Hace 150 años nacía Antón Chéjov
Chéjov retrató la vida rusa anterior a la revolución de 1905, reflejando las vidas de personas incapaces de comunicarse entre ellas y sin posibilidad de cambiar una sociedad que sabían errónea. A pesar de esto fue criticado por su débil posicionamiento ideológico. En su obra no hay respuestas, sólo encontramos el hilo que nos lleva a plantearnos un interrogante, sin entrar en planteamientos éticos o moralizantes sino en disparadores de una necesaria reflexión.
Breve biografía
Chéjov nació en Taganrog (Rusia), hijo de un tendero y nieto de un siervo que compro su libertad, era el tercero entre 6 hermanos. Su padre, les impartió una estricta disciplina y su madre los entretenía con sus anécdotas.
Para ayudar a su familia comenzó a escribir relatos humorísticos bajo el seudónimo de "Antosha Chejonté" para revistas y periódicos en los que fue reconocido por su calidad. En 1884 se recibía de médico y tres años más tarde reestrenaba su obra “La gaviota” por la compañía de teatro de Moscú, dirigida por Konstantín Stanislavski para la cuál escribió “Tío Vania”, "Las tres Hermanas” y “ El Jardín de los cerezos”. En 1901 se casó con Olga Knípper, actriz que había interpretado sus obras. Entre sus relatos se destacan “Campesinos”, “El pabellón Nº 6" y "La dama del perrito" (Ver recuadro). Chéjov pasó gran parte de su vida enfermo, descansando grandes temporadas en Niza ( Francia). Finalmente en 1904 se trasladó a Badenweiler, (Selva Negra), donde falleció.
Un homenaje
Neuquén > “No se movía una hoja; en los árboles cantaban las cigarras, y sólo llegaba a ellos desde abajo el cavernoso y monótono ruido de las olas hablando de paz, de ese sueño eterno que a todos nos espera (...). Sentado al lado de una mujer joven que en la luz del amanecer parecía tan encantadora, acariciada e idealizada por los mágicos alrededores -el mar, las montañas, las nubes, el cielo azul- Gurov pensó lo hermoso que es todo en el mundo cuando se refleja en nuestro espíritu: todo, menos lo que pensamos o hacemos cuando olvidamos nuestra dignidad y los altos designios de nuestra existencia”.
Extraído del cuento "La dama del perrito".
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