.

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