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La Mañana democracia

Cómo se vivió en Neuquén el retorno de la democracia

Hace 40 años, la Argentina dejaba atrás la dictadura cívico-militar y comenzaba el camino de la democracia.

La Argentina regresaba a vivir en democracia después de 7 años y 7 meses de la dictadura cívico militar más sangrienta y feroz, una época de oscuridad, censura y represión. Ese 10 de diciembre de 1983, día en que Raúl Alfonsín asumía como presidente de la Nación, en la ciudad de Neuquén Sara Garodnik de Mansilla abrazó a Rubén, su compañero de toda la vida, y a sus hijos, Fany y Mariano, mientras sonaba el himno nacional. Los abrazó fuerte, y se puso a llorar al escuchar las estrofas que exaltan a la libertad.

“Cuando volvimos a votar ese 30 de octubre de 1983 estábamos firmando el certificado de defunción al terrorismo de Estado”, recordó la docente y militante por los derechos humanos en Neuquén. Era el fin de la dictadura. “Una dictadura que se apropió del poder político y económico, que secuestró, torturó, robó bebés y tiró personas vivas al mar, sembró el miedo y la violencia para imponer un modelo de país donde se exterminara al que pensaba distinto y se organizara un sistema liberal donde los que tienen más son los más favorecidos y el pueblo trabajador va perdiendo sus derechos”, describió Sara.

Las elecciones del 30 de octubre de 1983 cerraban un ciclo y abrieron la puerta a una historia nueva. No fue una elección más, habían pasado más de diez años desde que se había votado por última vez, había pasado la dictadura y sus crímenes, había pasado la guerra de Malvinas, los desaparecidos y niveles de pobreza récord.

En la provincia, la fórmula radical de Raúl Alfonsín-Víctor Martínez obtuvo el 45,31% de los votos contra el 22,20% de Ítalo Lúder-Deolindo Bittel del Justicialismo. Se volcaron a las urnas 112.550 personas en todo el territorio provincial, lo que significó una enorme participación del padrón con el 86,8%. En tanto, la fórmula del MPN que llevó a Felipe Sapag como gobernador y a Horacio Forni como vicegobernador, se impuso con el 55,3% de los votos frente al Partido Justicialista, representado por Oscar Massei-Luis Novoa que obtuvo el 22,6% de los votos, y la Unión Cívica Radical, que llevaba como candidatos a Armando Vidal y Eduardo Del Rio, con 20,1% de los sufragios.

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Sara Mansilla: “Cuando volvimos a votar ese 30 de octubre de 1983 estábamos firmando el certificado de defunción al terrorismo de Estado”.

Sara Mansilla: “Cuando volvimos a votar ese 30 de octubre de 1983 estábamos firmando el certificado de defunción al terrorismo de Estado”.

El 16 de noviembre -apenas tres semanas después de las elecciones- se promulgó el decreto 22.972, que estableció el 10 de diciembre como fecha de asunción. La decisión no fue casual. Raúl Alfonsín eligió el Día Internacional de los Derechos Humanos para la vuelta de la democracia. El pueblo de Neuquén se volcó a las calles, se respiraba un clima festivo, de inmensa alegría y fervor por ese aire nuevo. El entusiasmo popular por la apertura democrática había desbordado cualquier límite que la dictadura se había trazado con miles de personas afiliándose a los partidos políticos, actos partidarios multitudinarios y con intensas conversaciones y debates políticos espontáneos en las esquinas o en las mesas de los bares.

Lo que se vivía hace 40 años

Se había recuperado la democracia y esas calles llenas de alegría se convirtieron en el retrato de una promesa donde todo estaba por suceder para dejar atrás ese pasado oscuro. “Se vivió un momento muy lindo y emotivo porque si bien yo estaba en el peronismo lo que importaba era la recuperación de la democracia”, resaltó Oscar Massei. El abogado y diputado nacional resaltó la figura de Alfonsín: "Lo admiré siempre, como también a Arturo Illia, siempre desde el peronismo. He tenido la oportunidad de estar con Alfonsín en varias oportunidades en Neuquén y lo sigo recordando hasta el día de hoy”, precisó.

En ese contexto de recuperación democrática, la historiadora de la Universidad Nacional del Comahue, María Cecilia Azconegui, destacó el rol que tuvieron organizaciones como la Asamblea por los Derechos Humanos (APDH) y Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas.

“En 1983 hay mucha gente que se quiere sumar a las actividades y al trabajo de estas organizaciones e incluso hay una suerte de sentir la presión de los partidos políticos que tratan de sumarse y tratar de capitalizar la legitimidad que estas organizaciones habían construido como espacio de resistencia en el marco de la dictadura”.

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Oscar Massei (a la izquierda) junto a Felipe Sapag y Armando Vidal, tres candidatos en busca de la gobernación en un debate televisivo antes de las elecciones de octubre. Sobre el 10 de diciembre de 1983,, Massei expresó: “se vivió un momento muy lindo y emotivo porque  lo que importaba era la recuperación de la democracia”.

Oscar Massei (a la izquierda) junto a Felipe Sapag y Armando Vidal, tres candidatos en busca de la gobernación en un debate televisivo antes de las elecciones de octubre. Sobre el 10 de diciembre de 1983,, Massei expresó: “se vivió un momento muy lindo y emotivo porque lo que importaba era la recuperación de la democracia”.

Al mismo tiempo, señaló Azconegui, los mismos actores de la sociedad “empiezan ar reconocer a estas organizaciones, su discurso empieza a ser escuchado e incluso a ser tomado por algunos de los protagonistas del escenario local”. “Los referentes de derechos humanos empiezan a ser escuchados e invitados porque legitimaba cualquier actividad que se estuviera realizando”, agregó la autora de numerosos libros vinculados a la historia de la última dictadura militar, las organizaciones de derechos humanos y la Iglesia Católica.

La historiadora no dejó de resaltar la figura del obispo de Neuquén, Jaime De Nevares, en ese tiempo y especialmente por integrar la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), creada por Alfonsín cinco días después de su asunción con el fin de investigar los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura y que dio lugar al informe “Nunca Más”.

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"La APDH y Familiares de Desaparecidos comenzaron a ser escuchados e invitados porque legitimaba cualquier actividad que se estuviera realizando", explicó la historiadora de la UNCo, María Cecilia Azconegui.

Por su parte, la periodista Hilda López, quien fue designada directora de Cultura en el municipio de Neuquén recordó que el acto de asunción del intendente Jorge Sobisch fue en la misma puerta del edificio municipal que convocó a numerosos vecinos. "El MPN entraba victorioso a una etapa democrática por lo tanto tenía una gran significación ese acto", sostuvo López. Destacó que a partir de ese diciembre de 1983 hubo una gran apertura de las manifestaciones culturales de todo tipo: "todas las manifestaciones a partir de ese momento se hicieron en la calle, los programas culturales se hacían en las calles, había música, pintores que colocaban sus atriles y pintaban en la calle, la gente bailaba y cantaba en las calles, había una enorme efervescencia y una presencia masiva de gente". "Se notó mucho la explosión de la libertad", afirmó López.

Como afirmó Sara Mansilla, el 10 de diciembre de 1983 “empezamos a construir otra democracia, siempre es posible y hoy también. Me van a decir que es una utopía, pero para eso sirven las utopías, para andar”.

“La ilusión de una etapa para vivirla con libertad”

En pleno comienzo de la dictadura militar, la pediatra Celia Destéfano y su esposo, el neurocirujano Carlos Casullo llegaron junto a sus pequeños hijos a Neuquén para incorporarse al Hospital Castro Rendón. “Cuando ocurrió el golpe de Estado estábamos preparando la mudanza en Buenos Aires para venirnos a Neuquén”, contó Celia. Si bien el país vivía el horror de la represión, asesinatos y desapariciones, el sistema de salud neuquino se desarrollaba “de manera vigorosa, en plenitud y fuerte con cambios fundamentales como el de bajar la mortalidad infantil, contar con buenas profesionales y otros logros que lo mejoraban y lo hacían accesible para todos. Todo era progreso y progreso”.

Celia recordó que el día que asumió el gobierno elegido por el pueblo “fue una alegría inmensa y al mismo tiempo una esperanza porque salíamos del horror de la dictadura en una provincia muy movilizada y que había sido mencionada como la Capital de los derechos humanos”.

Recordó que ese 10 de diciembre del ‘83 salieron a festejar, movilizándose como lo hicieron durante los años oscuros de la dictadura. “Estábamos todos contentos empezaba algo nuevo, teníamos la ilusión de una etapa totalmente diferente, y fue diferente, más allá de toda su problemática que pudo haber tenido pero fue una etapa de vivirla con libertad”, afirmó.

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