De la cocina para eventos y a domicilio, al sueño de su propio restó, aconsejada por Donato
"Siento un profundo amor por mi profesión". Anabela Blanco tiene 28 años, dos hijos, una década de platos y postres en el mundo de la gastronomía y mucho empuje. Para esta santacruceña, oriunda de Las Heras, la cocina es su cable a tierra y "todo lo que está bien".
Hace apenas un año que pisa suelo neuquino y ya cosechó experiencias en eventos organizados en destacados espacios de la ciudad. Instalada en Fernández Oro, no tardó en lanzar su emprendimiento de catering -Anabela Blanco Chef Orense-, al que le imprimió su propio estilo con diversas propuestas, entre las que se destacan las picadas de mariscos y las elaboraciones a domicilio para celebraciones íntimas.
"Yo cocino y se me pasan las horas", sostuvo la joven que, luego de abandonar la carrera de farmacia y la academia de policía, decidió apostar por la pasión que creció en ella desde muy chica, alimentada por las recetas de Maru Botana en televisión.
"Comencé a dedicarme a esto a los 18 años y hoy no me veo haciendo otra cosa. En Las Heras también tenía mi emprendimiento de catering y abrí una escuela de cocina por la que pasaron unos 150 alumnos. Se llamaba Patagonia Chef y la tuve que cerrar hace un poco más de un año, cuando -por el trabajo de mi pareja- nos trasladaron a Neuquén. Fue una tristeza terrible, la escuela era un re logro para mí", lamentó la cocinera que, lejos de dejarse llevar por el desánimo, buscó la forma de abrirse camino en el Alto Valle.
"Por suerte oportunidades de trabajo tuve muchísimas desde que llegué. Estuve haciendo eventos en el Hotel Hilton, en Butaco, Tenis Club y trabajando en la inauguración de algunos restaurantes. Pero bueno, como tengo un nene de tres años (además de otro, de once) se me complica un poco. Son muchas horas afuera de mi casa. Yo me iba a las 10 de la mañana y regresaba a la 1 de la madrugada porque tenía que organizar absolutamente todo. Así que busqué la manera de estar más tiempo con mi familia", dijo, al contar cómo comenzó a tomar más fuerza su emprendimiento de catering que se hizo conocido a través de las redes sociales y por la recomendación boca en boca.
La propuesta abarca bocadillos y platos para grandes celebraciones hasta cocina a domicilio para festejos más íntimos. "Por ejemplo, para algunos aniversarios me contratan para que vaya a preparar la cena. Yo me traslado con todas mis cosas. Es una experiencia que resulta muy grata porque, además de disfrutar de la comida en el momento - sin tener que ir a retirarla y luego calentarla-, van viendo cómo la voy haciendo, les voy explicando, implica todo un intercambio. La última vez hice un lomo Wellington", precisó.
"A mí me encanta trabajar con mariscos porque vengo de una zona con puerto, pero hago de todo: desde un menú más sencillo a uno más elaborado. Lo que el cliente pide, es lo que el cliente tiene", subrayó para luego resaltar que lo que más le pide la gente son las mesas dulces con carrot cake, tiramisú, selva negra, postre Balcarce, Imperial ruso, trifles de chocolate y macarons.
"Lo que más valora la gente es el trato personal y la originalidad, porque no hago siempre lo mismo. Yo los escucho y trato de plasmar la idea que plantean. No impongo lo que quiero yo, más allá de que los asesore y les de consejos. "Luego me terminan agradeciendo y diciéndome 'qué bueno que me llevaste por este lado y no pusimos los sandwichitos'", comentó.
Un encuentro para recordar y el bodegón de los sueños
El Salón de Vinos & Gastronomía, que se celebró hace unas semanas en el predio del Museo Nacional de Bellas Artes de Neuquén, fue el escenario de un encuentro que quedará grabado en la memoria de Anabela. Es que además de deleitarse con la presencia de Maru Botana -su ídola de la infancia-, Anabela aprovechó al máximo la posibilidad de tener un intercambio con el cocinero Donato de Santis.
Luego de que otro asistente al evento le hiciera una pregunta a la estrella de MasterChef Celebrity, la santacruceña tomó impulso y se animó a pedirle un consejo para cumplir uno de sus mayores sueños: abrir un restaurante. Todo con el micrófono abierto y ante la atenta escucha del público.
"Le pregunté qué consejo podía darme, teniendo en cuenta que tengo 10 años en el rubro y también para el restaurante que tengo pensado poner en Fernández Oro", contó para luego recordar: "Él me dijo que siga mi instinto, que empiece con algo chico, que trate de no mezclar y no abarcar todo, sino que me enfoque en una propuesta concisa".
"Ese consejo para mí fue clave porque coincidió justo con el resultado de una encuesta que yo había hecho en las redes para ver qué tipo de propuesta estaría bueno tener Oro, donde realmente no hay muchas opciones. Entre las alternativas que mencioné estaba un restó para adultos, algo más descontracturado o el típico bodegón argentino, que fue lo que más votos sacó", señaló.
"Mi idea es poner un bodegón sin mucho ruido, donde se pueda escuchar música tranquila y comer comida clásica de Argentina y España. Me gustaría incluir todo tipo de carnes en una carta que vaya cambiando a partir de los productos de estación. Quiero que la gente vaya feliz a comer y que se vaya mucho más feliz aún", recalcó al tiempo que agregó que su intención es ofrecer platos sencillos, siguiendo los lineamientos de la cocinera Narda Lepes, una de sus principales fuentes de inspiración. "Con lo simple también se enamora al comensal, por eso yo me inclino por eso, por lo autóctono, lo clásico", sostuvo.
En cuanto al lugar, Anabela ya tiene apalabrado un local en una esquina céntrica. El objetivo es lanzar el restó en julio del próximo año, unos meses después de que el espacio sea desocupado.
Mientras continúa trabajando para darle forma a su proyecto, la cocinera sigue sumando clientes con su emprendimiento y disfrutando de su vocación docente con un puñado de alumnas que asisten a su casa para aprender pastelería. Una suerte de desahogo tras el cierre de su escuela en Santa Cruz.
"A veces miro para atrás y no puedo creer todo lo que he crecido y todo lo que me ha dado la vida. A lo largo del recorrido que vengo haciendo por la gastronomía, lo mejor que me pasó fue mi escuela de cocina. Me permitió conocer a mucha gente, muchas historias de vida. Fue el puntapié inicial para la carrera profesional de varios de mis alumnos, el momento feliz de muchos que la estaban pasando muy mal y la motivación para salir adelante. Por suerte, sigo enseñando y el 18 de diciembre voy a estar en una feria que se va a hacer en el paseo costero, dando una clase en vivo de stollen, un pan dulce alemán. Yo siempre estoy dispuesta a nuevas experiencias, a aprender cosas porque la gastronomía se va todo el tiempo aggiornando. Trato de superarme día a día y poner lo mejor de mi", concluyó.
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