Por PABLO MONTANARO - [email protected]
"Recibimos mucho agradecimiento por parte de los pasajeros, fue muy gratificante, una situación especial, única". Así definió la neuquina Salomé Ruppel la experiencia vivida el martes 14, cuando integró la tripulación que subió al Airbus 320 de la aerolínea JetSmart en el aeropuerto de Ezeiza para repatriar por primera vez a 180 peruanos que en medio de la pandemia de COVID-19 habían quedado varados en la Argentina y a una misma cantidad de argentinos que esperaban en Perú volver a sus casas tras varias semanas de incertidumbre.
Esta joven de 23 años no dudó cuando fue consultada por las autoridades de la empresa si estaba dispuesta a aportar su experiencia de servicio como tripulante de cabina de pasajeros frente a la pandemia de coronavirus.
La tripulación estuvo compuesta por tres pilotos de cabina (dos comandantes y un primer oficial) y seis tripulantes de cabina de pasajeros. Los pilotos y tripulantes de estos vuelos humanitarios son voluntarios.
"No sabíamos con qué clase de pasajeros nos íbamos a encontrar, no sabíamos el trasfondo de la situación de cada uno, desde cuándo estaban esperando ser trasladados, ni sus condiciones de salud", contó a LM Neuquén la joven, que en 2017 realizó el curso en la Escuela Profesional Aeronavegantes y desde hace un año trabaja en JetSmart. Con la angustia que presentan estos pasajeros, poder hacer algo por ellos a los pilotos y tripulantes les genera mucha satisfacción.
A pesar de la capacitación que reciben y todos los recaudos en prevención, las y los tripulantes de cabina están expuestos al contagio. Al uniforme que utilizan habitualmente para esta ocasión le agregaron guantes y barbijos. "Durante todo el vuelo estuvimos con guantes y barbijo, teníamos termómetro digital en caso de tener algún síntoma y bastante alcohol en gel", precisó. Además de llevar tranquilidad al pasajero, pedían que todos colaboren manteniendo el mayor distanciamiento social posible.
Confesó que eligió este trabajo porque "una piensa que va a servir a pasajeros que viajan por placer, por trabajo, por cuestiones personales o de salud; pero en este caso estábamos con cientos de pasajeros que habían estado a la deriva y que solo querían volver a su país, a su casa. Tuvimos la oportunidad de ofrecerle al pasajero otro tipo de servicio en una situación difícil y que no se da todos los días". Y agregó: "Estamos preparados para la emergencia, somos bomberos, médicos, psicólogos, consejeros, pasás por muchos estadíos y eso da mucha seguridad". Recordó que los pasajeros argentinos se emocionaron "cuando subieron al avión y los recibimos con la bandera".
Comentó que se ilusionó con la profesión cuando de chica viajaba a distintas provincias con el CEF 1 para participar de competencias de gimnasia artística y patín. "Veía a las tripulantes hacer su trabajo con tanto amor que eso despertó mi interés", concluyó.
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