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Mónica Müller: "La ciencia nunca corre delante de los virus"

Enemigos invisibles. En su libro de ensayos Pandemia: virus y miedo, la médica y escritora asegura que los virus son eternos, inevitables e impredecibles.

Por Pablo Montanaro - [email protected]

Lo único cierto sobre los virus es que son eternos, inevitables e impredecibles y que la ciencia nunca corre por delante de ellos”, sostiene Mónica Müller, escritora y médica especializada en homeopatía, quien acaba de reeditar Pandemia: virus y miedo (Paidós), el libro de ensayos publicado originariamente en 2010 y en el que reconstruye la historia de los virus desde la gripe española en 1918 hasta el coronavirus, pasando por la gripe A H1N1 en 2009, a partir de la investigación en archivos de prensa, testimonios y textos médicos y científicos.

Müller señala que aún no es posible estimar con exactitud la capacidad letal de este virus que nos mantiene en cuarentena. “La aparente benignidad de los virus más conocidos se disuelve por la enorme cantidad de contagios. Todo está por verse y saberse sobre este virus. El libro (que se editó en e-book y puede descargarse en todas las plataformas digitales) da algunas pistas sobre lo que nos puede suceder y lo que podemos hacer frente a un predador dispuesto a aniquilarnos para seguir siendo inmortal”, explica.

—¿Qué genera en una sociedad la palabra pandemia?

Pánico, es una amenaza a algo desconocido, invisible, que nos ataca sin que podamos verlo. Es muy aterrador. Aunque la palabra epidemia debería producir el mismo pánico. Se está hablando de epidemias que se reproducen en varios países y continentes a la vez, y es tan serio como una epidemia. El mundo sigue con temor la trayectoria del nuevo germen.

—En medio de esta situación aparecen las tramas conspirativas, como que el virus fue creado en un laboratorio chino financiado por Bill Gates.

Las tramas conspirativas aparecen siempre que hay una epidemia. Me acuerdo cuando en la Argentina empezaron a aparecer los piojos en los chicos y se decía que los sembraban en los ómnibus escolares. La capacidad de imaginar tramas conspirativas es infinita y creo que es un mecanismo de defensa ante el miedo, de depositar la culpa en otro, encontrar un malo. Hay mucha discriminación. Se cuestiona lo que comen los chinos y culpan a los chinos. La gripe española nació en Boston y el H1N1, en una granja de cerdos en México de una empresa de Estados Unidos.

—En el libro traza un recorrido entre la gripe española de 1918 y la gripe A de 2009.

Hice una investigación profunda sobre la gripe española, que es la de mayor causa de muerte en la historia del género humano, en ocho meses murieron entre 80 y 100 millones de personas. Me interesó mucho investigar sobre el silencio que hubo sobre esta historia durante setenta años, y en paralelo con la gripe A H1N1, que seguí desde el primer día porque hacía tiempo que venía leyendo estudios científicos que preveían que iba a ocurrir. Con el coronavirus estamos reviviendo algo parecido.

—¿En qué parecido?

Aunque pertenecen a distintas familias, el virus COVID-19 y el H1N1 tienen una marca de nacimiento en común porque se originaron por mutación y combinación de virus animales y humanos probablemente en una granja de producción de cerdos, y a partir de un primer caso detectado en México se difundió por todo el mundo. Apareció en un lugar del mundo que no es Argentina y la pregunta era cuándo aparecerá en la Argentina, cuáles iban a ser las reacciones. Me parece interesante cómo se resolvió en cada oportunidad. Y la similitud está también en que es un virus que no sabemos si va a ser terriblemente mortal o pasará desapercibido. Yo me sentía como que hubiera anticipado el futuro, pero no era yo sino los trabajos científicos que leía (la OMS lo venía anticipando cuando ocurrieron los brotes de MERS y SARS, dos neumonías gravísimas con altísima mortalidad) y que me daban la pauta de que iba a volver a ocurrir, era inevitable, y había que estar preparado. Otra similitud fue su aparición, el coronavirus en un marzo con calor, los médicos lo esperaban en el invierno; en tanto, el H1N1 se registró en abril.

—¿Cuál es su opinión acerca de las medidas preventivas del gobierno argentino?

Me interesa cómo resolvemos esto de la cuarentena que es una experiencia única en el mundo. La responsabilidad del Estado de cuidarnos la está haciendo muy bien. La cuarentena es algo difícil de hacer en una sociedad como la nuestra porque requiere de un equilibrio, quedarse en casa, no reprimir pero sí controlar, hacer que la gente obedezca esas ordenes porque de eso depende la salud de todos. El cierre de fronteras estuvo a tiempo, acaso Ezeiza se podría haber planteado antes.

—¿Le parece que el sistema de salud está funcionando bien?

Sí. Es conmovedor el trabajo y el sacrificio de los médicos y el personal de salud que se exponen. También la prevención que se está haciendo para tener lo que se llaman camas críticas en los hospitales, camas de terapia intensiva, nos da tiempo. Tuvimos mucha suerte por el momento del año en que llegó el virus y porque tuvimos la oportunidad de observar lo que se hizo en otros países y cómo resultó. Volviendo a los médicos, me resultó indignante los casos que hubo en que fueron echados de sus edificios por el temor de los vecinos. Es de una gran perversión, lo paradójico es que después salen al balcón a aplaudirlos.

—¿Cree que estos nuevos hábitos de higiene, como el lavado de manos, pueden cambiar la conciencia de las personas?

No lo creo. Cuando se termine todo esto, cuando haya muchos contagiados y haya inmunidad o aparezca la vacuna, nos olvidaremos de esto. Por otra parte, no sirve de mucho lavarse las manos con agua y jabón si no nos cepillamos debajo de las uñas, que es un reservorio espantoso de virus y bacterias.

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