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La Mañana Ricardo Darín

"Hacer el bien desde un lugar privilegiado es más fácil"

Ricardo Darín. Uno de los grandes. El actor más importante del país llegará nuevamente a la gran pantalla con La cordillera, film en el que interpreta al presidente argentino.

Paula Bistagnino

Especial

Cuando en los 60, con 10 años, debutó como actor junto a sus padres en el teatro y muy poco después desembarcó en la televisión, Ricardo Alberto Darín no imaginaba ni soñaba siquiera que iba a ser “el actor” de Argentina: el que más convoca, el que más filma, el que más premios gana, el que más cotiza, el que tiene la dosis justa de carisma, popularidad y prestigio; el que cada vez que estrena una película tiene salas de prensa llenas y corresponsales de América Latina y España -que sin haberse ido a vivir nunca allá se ganó un lugar indiscutido-, donde lo reconocen en la calle desde que hizo Nueve Reinas. Y, mucho más, desde que El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella, se llevó el segundo Oscar en la historia del cine argentino.

En 2015 ganó el Premio Goya como mejor actor, en 2016 el American Flim Institute lo nombró entre los mejores actores del mundo -antes que Tom Hanks y Brad Pitt- y ahora acaba de recibir el Premio Donostia en el Festival de San Sebastián. “El rumbo que tomó mi profesión es el que quería, pero también el que se fue dando. Y lo disfruto mucho, me siento un privilegiado”, expresó en el marco de la presentación de La cordillera (dirigida por Santiago Mitre), siempre agradecido y en un tono de humildad que lleva con naturalidad. Como cuando dice que no le interesa el Oscar, que rechazó ofertas para trabajar en Hollywood y que sus decisiones sobre qué trabajo elegir o rechazar nada tienen que ver con el dinero que le ofrezcan.

El presidente Hernán Blanco que interpretás… ¿En quién te inspiraste?

Estuvimos especialmente atentos a tratar de que el personaje no tuviera anclaje en personajes fácilmente reconocibles ni que estuvieran al alcance de nuestra mano. Y hasta hubo cosas que repetimos porque vimos que podían llegar a hacer referencia directa. Lo que es absolutamente imposible es inhabilitar al espectador a que haga sus interpretaciones. Afortunadamente es una de las libertades que los espectadores tenemos.

El dilema central es entre cuidar a su hija o cuidar su poder. ¿Qué es más difícil para alguien: lo público o lo privado?

Yo creo que siempre lo más difícil es tratar de ponerse en los zapatos del otro. La fusión entre lo público y lo privado que cuenta esta película es una de las cosas que más me atrajo y lo que más me impactó cuando Santiago (Mitre) me contó esta historia. Yo creo que hay una presión mayor en el rol de presidente por la cantidad de gente a la que abarca. Pero es algo muy difícil de medirlo en términos razonables.

Lo privado parece, en el personaje, más inmanejable.

Porque cuando uno vive una minitragedia familiar con un ser tan querido como un hijo no existe comparación posible porque es algo que a uno lo desborda más. Pero creo que donde se apoya el dilema del personaje es en cómo lidiar con ambas cosas al mismo tiempo. Ahí está el eje de lo que ocurre en su cabeza. Nosotros no estamos acostumbrados a medir en términos humanos y personales las actitudes de los funcionarios. No es una obligación, pero si alguna vez tuviéramos la oportunidad de mínimamente espiar por una hendija, a lo mejor una tragedia que a alguno le toque, quizá seríamos más comprensivos. Pero bueno, lo que pasa es que los ciudadanos no tenemos acceso a eso. Igual, tampoco tenemos por qué hacerlo.

¿Y como presidente qué pensás de eso?

La patria está ante todo (se ríe).

Hay un pesimismo político en la película, ¿lo compartís?

No creo que sea así. Yo creo que es más reflexiva que pesimista. Tiene una mirada crítica del sistema político en general y creo que es muy interesante la mirada de la cocina de las cosas.

¿Cuál es tu mensaje a los políticos argentinos?

Les pediría toda la transparencia posible, un gran esfuerzo, mirar hacia adentro, buscar el gen que los llevó a hacer política, a fijarse solamente en el bien común y a ser mucho más sensibles.

¿Cómo fue filmar en la Cordillera, con nieve, con tantos actores de tantos países (los otros presidentes)?

Fue muy rico el trabajar con colegas de otros países en el día a día, porque te abre mucho la cabeza y te pone al tanto de otras idiosincrasias y eso es siempre enriquecedor. Hubo una gran comunión muy pronto entre todos. Y la sensación de que estábamos en algo lindo y grande todos juntos. Lo peor fue que estuvimos trabajando en la altura y no es chiste. Eso del soroche que dicen es cierto y hemos visto caer a algún presidente desmayado.

La película habla del bien y del mal casi como valores absolutos, ¿creés en eso?

Yo creo que hay gente que todos los días se levanta con intención de hacer el bien y otra con intención de hacer el mal. Puede que después no les salga del todo lo que se proponen.

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