Este sábado soleado, los rostros de los vecinos de Sapere reflejaban tristeza y desconsuelo por la tragedia que el viernes por la noche sufrió una conocida familia del barrio. Un incendio que se inició a las 22 arrasó con la humilde vivienda de la familia Riquelme en la calle Bariloche al 2300. Los integrantes de la familia no se encontraban en el lugar en el momento en que comenzó el fuego porque habían concurrido a la iglesia. Los vecinos, que salieron de sus casas con baldes para sofocar las llamas, fueron quienes les avisaron lo que estaba ocurriendo. Cuando los integrantes de la familia llegaron al lugar no podían creerlo. El incendio los dejó en la calle.
Era lógico que la solidaridad se desplegara ante lo ocurrido porque saben del esfuerzo y las ganas de salir adelante que tienen los Riquelme, me contaba uno de los vecinos del barrio, que pasaba frente a lo que era la vivienda de la calle Bariloche.
Hace unos años atrás, como un vecino más del barrio, fueron varias las tardes en que veía a los integrantes de esta familia numerosa (el matrimonio tiene tres hijos varones y siete mujeres) empujando un carro o llevándolo atado de una bicicleta por las calles de la ciudad juntando cartones, papeles, botellas de plástico y cualquier otro material que pudieran aprovechar. También era testigo cuando, ya de noche, volvían haciendo un mayor esfuerzo porque la carga era pesada y generosa pero a pesar de ellos los veía charlando y riéndose por la calle Alderete.
Allí estaban Andrea y Silvia, las hijas más grande de Celina Rivera y Juan Riquelme, sabiendo que habían cumplido una vez más con su digna tarea, ya que lo recolectado ayudaría a la economía familiar. Al lado de ellas, sus otros hermanos, entre ellos Juan, Gianella, que se habían sumado a la tarea de ponerle fuerza para hacer andar el carro y buscar los ansiados “tesoros” que los vecinos dejaban en las veredas, en los cestos de residuos, containers o volquetes.
Más de una vez tocaron el timbre de mi casa consultando de manera respetuoso si tenía algo que ya no usara y que a ellos les podría servir. Mientras buscaba algo conversé con ellos y supe parte de su historia, y para seguir sabiendo algo más les propuse hacerles una nota para el diario.
"Andar por la calle juntando cartones no es ninguna deshonra", decía Silvia, quien a los 6 años empezó a juntar cartones de la mano de sus padres.
Conocí la casa de la calle Bariloche, me mostraron las habitaciones donde acumulaban todo lo que juntaban a diario. Celina me contó que vivían allí desde los años '90 y que en la crisis de 2001 con su marido salieron a cartonear.
Con las changas, la pensión por ser madre de siete hijos y lo recaudado por la venta de cartones y papeles, entre otros materiales, afrontaban el día a día. Pero había otra condición que los destacaba: todos sus hijos tenían la incentivación para estudiar. En ese momento, año 2015, los hijos de Celina y Juan cursaban la primaria, la secundaria y otros hacían alguna carrera terciaria o realizaban algún curso de capacitación en oficios.
"Salir a la calle y juntar cartones nos ayudó a no depender de otros. Con esto aprendemos a ser alguien en la vida", me dijo Silvia, una de las hijas del matrimonio. Explicaban que les gustaba salir a buscar cartones y papeles porque a veces encontraban cosas que podían utilizar en la casa, y también se alegraban cuando la gente les regalaba ropa.
Andrea, que es bombera, en aquel entonces tenía como objetivo ingresar a la policía y había estudiado criminalística. Natalí también empujaba el carro además de estudiar fotografía, había hecho un curso de corte y confección, de gasista y su sueño era confeccionar ropa. "Nos gustaría en algún momento tener un sueldo fijo así mi papá deja de trabajar. Ya nos pagó muchos estudios y creo que nunca le vamos a poder devolver todo lo que nos dio", explicaba con emoción.
"Andar por la calle juntando cartones no es ninguna deshonra", me confesó Silvia, quien a los 6 años empezó a juntar cartones de la mano de sus padres. "Traemos los cartones y papeles a casa; también juntamos cobre y aluminio, los clasificamos y semanalmente los vendemos. Pero para hacer buen dinero hay que juntar mucho”, describía.
El viernes cuando el subcomisario jefe a cargo de la División Central de Bomberos, José Rivas, llegó al lugar del siniestro se sorprendió de la cantidad de materiales acumulados que había dentro de la vivienda compuesta de ocho dormitorios, dos baños, una cocina y una sala de estar.
"Quizás todo el esfuerzo que ahora estamos haciendo caminando con calor o con frío en el futuro nos servirá", dice Silvia. Su voz denotaba valentía y causaba admiración.
Durante esa entrevista pude ver los ojos de Celina que se iluminaban cuando hablaba de sus hijos, del esfuerzo que hacen. Pero sobre todo cuando los fines de semana, a pesar de estar rodeada de muebles, ropas y materiales que juntaban en la calle, se reunían todos y sentía lo que era la felicidad.
Desde el viernes los Riquelme pasan la noche en la iglesia que los cobija ante esta tragedia. “Se quemó todo", dice Andrea, pero sabe que cuenta con la solidaridad de los vecinos y el amor familiar para sobrellevar esta difícil situación.
El Club Sapere inició una campaña solidaria para ayudar a la familia, quienes deseen colaborar pueden donar ropa, frazadas, calzados, alimentos, colchones y cualquier otro material. Para ello deberán contactarse al 2996300740.
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