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La Mañana Las Leonas

Las Leonas, a dos pasos de la gloria: ¿Cuándo y por qué surgió el emblemático apodo?

Vencieron a Alemania por los cuartos de final de Tokio 2020 y van por todo. Un repaso por la historia de un equipo que enorgullece al país.

Fue en Sydney 2000 y quedó para siempre. Una marca registrada, un símbolo que representa garra, coraje y solidaridad, valores que aquel grupo de jugadoras defendió en la cancha y a través de ellos dejó el camino marcado para las que vinieron después. Porque hoy hablar de Las Leonas es saber con total naturalidad que se habla del seleccionado argentino femenino de hockey sobre césped, que este domingo en Tokio venció por los cuartos de final a Alemania, por un apabullante 3-0, y disputará una nueva semifinal olímpica que le da la chance de volver a luchar por una medalla.

Pero hace 21 años, cinco Juegos Olímpicos atrás, las circunstancias y las necesidades jugaron su parte y dieron rienda a un hito en el deporte olímpico nacional: con la leoncita en el pecho, la selección de mujeres llegó por primera vez en su historia a una final olímpica y más, porque repitió podio en los siguientes tres Juegos. Sólo en el último, Río 2016, quedó lejos de las medallas. Pero ahora en Japón vuelve a estar cerca, ilusionándose con la única que hasta ahora no pudo ganar, la de oro.

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La historia de Las Leonas se hizo conocida en Sydney, en la fase final de aquellos primeros Juegos Olímpicos del nuevo siglo, aunque la precuela fue unos meses antes, cuando la psicóloga del equipo tuvo una idea que transformó en una sugerencia que las chicas tomaron: sería importante para ellas ponerse un nombre que las identificara como grupo, que fuera más allá del simple “seleccionado argentino femenino de hockey”.

La licenciada Nelly Giscafré les planteaba la necesidad de un objetivo en común además del deportivo. Algo que las uniera en la adversidad, un alter ego (como Peter Parker a Spiderman o Clark Kent a Superman) pero grupal, un disfraz en donde cada una de las jugadoras pudiera meterse para dejar de ser individuos y pasar a ser un conjunto.

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Luego de charlarlo con quien entonces era el entrenador, Sergio Cachito Vigil, y el resto de su cuerpo técnico, Giscafré lo conversó con la capitana del equipo, Karina Masotta. Tras su aprobación, lo supo el resto del plantel. Las jugadoras se reunieron y empezaron a anotar en papeles diferentes tipos de animales que pudiesen representarlas. Incluso, algunas se permitieron bromear y elegir animales que resultaban ridículos. Pero todo formaba parte de un aprendizaje y de un círculo psicológico que involucraba, en la mayoría del plantel, a chicas muy jovencitas.

El animal elegido fue el león que, por obvias razones de género, mutó a leona. Y el hecho de ser grupal le dio el nombre definitivo: Las Leonas. Una de las jugadoras, la actual secretaria de Deportes de la Nación, Inés Arrondo, aprovechó sus habilidades para el dibujo y diseñó la imagen de la leona que se convertiría en el logo oficial. Lo curioso fue que en esa misma reunión en la que eligieron el nombre, las mismas jugadoras decidieron que no lo utilizarían de inmediato. “Solo cuando haya alguna razón especial”, se pusieron de acuerdo. Y esa razón llegaría en los mismísimos Juegos Olímpicos de Sydney aunque antes, como si el destino estuviese escrito para ellas, el cuerpo técnico se quedó con el dibujo de Arrondo y mandó a hacer un juego de camisetas en las que, además del escudo de la Confederación Argentina de Hockey, estaba estampada la leona. Y le entregaron esas camisetas a las jugadoras en la gira previa a los Juegos, en Nueva Zelanda. “Les queríamos hacer este regalo. Úsenlas cuando tengan ganas o cuando lo crean necesario”, les dijo el preparador físico Luis Bruno Barrionuevo, artífice de la gran condición atlética y motivacional de las jugadoras.

-> Un arranque irregular y una confusión decisiva

Aquel plantel tenía algunas jugadoras de experiencia, aunque la mayoría eran chicas, con algunas figuras extraordinarias. Una de ellas, quien ya se perfilaba como la mejor jugadora de la historia, era Luciana Aymar, que tenía 23 años y ya estaba asumiendo su rol de líder dentro del campo, aunque no tanto fuera de él, donde todavía la vencía una fuerte timidez. Pero claramente ya era determinante con su talento tanto para desequilibrar desde lo individual como para hacer jugar a sus compañeras. Sin embargo, habitualmente tenía que escuchar a Vigil llenándola de críticas. Según el director técnico, lo hacía “para que Lucha creciera, su juego no tenía techo y no debía conformarse simplemente con ser la mejor. Era mucho más que eso”.

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Pero a la rosarina la insistencia del entrenador en las críticas le pesaba y en Sydney, luego de un debut con triunfo ante Corea, en el cual el equipo no rindió de la mejor manera y Lucha se fue muy fastidiosa por la marca de las asiáticas, terminó llorando tras la primera práctica post partido. Cachito Vigil marcó errores en general aunque puso especial énfasis, y delante de todo el grupo, en Luciana Aymar: “¿Y vos? ¿Pensás que te respetan las rivales? No, no te respetan nada. Si no, en vez de doble marca, te pondrían tres o cuatro. Eso es lo que se hace con las jugadoras rivales a las que se respeta”. Lucha tragó saliva y todo el equipo también. Llegó otra victoria (ante Gran Bretaña) y una derrota contra el mejor seleccionado del mundo de ese momento, Australia. Y en el último partido del grupo, Argentina cayó frente a España. A pesar de que en su grupo finalizó segunda (se clasificaban las primeras tres selecciones de cada una de las dos zonas), un error de interpretación del reglamento derrumbó anímicamente a las chicas pero, sin querer, dio pie al inicio de la leyenda Leonas.

¿Qué pasó? De los seis equipos que disputarían la fase final, los primeros dos con más puntos jugaban por el oro, el tercero y cuarto por el bronce y los últimos ganaban un diploma. Pero lo que hizo complejo el formato de definición, fue que los tres equipos clasificados de una zona no se enfrentarían entre sí en la fase final, sino que a esa tabla de posiciones definitoria arrastrarían los puntos que habían obtenido jugando entre ellos en la primera fase. Así, solo enfrentarían a los tres equipos del otro grupo. Entonces, como Argentina ya había jugado y perdido contra Australia y España, le restaba enfrentar a Holanda, China y Nueva Zelanda. Y arrancaba la definición con cero puntos. La delegación nacional no lo había entendido así el reglamento y se sintió virtualmente eliminada de los Juegos antes de entrar a la cancha, porque para llegar a competir por un lugar en el podio, debía ganar los tres partidos. Lo tenía casi imposible.

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Las jugadoras lloraban de impotencia y el cuerpo técnico también estaba afectado. Vigil le pidió al profe Barrionuevo que se encargara de levantar el ánimo de las jugadoras porque no había tiempo para más lamentos y el experimentado preparador físico, que además había sido atleta olímpico en Munich 72, reunió al plantel y le contó una historia motivacional que denominó “La Casa de los Sueños Realizados”, en la que un grupo pasaba de habitación en habitación, sorteando obstáculos y enfrentándose a las debilidades humanas. Y éstas solo se superaban con espíritu, corazón y valores, contrastando la petulancia con la humildad y la envidia con la admiración. Así, con garra, convicción y entrenamiento, el grupo pasaba de cuarto en cuarto hasta llegar al último, que representaba la soñada final de los Juegos Olímpicos.

Mientras varias chicas lloraban por la emoción, la capitana Karina Masotta se levantó e hizo al anuncio histórico: “Vamos a usar la camiseta que nos regalaron, con la leona estampada en el pecho”, dijo, sin dudar ni consultar. Todas aprobaron. Y el equipo desde ahí fue una furia de juego y triunfos: sobre Holanda primero, China después y finalmente Nueva Zelanda, con un 7-1 que les aseguró la final olímpica e hizo que algunas jugadoras terminaran llorando de la emoción por el logro conseguido mientras todavía se jugaba el partido.

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Ya eran Las Leonas y aunque en la final perdieron, al igual que en la primera fase, contra las australianas, las cartas estaban jugadas y eran definitivas. No habría vuelta atrás. La selección argentina femenina de hockey sobre césped desde Sydney 2000 y para siempre pasaron a ser Las Leonas, una identificación tan fuerte que llevó a que los jugadores del equipo nacional masculino tomaran al mismo animal como referencia y se bautizaran Los Leones. Ellos consiguieron el oro en Río 2016 y ellas, del 2000 para acá, acumulan dos de bronce y dos de plata. Pero como en “La Casa de los Sueños Realizados”, en Tokio buscarán avanzar hasta llegar a la última habitación y ganar la dorada. Una leona estampada en el pecho y toda su mística, las acompañan.

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