Sin gente en las peatonales de San Martín, las chocolaterías regionales enfrentan una gran crisis de ventas y producción. Esperan que la situación mejore y puedan reabrir sus puertas al turismo y así salvar sus negocios: “Estamos a un 15 % de las ventas. No tenemos ganancias y se hace difícil costear los gastos fijos”, aseguró Guadalupe Bohigues, dueña de La Vieja Aldea.
La pandemia de coronavirus no solo ha quitado la posibilidad de turistas en la ciudad, también les ha arrebatado las pascuas, uno de los eventos más esperados por el rubro del chocolate en la provincia: “Siempre usamos lo que recaudamos en Pascuas para sobrevivir los meses de mayo y junio, que son muy bajos en ventas”, aseguró la mujer. Sin embargo, ahora no han podido abrir y la situación se les hizo cuesta arriba. “Solo vendimos un 10% de lo que acostumbramos a vender en pascuas”, contó Faustina Villalba, dueña de Mamusia, otra de las chocolaterías.
Tanto para Pascuas como para los meses de temporada, en promedio acostumbraban a vender unos 3000 kilos de chocolate en todas sus formas y variedades. Sin embargo, con las restricciones “no llegamos a los 800”.
La situación de las chocolaterías se debe a la casi nula circulación que hay en la ciudad. “Solo estamos pudiendo abrir las ventas al consumo interno, pero no nos alcanza, porque históricamente nuestro rubro vive del turismo”, aseguró Villalba.
No hay ventas sin turismo
Aunque ven que “hay un aumento en la circulación en las calles” gracias a la medida recientemente impulsada por la Gobernación provincial, donde se reactivó el turismo interno entre las ciudades sin contagios de COVID, como Villa la Angostura, Junín y San Martín, al rubro no le alcanza.
“La mayoría de la gente que se ve paseando no es gente que se quede a pasar la noche. No es gente que consuma. Y eso no solo nos afecta a nosotros, también a los gastronómicos y a los hoteleros”, lanzó Bohigues.
La caída de las ventas lógicamente ha dañado su capacidad de sobrellevar sus negocios. “Estamos muy endeudados, no tenemos ganancias y no llegamos a cubrir los gastos que tenemos”, aseguró la dueña de La Vieja Aldea.
En la pequeña empresa tienen 23 sueldos fijos que mantener y para ello han recibido ayuda del programa de Asistencia de emergencia al Trabajo y la Producción (ATP) que cubre entre un 35 y un 40% del sueldo de los trabajadores. “Es una ayuda que nos viene muy bien, pero es menos de la mitad del sueldo”, lanzó Bohigues.
Además, la gran cantidad de empleados que tienen no coinciden con la poca capacidad de producción y ventas en la actualidad. Por eso han ideado un plan de rotación que permite asegurar la misma cantidad de horas para todos los trabajadores: “Los empleados están trabajando muchas menos horas de lo que harían en una situación normal. En la fábrica trabajan 8 días al mes y en el local de ventas unos 15 días”. La rotación es parte de un plan para que todos puedan tener acceso a las mismas jornadas laborales, aunque, claro, eso no afecta su sueldo.
Son muy pocos los casos de chocolaterías que son dueñas de sus propios locales, por eso la mayoría deben afrontar gastos altos para el alquiler de los inmuebles, que en promedio rondan los 100 y 150 mil pesos por mes. “Durante un mes normal de producción llegás a cubrir los gastos, pero en estos meses de pandemia solo estamos generando deudas”, aseguró la dueña de La Vieja Aldea.
Todos los cañones apuntan al verano
Con una caída considerable de las ventas y una nube de deudas que les corre desde atrás, ni la ayuda del gobierno les alcanza para afrontar la difícil situación. Es por eso que ponen todas sus esperanzas en el verano.
“Estamos convencidas de que el verano va a explotar y vamos a poder repuntar”, aseguró Bohigues con entusiasmo. Y agregó: “Solo esperamos que, aunque no se abran el turismo internacional, pueda venir la gente de Neuquén Capital y claro, de todo el resto del país”.
Mientras tanto, la esperanza la llevan con compañerismo: “La gente del rubro y los distintos proveedores estamos muy unidos. No nos apretamos con los pagos y tratamos de no pisarnos la clientela”.
En estas épocas oscuras para los productores locales, “no queda otra que ayudarnos entre nosotros y saber entender que es todo cuestión de tiempo”. Por el momento no han tenido que lamentar el cierre de alguno de sus locales y son conscientes de que les llevará algunas temporadas recomponer la desastrosa situación que hoy les aqueja, pero no quitan el anhelo de que el verano les traiga otras historias que contar.
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