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450 son las chicas que juegan en los 30 equipos de la liga Fem de fútbol femenino.
A los 20 años, Antonela o Pepa, como la llaman sus compañeras, es una de las goleadoras de Las Bandurrias, con 15 tantos en 12 partidos. Y se ríe cuando confiesa que tiene amigos varones que la invitan a jugar algún picadito.
Matías cuenta que la escuela surgió hace tres años por iniciativa de una chica llamada Lorena, quien un día le preguntó si entrenaba mujeres. "Decidimos arrancar con la escuelita a partir de los 16 años y luego con formativas, desde los 10. Actualmente tenemos 45 chicas en formativas y unas 35 que van desde los 16 a los 35, que juegan la liga", describe.
La mayoría de las jugadoras trabajan o estudian durante el día y entrenan por la noche. Ese el caso de Florencia, de 27 años, quien trabaja en el Mercado Concentrador en Parque Industrial. Asegura que más que mirar fútbol por la tele prefiere jugar a la PlayStation. "Me gusta jugar de delantera. El fútbol femenino creció mucho; cuando empecé hace tres años éramos bastantes chicas, pero ahora se puso de moda y cada vez son más las que quieren practicarlo", cuenta.
Julieta le dejó la custodia del arco de Doping Positivo a Gisela, ya que en unos días se casa y no quiere arriesgarse a ninguna lesión. Tiene 25 años y hace tres se enganchó en la escuelita por su amor al fútbol. Dice que muchas veces se ha replanteado jugar al arco, aunque aclara que le gusta "defender la casa".
"Qué mala que soy", grita Macarena tras rematar débil frente al arco. "Hacé un pase, gordi", le reclama Paula a una compañera, mientras Brenda rechaza la pelota en la puerta del área. Son las 9 y media de la noche, el profe termina el entrenamiento y les pide a las chicas que antes de hacer el "tercer tiempo" en el bar elonguen.
Frente al complejo de canchas donde entrenaron Las Bandurrias hay otro en el que un grupo de chicas de entre 20 y 30 años -del equipo Escorpionas FC- practican remates al arco y pases a un toque bajo la mirada del director técnico Marcos Vivanco, quien resalta que el auge del fútbol femenino que se vive en la ciudad "vino acompañado del tema del césped sintético, ya que antes las mujeres no se animaban a jugar y ahora han encontrado la oportunidad de formarse en este deporte".
"En nosotras, el fútbol pasó a ser un poco más que un hobby, te vas entusiasmando y querés mejorar", comenta Luisina Latanzi, la defensora "rústica", según ella, y capitana de Escorpionas FC.
Hace cuatro años que Luly -así la llaman dentro de la cancha- se enganchó a jugar al fútbol a raíz de una invitación de una amiga. "Mi grupo de amigas no jugaba y ahora somos cuatro las que jugamos al fútbol", dice esta joven de 25 años, hincha de River y profesora de piano.
Comenta que al principio los hombres las miraban de afuera y se tenían que bancar las cargadas, pero enseguida afirma que ahora están acostumbrados a verlas y que muchos de ellos las miran con asombro cuando entrenan.
La clásica expresión "me voy a jugar al fútbol" ya no se escucha sólo en un diálogo entre hombres, también las chicas decidieron gambetear los prejuicios, invadir las canchas de fútbol 5 que se despliegan en la capital neuquina, correr detrás de una pelota y festejar un gol sin perder su femineidad.
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