Era gol en todos lados. En la cancha, en la tele. Andrada ya estaba vencido, la pelota lo había superado. Pica y entra en condiciones normales. Pero, creer o reventar, hizo un pique insólito y salió. Nadie lo podía creer. Ni los de River ni los de Boca.
Fue, sin dudas, la jugada del superclásico, de un vibrante Boca-River. Que tuvo a un equipo visitante que dominó en la primera media hora, que luego se puso abajo y que después tuvo de todo. Rojas, Boca a punto de ponerse 2-0 (tapadón de Armani), el Millo igualando en el momento menos esperado con Palavecino, la expulsión de Zambrano, luego la de Casco y una jugada tremenda a los 44' del ST.
Los recién ingresados Federico Girotti y Bruno Zuculini estuvieron a punto de darle la victoria a River. El juvenil delantero desbordó a Marcos Rojo como extremo derecho y envió un buscapié rasante que se desvió en la cabeza de Carlos Izquierdoz. Y ahí arrancó el suspenso...
El reloj marcaba 43 minutos del complemento cuando el balón tomó un efecto rarísimo que complicó a Esteban Andrada. El arquero le erró al manotazo y el esférico se dirigió hacia la valla local, que había quedado completamente desguarnecida. La comba en el pique le dio algo de tiempo al guardameta (milésimas de segundo) y terminó rozando el poste. Zuculini fue al encuentro y llegó a conectar, pero la pelota dio en el palo y fue despejada por Andrada.
Las repeticiones mostraron a Izquierdoz con las manos en la cabeza viendo cómo estaba a punto de caer su valla a la vez que Juan Román Riquelme, vicepresidente segundo de Boca que presenció el encuentro desde uno de los palcos junto a amigos y compañeros se tapó el rostro con las manos, estupefacto por la maniobra que casi deja con las manos vacías al conjunto dirigido por Miguel Ángel Russo.
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