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La Mañana Malvinas

Julio Aro, el ex combatiente de Malvinas postulado al Nobel de la Paz

Junto al británico Geoffrey Cardozo fundaron "No me olvides", para identificar a los soldados no reconocidos en el Cementerio de Darwin.

Entre tantos años de enfrentamientos y conflictos por la soberanía y la administración de las Islas Malvinas, se puede destacar una historia poco conocida para quienes se paran de uno u otro lado de la disputa. Quizás sin los recelos propios de quienes durante más de un siglo han incluso derramado sangre inocente, el ex combatiente argentino Julio Aro y el ex capitán del Ministerio de Defensa británico Geoffrey Cardozo, han trascendido las fronteras de los egos nacionalistas buscando recomposición y memoria para las familias de los caídos de la guerra de Malvinas.

Quizás aún quede algún despistado que no lo sepa, pero aquella guerra fue reconocida mundialmente por ser la disputa entre un país del primer mundo y otro del mundo en desarrollo, pero lo que más se recuerda es que se trató de una guerra incentivada por un gobierno dictatorial. Hay quienes sostienen que el conflicto de Malvinas fue un intento desesperado por desviar la atención de las atrocidades del gobierno militar.

Sea como sea, esta guerra duró poco más de tres meses y enfrentó a los altos cargos del ejército británico a los pibes del servicio militar argentino que apenas si sabían utilizar un fusil. Dejó un saldo de 650 soldados argentinos y 250 británicos fallecidos.

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Cuando aquel junio de 1982 Geoffrey Cardozo, un por ese entonces coronel de la armada británica, llegó a las Islas Malvinas para realizar todos los protocolos de la post guerra, dispuso la construcción del Cementerio de Darwin, donde yacieron los restos de los militares de aquella fatídica guerra. Sin embargo, al querer reconstruir la historia de aquellos muertos, Cardozo se encontró con la imposibilidad de reconocer los cuerpos de “sus chicos”, como los llamó en más de una oportunidad.

“Para mi eran mis soldados también. Luchadores valientes y héroes argentinos”, explicó en una entrevista con el ciclo Cada Noche de la Televisión Pública. “Chicos porque como oficial tenemos una responsabilidad de un padre hacia esos soldados, entonces eran chicos para mi. Además estaban huérfanos después de la guerra de Malvinas, sus padres no estaban ahí, éramos los únicos que podíamos encargarnos de ellos”, concluyó.

Sin la capacidad de hacerlo en ese momento, las tumbas de granito de 122 soldados argentinos no reconocidos en Malvinas rezaban: “Soldado argentino sólo conocido por Dios”.

Con eso se encontró el ex combatiente argentino Julio Aro cuando para el aniversario Nº26 de la guerra, el 2 de abril de 2008, regresó a las Islas. Sumergido en el whisky que le hacía olvidar los estruendos de las bombas caídas en las trincheras del pozo de zorro, donde su Comando participó de la guerra, regresó con la intención de poder despedir a sus compañeros. “El 2 de abril de 2008 viajo a Malvinas a buscar a ese Julio que había dejado. Como no lo encontré y tampoco a mis compañeros, nos propusimos armar un proyecto para encontrarlos después de la guerra”, aseguró en el mismo programa de televisión.

Sin saber lo que le deparaba, pero con la esperanza de poder hacer algo por sus compañeros, organizó la fundación “No me olvides”, con el objetivo de poder devolver la memoria a los 122 soldados caídos en Malvinas. Ese mismo año, el 17 de octubre, Julio Aro viajó a Reino Unido tras ser invitado por el ex combatiente británico Tony Davies.

Con su llegada a Inglaterra, todo cambiaría cuando conoció de forma aleatoria a Geoffrey Cardozo, con quien nunca imaginó terminar siendo un socio en la recomposición de la memoria de cientos de familias argentinas. Cardozo fue el traductor de Julio Aro durante su estadía allí, donde pudieron dialogar y conocer sus distintos trabajos. Hasta ese momento, el argentino no sabía que el inglés había liderado la construcción del Cementerio de Darwin.

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Fue ese último día de su estadía en Reino Unido, cuando después de una tarde de cervezas, el inglés les brindó información confidencial sobre la creación del cementerio que sirvió de base estructural del proyecto. “Nos entregó un informe en un sobre de madera con el lugar puntual donde estaban los compañeros, con fotos y coordenadas”, explicó Julio Aro.

Allí comenzó una ardua tarea de ponerse en contacto con familiares de los fallecidos, para que el cuerpo de Antropología Forense argentino pudiera recabar muestras de ADN de vivos y muertos con el fin de establecer comparaciones y puntos de unión. El primer caso fue el de Elma Pelozo, quien con una gota de sangre pudo identificar el cuerpo de su hijo, el ex combatiente Gabino Ruíz Díaz. Ya para el año 2015 contaban con más de 50 muestras de sangre de familiares y con el apoyo del Gobierno Argentino, la Cruz Roja Internacional, el Vaticano y el Papa Francisco -quien recibió a Julio Aro- y hasta el mismísimo Roger Waters

El primer giro de importancia fue para 2016, cuando en noviembre la canciller Susana Malcorra anunció que Argentina, Reino Unido y la Cruz Roja ya estaban en conversaciones para la identificación de los cuerpos. Pero no fue hasta el 20 de junio de 2017 que Julio Aro pudo sonreír, cuando un grupo de expertos del Equipo Argentino de Antropología Forense comenzó la exhumación de los cuerpos en el cementerio de Darwin.

Meses después, para diciembre, en la sede de las Naciones Unidas en Ginebra, Argentina recibió los primeros 88 nombres identificados. Hasta el día de hoy son 115 los cuerpos que recuperaron su identidad; el último, el subteniente Juan Domingo Baldini en noviembre pasado. “No hay que dejar a nadie en el campo de batalla. Todos fuimos con nombre y apellido”, explicó Julio Aro.

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Hoy, tras casi trece años desde el comienzo del sueño, solo restan identificar siete cuerpos. Con las familias pendientes de sus hijos a quienes nunca pudieron despedir, Geoffrey Cardozo y Julio Aro enaltecen la frente con la intención de que los más jóvenes nunca se olviden de la memoria de los caídos. Por eso, distintos organismos de Derechos Humanos postularon a los dos hombres y a su proyecto al Premio Nobel de la Paz 2021.

“Estamos muy contentos más allá de la postulación. El premio más lindo es haber acompañado a estas mamás y estas familias donde por primera vez pudieron llegar a la cruz de su hijo y llorar con él. Cuando estoy abrazando a una madre que tiene lágrimas en sus ojos hay un alivio profundamente dentro de ella y claro, dentro de mí”, explicó Geoffrey Cardozo.

“Malvinas es mi vida. Vivo por Malvinas. Es un antes y un después en mi vida. Es una mochila muy pesada. Teníamos 122 placas de granito en la espalda y hoy está mucho más liviana”, concluyó el ex combatiente de la guerra de Malvinas, Julio Aro.

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