La gobernadora, ante su primera prueba de fuego

Buenos Aires.- La fuga protagonizada por los hermanos Lanatta y Víctor Schillaci hizo chocar de frente a la gobernadora María Eugenia Vidal con la cruda realidad bonaerense, pero también puso bajo la lupa sus primeros pasos al frente de la provincia más grande del país.

La gobernadora de Cambiemos sabía de antemano que el desafío no era sencillo, pero rápidamente tuvo que empezar a lidiar con un territorio plagado de fangales políticos y urgencias económicas.
"Pelear contra las mafias no es gratis", advirtió Vidal al dar una conferencia de prensa este lunes. Su vocación es saludable, sus herramientas y colaboradores todavía están en fase de prueba.

El jefe de Gabinete, Marcos Peña, salió ayer a manifestar el apoyo de la Casa Rosada a la gobernadora bonaerense.

En ese contexto, hubo cuestionamientos sobre sus primeras medidas en torno a la política penitenciaria, incluso antes de que los Lanatta y Schillaci salieran con absoluta simpleza de un penal de máxima seguridad de la provincia.

Organismos de derechos humanos habían advertido al jefe de la cartera de Justicia, Alberto Mahiques, sobre los inconvenientes de la continuidad de César Albarracín en la Subsecretaría de Política Penitenciaria, luego de que ambos funcionarios compartieron un acto público, el egreso de cadetes del servicio.

También hubo críticas a la continuidad en transición de la cúpula del SPB, incluida su jefa, Florencia Piermarini, sobre todo luego de que Vidal enviara un proyecto a la Legislatura para declarar la emergencia de un sistema cruzado por la corrupción y los excesos de un sector de sus integrantes.

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