Las historias detrás de los campeones

Los logros también nacen de la adversidad, las humillaciones y la bronca. Héroes de los Epade cuentan las suyas en su visita a LMN.

POR RICARDO GALASSO / galassor@lmneuquen.com.ar

La voz se le quiebra de la emoción a Jazmín Eraso. Y no es sólo por el título que acaba de conseguir el básquet femenino en los 13° Juegos Epade, un motivo suficiente para llorar de alegría. Sino también porque apenas concluyó el partido que consagró al seleccionado verde como nuevo campeón de la competencia patagónica, le dieron la feliz noticia de que su mamá, Amancay, que está recuperándose de un cáncer, mañana llegará a Neuquén desde Buenos Aires, donde pasó los últimos meses en sesiones de quimioterapia. Ambas portan el nombre de una flor y, como dice la leyenda quechua, “quien regala un brote de amancay entrega su corazón”. Tal vez ese latido sintió Jazmín para absorber el dolor junto a su padre Sergio y su pequeño hermano Bautista. Para no abandonar el equipo, seguir entrenando y cumplir el sueño.

No menos heroica fue la lucha del judoca Joaquín Troncoso, aunque en su caso no fue el dolor emocional el que lo empujó a seguir peleando, sino una dolencia física. Pese a sufrir un accidente de moto en el que se vio afectado, decidió competir e incluso se quedó con una presea, aunque su entrega mereció la medalla del valor desde antes de subir al tatami.

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Días antes de llevarse el bronce, Joaquín Troncoso tuvo un accidente de motos. Igual peleó como un gladiador.
Días antes de llevarse el bronce, Joaquín Troncoso tuvo un accidente de motos. Igual peleó como un gladiador.

De estas historias también están hechos los flamantes campeones neuquinos. Algunos de ellos visitaron la redacción de LM Neuquén para contar sus logros deportivos y también sus pesares, que supieron sobrellevar con dignidad.

“Mi mamá empezó a tener problemas después de que nació mi hermanito. Tuvieron que sacarle el útero. Una biopsia que le hicieron detectó un canceroma. Estuvimos mal porque la operaron tres veces y no entendíamos cómo los doctores no se habían dado cuenta antes. En febrero tuvo que viajar a Buenos Aires para hacerse quimio, rayos y braquiterapia. Pensé que iba a estar unos dos meses más, pero cuando me dijeron después del partido que volvía mañana, me emocioné mucho”, contó la jugadora de El Biguá.

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La dedicatoria de Jazmín Eraso para su mamá, que superó un difícil momento.
La dedicatoria de Jazmín Eraso para su mamá, que superó un difícil momento.

Joaquín Troncoso también luchó como un gladiador. Días antes de la competencia fue atropellado por dos motos y, pese a los golpes, un esguince y siete puntos en la cabeza, nunca dudó en participar. Peleó con increíble garra y se llevó la medalla de bronce en 50 kilos.

“Mis primeras palabras cuando desperté fueron ‘no quiero faltar a los Epade’”, contó. “Siempre quiero representar a mi provincia con todo mi corazón”, dijo Joaquín, campeón el año pasado en los Juegos Evita, y también del coraje, después de semejante hazaña.

“Del accidente, lo único que recuerdo es que se me vinieron dos motos. Fue como que tuvieron la intención de chocarme y no sé por qué. Cuando me desperté, no entendía lo que pasaba. Estaba tirado en el piso, todo ensangrentado. Había un policía que me estaba sosteniendo. Y no sabía lo que me estaba pasando. Cuando me dieron vuelta, vi que estaba la moto tirada y una ambulancia”, recordó.

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Días antes de llevarse el bronce, Joaquín Troncoso tuvo un accidente de motos. Igual peleó como un gladiador.
Días antes de llevarse el bronce, Joaquín Troncoso tuvo un accidente de motos. Igual peleó como un gladiador.

Un grupo de kinesiólogos a cargo de Nicolás Esmoldi y un equipo de médicos del SIEN (a quienes agradeció) le hicieron los vendajes y masajes, respetando el alta médica que tenía para competir. Y lo hizo padeciendo un esguince casi fractura (pierna izquierda), siete puntos en la cabeza (algunos de los cuales perdió en combate) y un par de raspones en la cara y en el codo.

Claro que los dolores empezaron a aparecer. “En las primeras luchas me mataron a patadas, pero continué pese a todo porque el judo es mi vida”, contó orgulloso.

Sebastián Rearte, entrenador del equipo de natación que logró el primer puesto de la disciplina (primero en varones y segundo en mujeres), también en su momento vivió una situación similar. Su pequeña hija victoria, que nació con síndrome de Down y una cardiopatía congénita, murió. La operaron tres veces y la tercera no pasó el posoperatorio.

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“Nos tocó estar de ese lado y con Luciana sentirnos apoyados sobre todo con los chicos, porque uno vive eso. Está mucho tiempo con ellos y habla su mismo idioma. En ese momento los Agustín (se refriere a Hernández y Garcés) iban como candidatos firmes a ganar un Sudamericano en Perú, algo para lo que habíamos estado trabajando nueve años. Yo estaba justo en la selección y era el momento de disfrutar juntos el título que finalmente lograron, pero me pareció más importante estar con Victoria a pesar del desenlace, que no fue favorable. Después nos pudimos encontrar y, dentro de la tristeza que había en el equipo, celebrar. Uno maneja ese dolor con resignación y alimentándose justamente de eso”, afirmó el coach.

También desde las humillaciones se sacan fuerzas para ganar, como le pasó a la judoca Sofía Aquino, campeona en hasta 52 kilos. “La verdad, entrené para ganarle solamente a una chica de Río Negro (Ludmila Pisciotto). No le había podido ganar en un torneo anterior y en este me careteó diciéndome ‘ya gané la medalla’. No le dije nada. Yo, calladita, esperé. Pero al final no dio el peso y no le pude pelear. Me quedó la bronca. Y con el oro”, dijo jocosa.

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Jazmín Eraso y los hermanos Giovanna y Giancula Frattoni, campeones en básquet.
Jazmín Eraso y los hermanos Giovanna y Giancula Frattoni, campeones en básquet.

La bronca también es un combustible para rearmarse. “Estuve en los Epade el año pasado y no nos fue bien, terminamos últimas”, dijo Giovanna Frattoni, que festejó el título con el seleccionado de básquet femenino. “No teníamos pensado que nos iba a ir tan bien, pero era uno de los objetivos y lo pudimos lograr”, dijo la jugadora de Centro Español, quien festejó por partida doble porque su hermano Gianluca también salió campeón con el seleccionado masculino: “Fue emocionante y compartirlo con mi hermano, más aún”, recalcó. “Yo también estoy re emocionado. Antes hacía fútbol, rugby y judo, pero me incliné por el básquet por insistencia de mi papá (Claudio) y lo disfruto mucho”, aseguró Gianluca.

Todos desde la adversidad cumplieron su sueño porque, como dice la leyenda en la camiseta que le entregaron a Jazmín tras la consagración, “la única lucha que se pierde es la que se abandona”.

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