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La Mañana papa Francisco

La historia oculta del último día del papa Francisco en Argentina

Jorge Mario Bergoglio era arzobispo de la ciudad pero lo esperaba el Vaticano. Los detalles de sus últimos momentos en el país.

El lunes 11 de febrero de 2013, Benedicto XVI anunció su renuncia como Sumo Pontífice. La noticia recorrió el mundo con velocidad, y despertó sorpresa incluso dentro de la propia estructura eclesiástica. En Buenos Aires, era temprano: las 7:30 de la mañana. Jorge Mario Bergoglio, el futuro papa Francisco, arzobispo de la ciudad, ya se encontraba en su despacho.

Cumplía con sus lecturas y el trabajo sin alteraciones visibles. No hubo reacciones públicas inmediatas ni gestos fuera de lo habitual. La rutina seguía su curso.

La dimisión papal activó una cadena de llamadas y especulaciones dentro de la Iglesia. En la capital argentina, en la Curia Metropolitana, el entorno cercano del cardenal tomaba nota de lo ocurrido. Entre ellos, el padre Alejandro Russo, rector de la Catedral porteña, quien mantenía una relación de colaboración constante con Bergoglio desde años anteriores. A partir de ese momento, lo que parecía una transición institucional en el Vaticano comenzó a perfilarse como una transformación también para la Iglesia local.

Perfil de un liderazgo discreto

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El papa Francisco, entonces Bergoglio, en el subte de la ciudad de Buenos Aires

El papa Francisco, entonces Bergoglio, en el subte de la ciudad de Buenos Aires

Durante su etapa como arzobispo de Buenos Aires, Bergoglio mantuvo un estilo de vida austero y metódico. Residía en un departamento sencillo dentro del edificio de la Curia, desde donde organizaba personalmente la actividad pastoral. Su rutina comenzaba a las 4:30, con tiempo dedicado a la lectura y la oración. Luego celebraba misa y se instalaba en su oficina para atender compromisos y responder correspondencia.

La gestión de su agenda era manual y directa. No utilizaba computadora, ya que prefería escribir a mano o con una máquina eléctrica. Sus almuerzos eran frugales, sus cenas, tempranas y solitarias. Mantenía sus hábitos sin variaciones, incluso en medio de situaciones de alta demanda institucional. Evitaba la exposición innecesaria y se concentraba en las tareas diarias con precisión. Este modo de trabajo continuó intacto incluso en los días posteriores al anuncio de Benedicto XVI.

En aquellos días, Bergoglio no expresó en público ninguna señal sobre una posible designación como Papa. Su entorno más próximo tampoco percibía una expectativa distinta a la de otros cónclaves en los que había participado. Él mismo se había preparado para retirarse formalmente, tras haber cumplido 75 años. La posibilidad de una elección pontificia era vista, en su entorno, como remota.

Una despedida sin ceremonia

Papa Francisco Argentina
El Papa Francisco estuvo cerca de volver a la Argentina en 2020 para visitar una localidad de Santa Cruz.

El Papa Francisco estuvo cerca de volver a la Argentina en 2020 para visitar una localidad de Santa Cruz.

Los días posteriores al anuncio de Benedicto transcurrieron con discreción. El 23 de febrero, Bergoglio celebró una misa en la Catedral Metropolitana para un pequeño grupo de sacerdotes. Fue un encuentro privado, sin anuncios formales. Dejó instrucciones sobre los oficios litúrgicos en su ausencia y encargó la organización de las celebraciones de Semana Santa a sus colaboradores. Incluso redactó la homilía del Jueves Santo, que fue enviada más tarde a Roma.

El 26 de febrero partió rumbo al Vaticano. Viajó en clase económica, sin cambios en sus costumbres. No aceptó ofrecimientos para mejorar su pasaje. En el aeropuerto de Ezeiza, su salida fue sobria. Se despidió con brevedad, asegurando que regresaría pronto. Aún no había señales concretas sobre lo que ocurriría en Roma.

El inicio de un nuevo ciclo

Jorge Mario Bergoglio no volvió a la Argentina. El 13 de marzo de 2013 fue elegido como Papa durante el segundo día del Cónclave, tras una serie de votaciones que definieron la sucesión de Benedicto XVI. Su designación marcó un punto de inflexión para la Iglesia Católica y para la historia religiosa y política argentina.

Lo que comenzó como una mañana sin novedades en Buenos Aires terminó transformándose en un momento clave para el Vaticano. El tránsito de Bergoglio desde la discreción del segundo piso de la Curia porteña hasta el balcón de la Basílica de San Pedro expuso, en apenas un mes, la magnitud de una figura que, hasta entonces, había evitado los reflectores.

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