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La obra de un cura le da un empuje al turismo religioso

Proyectan crear un "lugar de encuentro" en Caviahue. Será en homenaje al padre Francisco Calendino.

Un simple proyecto para la construcción de un espacio de encuentro para la reflexión y la historia pretende convertir a la localidad de Caviahue en una parada más de la ruta del turismo religioso, que se hace cada más fuerte en la provincia de Neuquén.

La iniciativa la impulsa Rubén Echeverry, propietario de un hotel en esa ciudad y ferviente admirador del cura Francisco Calendino, un hombre que fue clave para el desarrollo de las comunidades mapuches de esa zona durante gran parte de su vida.

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Los objetivos del proyecto, según explicó Echeverry, son conmemorar la obra del padre Francisco Calendino, recordarlo, destacar su obra y su legado, y diversificar la oferta turística a través de una iniciativa privada de turismo religioso.

La historia de Calendino tiene la impronta del renunciamiento de quienes se alejaron de las comodidades para servir y ayudar a los más necesitados. La obra de este misionero salesiano nacido en General Roca tiene similitudes a la de Jaime de Nevares por su compromiso con los paisanos más pobres.

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Echeverry lo conoció cuando él estudiaba en el colegio Don Bosco de la ciudad de Neuquén. Durante un viaje de estudios con sus compañeros, se enteró de la obra que venía llevando Caledino con varias comunidades mapuches que vivían en inmediaciones de Cavuahue. Ese primer encuentro fue el disparador de una serie de acciones del colegio para colaborar con la causa del salesiano que se mantienen en la actualidad, cuando ya pasaron más de 40 años de aquella primera visita.

"Fue algo que nos marcó a los jóvenes del Don Bosco. A fines de 1981 construimos la capilla de la comunidad de Pichaihue como viaje de egresados 1981. También construimos, con el padre Antonio Sánchez y el grupo de la misión del CamReVoc del colegio, el puente colgante para poder conectar ambas márgenes del río Colipilli y que los niños pudieran ir a la escuela en invierno cuando las aguas crecían", recordó.

Lugar de encuentro

El objetivo que impulsa Echeverry es construir un paseo y un hogar de encuentro donde compartir la experiencia de un santo; una reunión con múltiples facetas, pasadas y presentes. Busca que en el lugar además se levanten dos estatuas religiosas que sirvan para darle clima y embellecer ese espacio. Tres lotes que hay al lado del hotel podrían ser el lugar para levantar el santuario.

"Ya hablé con el arquitecto Alejandro Santana (autor de las esculturas del Vía Cristi de Junín de los Andes) y se interesó en la propuesta. Nos falta el financiamiento de esas obras y de la construcción del lugar", indicó a LMNeuquén.

Dijo que también se reunió con el subsecretario de Turismo, Germán Baker, quien mostró interés en apoyar la iniciativa, y que solo es cuestión de tiempo para que se pueda desarrollar todo el proyecto. "La provincia quiere hacer la ruta del turismo religioso y Caviahue podría integrarse", indicó.

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Ayudar a los pobres

Echeverry dijo que la obra de Calendino fue inmensa. Viendo las necesidades que sufrían las comunidades, promovió la organización para la comercialización y consumo de sus productos, a través de una red de "cooperativas mapuches neuquinas", que fueron un bastión de la zona. Consiguió la ayuda de una Fundación Interamericana que daba dinero con tal de que en la obra que se emprendiera fueran protagonistas los beneficiarios.

Y así fue, trabajó todo el mundo. Cada cooperativa tuvo su galpón de depósito y venta de pelo de chivo y lana, de alimentos no perecederos de almacén y de recepción de artesanías manuales indígenas, que la cooperativa compraba o canjeaba.

Era todo un adelanto económico para la zona. Algunas cooperativas tenían su propio tractor para los sembrados y lo prestaban solidariamente. Ocho llegaron a tener su radio teléfono, con lo que se intercomunicaban esas comunidades y se pasaban todos los datos y precios.

"La vida de Calendino es apasionante. Creo que la Iglesia debería convertirlo en santo por todas las cosas que hizo por los pobres", opinó Echeverry.

Francisco Calendino falleció en Bahía Blanca el 13 de mayo del 2003 a los 79 años y, a petición de la comunidad Huayquillán, recibió sepultura en el cementerio mapuche de Colipilli, entre El Huecú y Chos Malal, como uno de ellos, el 21 de junio.

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