"Le prometí a mi mamá que iba a sacar todo a la luz"

A 3 años del femicidio de Edith Marín, ocurrido en el barrio Villa Ceferino, no hay ningún sospechoso.

Por Natalia Pérez Pertino - policiales@lmneuquen.com.ar

Edith Marín, de 59 años, fue asesinada en el comedor de su casa del barrio Villa Ceferino. La golpearon y estrangularon para matarla. Quedó tirada boca abajo inmersa en un charco de sangre. Su esposo Ramón Romero arribó de trabajar aquel 28 de noviembre de 2016 y aseguró que la encontró muerta. Para los investigadores él era el principal sospechoso, pero no pudieron demostrarlo y fue sobreseído. A tres años, su familia reclama justicia y que el femicidio no quede impune.

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"Lo que pasó hace tres años fue algo de no creer. Me llamó mi papá y pedía que viniera para acá, que algo le había pasado a mi mamá. Cuando llegamos estaba lleno de policías. No nos dejaban pasar y nadie nos decía nada", recordó entre lágrimas Micaela, una de las hijas de Edith, y su hermana Priscila agregó: "Me llamó mi hermano. Estaba trabajando. Lo primero que pensé fue que mi mamá se cayó y cuando llegué acá fue otra cosa. Me di cuenta al ver la cinta, pero no nos quisieron dar información".

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Micaela, Priscila y Noelia recuerdan como si fuese ayer aquel trágico día, así como los posteriores. "Se me venía el mundo abajo. Veía a mi papá llorar, que se agarraba la cabeza. Nunca me lo voy a olvidar. Le hice una promesa a mi mamá de que iba a tratar de sacar todo eso a la luz, pero me está costando mucho", resaltó Micaela sobre la falta de información sobre el avance de la causa de parte de la fiscalía.

"La verdad es que la Justicia nos dijo tantas cosas que llegamos a dudar, porque nos decía ‘tu papá esto, tu papá lo otro’", expresó Priscila, y su hermana Noelia sostuvo: "Les dimos todas las pistas que teníamos, pero decían que era nuestro papá. Se enfocaron solo en él".

En primera persona

Ramón Romero detalló lo ocurrido esa mañana. Contó que estacionó, abrió el portón de la calle y que, cuando quiso ingresar, se topó con que estaba la llave colocada en la cerradura. "Encontré a mi mujer cruzada en el piso, veía de la cintura para abajo y pensé que estaba desmayada. Pero cuando miré bien, vi semejante charco de sangre. Le toqué la cintura y estaba helada. Después el vecino que estuvo de testigo me dijo que cuando la dieron vuelta, tenía la frente partida", relató Romero.

A los días, la Policía lo llamó con la excusa de entregarle las llaves de la casa, pero le dijeron que estaba detenido como principal sospechoso. Fue acusado de femicidio y le dictaron prisión preventiva. Estuvo detenido en la Comisaría 46 y luego en la U11, en el pabellón de condenados. Finalmente, en menos de una semana, recuperó la libertad supeditado a la causa y en marzo de 2017 fue sobreseído por completo de la causa.

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"Fue despedirme de mi compañera, irme al trabajo y encontrarme con semejante cosa. Y después hacerme pasar por todo lo que me hicieron pasar. No me la van a devolver, pero voy a pedir justicia hasta el último día de mi vida", expresó Ramón Romero.

De igual manera, sus hijas pidieron a la fiscalía: "Que nos llamen, que nos atiendan, que trabajen como tengan que trabajar. Ella (la fiscal) quedó en llamar y todavía estamos esperando la llamada".

La familia tiene en la mira a dos hombres

Un vecino que alquilaba en frente de la casa del matrimonio, sobre Quesada al 1100, y otro hombre que formaba parte del círculo familiar son, para Romero y sus hijas, los principales sospechosos. “Solo Dios sabe por qué pasó esto acá”, destacó el viudo, y una de sus hijas agregó: “Para mí la tenían amenazada o vio algo que no tenía que ver”.

“Tuve la oportunidad de preguntarle si fue, me dijo que no, pero me esquivaba la mirada y después sus abogados me dijeron que me haga aparte”, sostuvo Noelia sobre el vecino, que ya no vive más en el barrio.

Sobre el otro hombre, Romero confió que se enteró tras la muerte de su esposa de que esta persona entraba a su casa, tomaba mate y hasta cenaba allí. “Yo desconocía todo esto”, aseguró.

“Para mí fue una persona muy conocida de la familia. Los perros estaban adentro, los vecinos no escucharon nada ni vieron nada. Sabían mis horarios y hasta usaron una camisa mía”.

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