Luciano Castro: "Veintiséis años de suerte no los tiene nadie"

Dejó Pol-Ka para protagonizar 100 días para enamorarse. A los 43 años, habla de su carrera, de Telefe y de una familia con Sabrina Rojas que no esperaba.

POR PAULA BISTAGNINO / Especial

Desde el debut en 1992 como integrante del grupo de adolescentes-jóvenes que acompañaban a Cris Morena en la exitosísima Jugate Conmigo pasaron 26 años, y aquel chico de pelo largo y cara aniñada se convirtió en un galán de telenovelas, en un hombre de 43 años y en un padre de familia que al hablar de sus hijos es cuando más serio y a la vez emocionado se pone: “No tengo dudas de que es mi mayor éxito y es lo que no me esperaba”, dice Luciano Castro, que es papá de Mateo (16) de una pareja anterior y que con la modelo Sabrina Rojas tiene otros dos hijos: Esperanza (5) y Fausto (3). “Me emociono porque logré algo importante en la vida, que es un familia. Me costó un montón”, aseguró el actor, que está por estrenar 100 días para enamorarse junto a Carla Peterson, Nancy Dupláa y Juan Minujín, producida por Underground. Es la novela que lo devuelve a Telefe después de muchos años en Pol-Ka, con la única excepción de Señores Papis. “Primero me encantó la historia y cuando me empezaron a nombrar al elenco… ¡Listo! Era muy tentador. Creo que es difícil para cualquier actor decir que no a un proyecto así y, además, me cerraba mucho el momento para hacerla”, contó.

¿Tampoco fue difícil irte de Pol-Ka?

Es que no lo estoy dejando. Es un trabajo. No me gusta la palabra dejar. Sería un ingrato si dejara Pol-Ka. Soy un actor y laburo de esto. Y necesito trabajar. Ellos me habían ofrecido algo para mucho más adelante y no podía estar tanto tiempo sin trabajar. Y surgió esto justo para el momento, además de lo tentador.

¿Lo charlaste con Adrián Suar? ¿No se enojó?

¡Pero no! ¿Te pensás que Adrián se enoja? Lo único que hizo él fue desearme buena suerte. “Andá y nos vemos”, me dijo. No es la primera vez que me voy de Pol-Ka. También vine a Telefe a hacer Papis, después estuve un año sin laburar. Estoy totalmente agradecido a Pol-Ka porque ahí hice más de seis tiras como protagonista.

¿Pasa en el set la buena onda entre ustedes ?

Está pasando, y ojalá siga pasando, y ojalá se vea. Ojalá sea para la gente lo gracioso que es para nosotros. Estamos todos felices y creo que eso es lo que se ve.

A veces las cosas se complican después… En Los ricos no había tanta buena onda, ¿o sí? Hubo muchos comentarios y los audios…

No, pero sí, nos llevábamos bien. Lo del audio es una pavada: fue un error mío y ya pasó. No se mandan audios: las cosas se dicen en la cara o se llama por teléfono, porque después, cuando vos lo mandaste, ya no es más tuyo.

¿Te quedaste con bronca por quién lo filtró?

No, no, hablé con esa persona personalmente. Pero fue un error mío por pensar que la gente es buena y que todos son amigos del campeón: que pensás que hay respeto y que hay compañerismo, que todos se comportan como vos. Eso sí: no volví a mandar un audio. Igual estaba enojado, pero fue irónico y lo tuve que explicar tanto que ya puedo escribir un libro.

¿Y no quedó enojo con Adrián?

¡Pero no! Adrián está en otra cosa, habla de otras cosas con los actores. No está en eso. ¿Te imaginás si estuviera en ese detalle con la cantidad de cosas de las que se ocupa? ¿O te creés que nos está preparando la comida a nosotros? Eso es el chiquitaje.

¿Te costó interpretar a un obstetra?

No tanto, tengo un amigo obstetra y observé un poco sus movimientos en el consultorio y fuera de él. Le hice algunas preguntas y listo. No busqué terminología ni nada. En una tira diaria lo importante son las relaciones. Si esto va bien, nadie se va a acordar de a qué me dedico: lo importante acá, el foco, está puesto en mi relación con Nancy (Dupláa). Ella es el amor de mi vida y tengo que cuidar y defender eso a muerte.

¿Qué extrañás cuando estás trabajando muchas horas en una tira?

Soy muy básico. Me gusta compartir algún momento del día con mis hijos y mi esposa: sea la cena, o despertarme y poder llevarlos a la escuela, desayunar. Después de eso, soy un animal de laburo: son diez u once horas cada día y yo voy sin problemas, y laburo, laburo, laburo.

Soy muy básico: me gusta compartir algún momento del día con mis hijos y mi esposa

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Después de eso, soy un animal de laburo

¿Y el boxeo tiene lugar todavía?

Sí, estoy por abrir un nuevo gimnasio de box, pero estoy lejos. Y sí, por suerte mi hijo mayor –Mateo, de 16- está boxeando y eso me trae de nuevo. Así que ahí puedo despuntar el vicio.

¿Te gusta que tu hijo siga tus pasos en eso?

La realidad es que más allá de que me guste, no soy boxeador. Hice un par de peleas amateur, tengo un récord espantoso, y listo. Tengo pasión por el boxeo, pero no es mi profesión. Y si mi hijo quiere ser boxeador, astronauta o lo que se le ocurra que quiera ser, yo lo voy a acompañar. Mientras sea buena gente, no pasa nada. Pero en cuanto sea mala persona, va a tener problemas con el padre.

¿Te imaginabas cuando empezaste en Jugate conmigo este presente de galán protagonista?

No, no, para nada. Soy un agradecido por todo lo que me fue pasando y lo que me sigue pasando. La verdad es que, a la edad que tengo, seguir siendo convocado como protagonista en una productora de primer nivel como Underground y en un canal como Telefe es impresionante para mí y lo vivo a conciencia. Entonces también lo disfruto.

Tuviste que sortear muchos prejuicios para estar acá, ¿lo sentís así?

Sí, pero eso fue al principio y creo que fue algo que no dependía tanto de los demás o de esta cosa de que me miraran con prejuicios. Siempre sentí que, en todo caso, si yo quería dedicarme a esto, era yo el que tenía que demostrar y formarme y hacer. Jamás pensé en el medio y en los demás, sino que siempre pensé en mí, en lo que yo quería, en lo que buscaba, en a dónde quería llegar. Empecé en el 92 y son 26 años: 26 años de casualidad no los tiene nadie, ni con mucha suerte. Entonces algo debo haber hecho bien.

En lo personal, ¿te imaginabas formando una familia así o simplemente te sucedió?

No, para nada, es algo que me pasó. Y que me pasó de la mejor manera. No lo buscaba. Yo pensaba que me iba a morir solo con Mateo y, te digo la verdad, ni siquiera estaba preocupado por eso. Para mí estaba bien esa vida: Mateo era mi única pasión, era todo. Y no era un drama pensar que iba a estar toda la vida con mi hijo. Y, sin embargo, me sorprendió el amor: me enamoré, me casé, tuve dos hijos más… Cambió mucho mi vida y cambió para bien.

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