Metía miedo con el celular
De inmediato, el damnificado introdujo 2000 pesos y 4000 dólares en una bolsa que posteriormente colocó frente la vivienda.
63 golpes exitosos dio el año pasado la banda de los Gitanos, cuyo target eran mujeres y hombres mayores.
Unos quince minutos después, el anciano recibió otro llamado telefónico, del mismo extorsionador, que le indicó que era poco dinero y que él quería no sólo billetes, sino además electrodomésticos que tenía en su casa.
A raíz de la dramática situación, el jubilado resolvió denunciar el suceso en la Comisaría 1ª del citado distrito.
Guiado por ellos, el hombre colocó ahora 1500 pesos y diferentes herramientas de carpintería en una bolsa, la cual volvió a depositar frente a su casa.
Momentos más tarde, un ciclista, que se aproximó a la vivienda del jubilado, se apoderó de la bolsa y rápidamente se dio a la fuga.
Sin embargo, el ciclista fue apresado a los pocos metros por integrantes de la seccional, quienes le encontraron la bolsa y establecieron que era un joven de 25 años, residente en Quilmes.
En su poder se incautó un revólver Pasper 22 largo, con la numeración limada.
Aunque solitario, el caso no deja de "hacer escuela", como lo hicieron el año pasado, en agosto y en noviembre, dos bandas, una banda de ellas llamada de los Gitanos, que cayó luego de 63 golpes exitosos contra objetivos que, en general, apuntaron a mujeres solas u hombre mayores.
La segunda banda cayó en pleno barrio de Belgrano, y convertía cada golpe en efectivo para comprar autos de alta gama.
Cinco autos lujosos ocultos en un garage de la Capital Federal fueron incautados por la Policía luego de que cayera la banda.
Todos pertenecían a uno de los jefes de la banda de secuestradores virtuales que fue desbaratada. Se comprobó entonces que los autos fueron comprados con el dinero cobrado en los rescates. En todos los casos, el modus operandi es similar: se necesita un teléfono.
Cuando entran en juego las lloronas
De acuerdo con los especialistas en secuestros virtuales de la Policía Federal, los llamados más efectivos se hacen de noche, en circunstancias en que las víctimas están descansando. Los delincuentes exigen una suma de dinero y joyas a cambio de la "liberación" del supuesto secuestrado, recurriendo en varias oportunidades a más de una llamada en las que se monta una escena que incluye gritos y llantos. Ahí entran en acción las famosas lloronas.
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