El pastor Hugo Márquez de Jesús es Rey dijo que se inaugura a fin de mes. Mitos y verdades de cuánto costó y cómo se financió. LM Neuquén recorrió el edificio.
Desde la Avenida Mosconi se ve como una nave de hormigón y metal con techo curvo, frente a la Terminal de Ómnibus de Neuquén. Durante meses circularon fotos tomadas desde el aire, comentarios en redes y sospechas sobre el dinero, sobre cómo se financió una obra del templo evangélico que tardó 15 años en concretarse y que en secreto (y no tanto) conocen todos los políticos de Neuquén.
Pero pocos entraron, salvo los albañiles, pastores y todo el grupo que conocía bien los trabajos silenciosos para muchos y muy cotidianos para otros. LM Neuquén recorrió el nuevo templo evangélico de la Iglesia Bautista Jesús es Rey, en calle Juan Julían Lastra 3100, de la mano del pastor Hugo Márquez y del ingeniero y pastor Daniel Soto, que dirige la obra desde el primer día. Se mudará a fin de mes del histórico edificio de la calle Roca en el centro de la ciudad.
Es conocida por ser la iglesia de la familia Márquez y toma trascendencia porque Nadia Márquez es senadora nacional por La Libertad Avanza, pero para la comunidad, es una historia vieja y larga y que va mucho más allá de esta coyuntura.
"Este es el terreno que no podíamos comprar y este es el templo que no podíamos edificar. Pero las cosas se dan por obra de Dios", resume Márquez, de 73 años, vicepresidente de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA).
Sobre el tema del financiamiento, no esquiva hablar del diezmo y las ofrendas que dice, son los pilares de cómo se juntó el dinero en 15 años. Habla de empresas en una primera parte de la obra, después de colaboraciones y hasta de voluntariado. "No todos ofrendan, es más, la mayoría no lo hace, son más los que no ofrendan, pero si te referís a si recibimos dólares de afuera, no, nada de eso", dice, en relación a la colaboración que hacen los fieles para la construcción de una iglesia.
Sacar un cálculo es descomunal, teniendo en cuenta la valorización que tuvo el metro cuadrado en la ciudad, los costos de construcción y el tipo, y sobre todo la duración de una obra. Pero a día de hoy, es casi imposible comenzar un edificio así de cero, porque no valdría menos de 10 millones de dólares. Además, hay otro concepto, y que Jesús es Rey es una fundación, como también tienen fundaciones otros colegios, que no son evangélicos y católicos. Sobran ejemplos, como la Fundación Padre Jacinto Stabile, que tiene los colegios Virgen de Luján.
Márquez también dice que la idea de progreso de la Iglesia no tiene que estar asociada a la pobreza. "En Neuquén se están construyendo 144 edificios; ¿por qué nosotros no podemos tener un templo acorde a la ciudad? Acá adentro no hay cosas suntuosas, no hay oro y no hay reliquias, solo comodidades, lugares de encuentro para una multitud de fieles", dice.
Según el pastor, es la primera vez que un medio entra a preguntar por el templo directamente. "Los demás se informaron por las redes, copiando y pegando", se queja. En abril, cuando publicó las primeras imágenes de la obra y llovieron las críticas sobre el financiamiento, salió a responderles a quienes llamó "periodistas inescrupulosos", sin nombrar a nadie. Ahora bien, ¿cómo se financió el templo durante 15 años, en una obra que es poco más chica que el Ruca Che?
Antes de mostrar una sola columna, Márquez insiste en algo y es que el templo no es "de los Márquez". "Nadie dice la catedral de tal obispo (por el obispo Fernando Croxatto)", compara. Según el pastor, se trata de la primera iglesia evangélica que tuvo la ciudad de Neuquén. Tiene más de un siglo de presencia y el año próximo cumplirá 90 años como congregación organizada.
Los primeros creyentes llegaron desde Rosario y Buenos Aires y empezaron a reunirse en casas en la vieja ciudad de Neuquén. En los primeros años hubo un misionero estadounidense. Después llegó Jorge Bowdler, a quien Márquez señala como el primer pastor de la etapa organizada. Le siguieron Juan Pluis y Roberto Romanelli.
Pluis es el pastor que cruzó el río Neuquén en balsa, con un auto cargado de biblias, cuando todavía no existía el puente. Se instaló en San Martín al 400, empezó a predicar bajo un árbol y hoy da nombre a una calle del oeste neuquino. De Romanelli, Márquez recuerda que es muy conocido en el ambiente evangélico por una edición de la Biblia en estilo gauchesco, al modo de José Hernández.
En 1967 llegó Lorenzo Nicolás Klink. Alquiló un salón en Rioja 36 y compró el terreno de calle Roca al 400, donde funcionó durante décadas la sede histórica, en Roca 445. Desde ahí impulsó misiones en Centenario, Plottier, Chos Malal, Cutral Co, Senillosa y Zapala. Durante la construcción de la represa de El Chocón levantó una iglesia en la villa temporaria y puso al frente a Daniel Casellas, el primer "pastor obrero". En 1989 presidió junto al obispo Jaime de Nevares el Comité de Acción Solidaria, que durante cuatro meses sostuvo comedores para más de 8.000 personas. Se retiró en 1993 y en 2010 fue declarado Vecino Ilustre.
El templo de la calle Roca fue inaugurado con la presencia del entonces gobernador Felipe Sapag. "Han tenido contacto con todos los gobiernos provinciales, todos", remarca Márquez. Ese templo despidió a sus fieles el pasado domingo 4 de octubre, con el último culto antes de la mudanza.
Márquez llegó desde un primer pastorado en Avellaneda, en Buenos Aires, hace más de tres décadas. Hoy la iglesia tiene filiales en las calles Belgrano y Winter de la capital, en Centenario, en San Martín de los Andes y hasta en África. Cada una se organiza de manera local. "Somos bautistas, pero la organización es local, no depende de otro lugar", explica. Solo en la sede central, cuenta, se reúnen cerca de 2.000 personas cada domingo.
AMEN y las ambulancias que desaparecieron
De esa iglesia nació la Asociación Mutualista Evangélica Neuquina, AMEN. Es una organización separada, pero "nacida del espíritu y de la visión de la iglesia", explica Márquez. Tiene una rama educativa y tuvo una rama médica.
La escuela se fundó en 1977, un año después abrió el jardín "Amiguitos" y, grado por grado, la institución creció hasta tener secundario. Su primera directora fue Beatriz Cobo. Hoy el colegio AMEN es uno de los más conocidos de la capital y es el elegido por muchos.
La rama médica tuvo como primer director, considerado el primer terapista de la ciudad, que formó a médicos y paramédicos. De ahí salió el servicio de ambulancias que muchos neuquinos todavía recuerdan.
"Era gratuito para toda la ciudad. Vos sufrías un accidente y AMEN te atendía gratuitamente", cuenta Márquez. Lo define como el primer servicio gratuito de emergencias médicas de una ciudad latinoamericana. Funcionó durante unos 20 años, desde 1980, hasta que, según su versión, "intereses del poder del Estado" los desplazaron: "Nos corrieron, nos echaron y pusieron a sus amigos"
Entre los médicos fundadores menciona también a Abel Vallejos, de Centenario. Lo describe como veterano de Malvinas y misionero en África, distinguido como ciudadano ilustre en Centenario y en Picún Leufú.
El colegio también tiene su costado político. Según Márquez, dirigentes políticos y sindicales de distintos colores eligen AMEN para sus hijos y colaboran con la institución. Ahí se explica un poco parte del financiamiento.
Si hay un nombre que resume el cruce entre la iglesia, AMEN y la vida pública neuquina, es el de Rodolfo Inda. Es el primero que menciona Márquez cuando enumera a los dirigentes que salieron de esta congregación. Venía de una familia evangélica y se había formado en la Iglesia Evangélica Bautista de Bahía Blanca. En 1983 fue candidato a intendente por el radicalismo. En 1982 llegó a la presidencia de la Federación Neuquina de Cooperativas y ese mismo año fue electo presidente de CALF.
Hugo Márquez y "la mano de Dios"
Para Márquez, la historia del templo no se explica solo desde una obra de arquitectura. "El problema es cómo explicar la mano de Dios en esto", advierte. Desde esa fe cuenta toda la obra.
"El primer milagro fue comprar el terreno y el segundo, edificar este templo", dice. Y repite su frase: "Este terreno que no podíamos comprar y este templo que no podíamos edificar".
Recuerda que, cuando buscaban un lugar más grande que el de calle Roca, este predio apareció y lo descartaron: "Era imposible". Hoy lo cuenta como una prueba de lo que en la iglesia llaman "provisión".
"En estos 15 años hemos visto la provisión de Dios parte por parte, pedacito por pedacito. Por eso tardamos 15 años", explica. "Cuando tenés la provisión de Dios, se trata de confiar en la fe e ir para adelante", dice.
Esa idea está escrita en la pared del hall de entrada, en letras grandes: "Una Iglesia unida de cristianos íntegros, movidos por el Espíritu Santo, comprometidos con la Gran Comisión". La Gran Comisión es el mandato de Jesús a sus discípulos de llevar el Evangelio a todas las naciones.
El predio tiene su propia historia. Muchos neuquinos lo recuerdan como el de la avícola Bambi. Cuando la empresa quebró, el lugar pasó a manos de la empresa Geolog, una firma de servicios petroleros.
Con la crisis de 2009 y 2010, relata el pastor, la compañía se desprendió de varios inmuebles, y ahí apareció la oportunidad para la iglesia. La compra se cerró en 2011, según Márquez, después de un largo proceso de documentación. "Era otra época, otros precios. Hoy comprar esto es tremendo", reconoce.
Las oficinas de esa etapa no se demolieron, sino que se integraron al diseño. En 2012, antes del movimiento de suelo, se colocó la piedra fundamental con una Biblia y una placa. Hoy esa piedra está en el ingreso, rodeada de plantas.
Una obra de ingeniería en 2015
El proyecto arquitectónico es del estudio Maradei, de Buenos Aires. La iglesia lo eligió porque, según Márquez, cotizaba "diez veces menos" que las opciones locales. La primera etapa duró unos tres años y quedó a cargo de una constructora contratada, BKM, que hizo las fundaciones, la gradería de hormigón, el perímetro y la cubierta.
Lo que más impacta está arriba. Soto señala una doble viga diagonal que cruza la nave de punta a punta. "Tiene 55 metros de largo y cinco de alto", explica. Es una sola estructura reticulada, una "parrilla" metálica que sostiene la cubierta y de la que cuelgan los reflectores. Para montarla tuvieron que cavar un pozo en el terreno, porque las plumas de las grúas no alcanzaban la altura necesaria.
El predio ocupa unos 8.000 metros cuadrados. Sobre esa superficie se levantan 6.600 construidos, y de ellos unos 2.500 corresponden al auditorio. La estructura es una base de hormigón con un techo metálico curvo que desde el aire se ve como una gran media luna.
Cuando esté terminado, el auditorio tendrá capacidad para 4.000 personas sentadas. Son 2.500 en esta primera etapa y otras 1.500 en la segunda. El escenario es circular y está revestido en piedra, y el piso tiene terminación en espiga. Debajo de las gradas funcionan los baños y los espacios de servicio. El hall, vidriado y de doble altura, tiene escaleras con barandas de vidrio y un espacio de cafetería. El predio cuenta con tres estacionamientos para 120 vehículos, pensados para una zona semiindustrial y para fieles que llegan desde toda la región.
Compre local y voluntariado
Terminada la etapa de la constructora, la obra pasó a hacerse por administración propia: pisos, escenario, instalaciones y terminaciones. Ahí aparece uno de los datos que más remarca el pastor: los proveedores son todos locales. La iglesia decidió comprar en Neuquén, a comercios y empresas de la región, en lugar de traer materiales de afuera.
La mano de obra también tuvo sello propio. Buena parte del trabajo lo hizo lo que en la iglesia llaman "voluntariado": fieles que pusieron horas, oficio y fines de semana para levantar el templo. A ellos se sumaron empresas que aportaron materiales o trabajo. Algunas prefieren no aparecer.
Márquez cuenta también las pequeñas "provisiones" que llegaron sin buscarlas. Un fiel bautista de San Luis se mudó a Neuquén con su equipo técnico y hoy está a cargo de la parte audiovisual. Un contador que se jubiló pasó por la ruta, vio el templo y les donó los cuadros de su estudio. Son los únicos cuadros que hay en el edificio.
La ofrenda, el diezmo y la pregunta por el dinero
La pregunta que se repite en redes también se la hizo LM Neuquén: ¿cuánto costó? Márquez no da una cifra. "Es como si yo te pregunto cuánto pagaste por tu auto", responde.
Asegura que él no maneja el dinero. "Yo no tengo la chequera, no tengo acceso a la cuenta, no firmo nada", dice. La administración está a cargo de un equipo encabezado por el pastor David Schlereth, responsable de la parte contable.
Lo que sí explica es de dónde salió el dinero, y para eso vuelve a la Biblia. "En el libro de los Hechos dice que los primeros cristianos se reunían, compartían la palabra, oraban, cantaban y levantaban ofrenda. Hacemos lo que hacían los primeros discípulos", dice.
En su concepción, la ofrenda no es un pago sino una forma de culto. "La ofrenda es parte del culto a Dios", define. "Tiene que ver con el desarrollo de lo que Dios nos ha dado, con extender su reino, con hacer discípulos".
Ahí aparece una distinción que en las redes casi nunca se hace. Una cosa es la ofrenda, voluntaria y de cualquier monto, que se levanta en cada reunión. Otra es el diezmo, el diez por ciento de los ingresos que la tradición bíblica propone entregar a la iglesia.
Y en la conversación con LM Neuquén, Márquez reconoce algo que desarma la imagen del fiel obligado a pagar: la mayoría de los miembros no diezma. Son más los que no lo hacen que los que sí.
Por eso el pastor rechaza la idea de que el templo se levantó "sacándoles la plata a los fieles". "No hemos recibido dólares, no tenemos préstamos bancarios, no estamos endeudados. Todo ha sido con el aporte de miles de personas", afirma. Y agrega: "No somos ricos ni tenemos dinero guardado".
Ante las críticas, responde con una comparación: "¿El casino no le saca más plata a la gente? Si esto fuera un casino, nadie diría nada. Si esto fuera un bingo, nadie diría nada. Nadie puede decirme a mí qué hago con lo mío. Yo ofrendo a la iglesia".
Un templo sin imágenes y pastores sin sotanas
Adentro no hay oro, ni santos, ni cúpulas pintadas. "No es el Vaticano", ironiza Márquez. El diseño tiene forma de hemiciclo, "como un parlamento", para que el último de los asistentes vea de cerca al orador. "La iglesia no es gente dispersa, es una familia. Si hacíamos un templo tradicional, a lo largo, el último no ve nada", explica.
Tampoco habrá fotos suyas ni de los pastores anteriores. "Nuestro culto es solo a Dios. No hay vivos ni muertos a quien reverenciar. No podemos adorar a la criatura sino al Creador. Lo único que hacemos es señalar a Jesús".
La idea, dice, fue hacer un edificio visible en una ciudad que crece con más de 140 edificios en construcción. "Muchas veces parece que mientras más miserables y más pobres son las obras de Dios, más espirituales. El otro era un templo de la ciudad; nosotros queríamos un templo para la región".
La iglesia que llegó a la política
Márquez no esquiva la política. Al contrario, la usa para explicar cuánto se metió la iglesia en la sociedad neuquina. "La gente no lo sabe", dice.
Además de Inda, nombra a David Schlereth, hoy parte del equipo pastoral. Fue presidente del Concejo Deliberante en dos períodos y diputado nacional en otros dos. Llegó a la política de la mano de Horacio "Pechi" Quiroga.
El caso que Márquez muestra con más orgullo es el de Osvaldo Llancafilo, diputado nacional entre 2023 y 2025 y hoy funcionario del gobierno de Rolando Figueroa. "Venía de una familia muy sencilla, se educó en nuestra escuela, se graduó y llegó a diputado nacional. Él lo dice en todos lados", cuenta.
La lista termina en su casa. Su hija, Nadia Márquez, fue concejal y fue electa diputada provincial, aunque no asumió esa banca porque llegó por voto popular a la Cámara de Diputados de la Nación. A mitad de ese mandato ganó una banca en el Senado por La Libertad Avanza. "Hemos participado políticamente en el MPN, con Pechi Quiroga, ahora en La Libertad Avanza, pero no como iglesia, porque cada uno tiene su pensamiento", aclara el pastor.
Y devuelve la pregunta hacia la Iglesia católica. "Dicen que no participan en política, pero sabemos que sí. Mirá las declaraciones de los obispos", señala. "Yo no digo que esté mal. Lo que digo es que nadie diga que no participa".
"Nos tratan como ciudadanos de segunda"
Lo que más le molesta es la etiqueta. "Es sumamente discriminatorio que digan 'la diputada evangélica, pastora Nadia Márquez'. Nadie dice el diputado católico ni el diputado agnóstico", plantea. Lo compara con la manera en que algunos medios señalan el origen de un detenido cuando pertenece a la comunidad gitana: "Nadie dice un ruso, un español o un italiano. Lo mismo hacen con los evangélicos".
"Parece que los evangélicos nos tenemos que quedar encerrados, sin aparecer. Nos siguen viendo como secta o como extranjeros indocumentados. Y a mí nadie me descuenta los impuestos: pagamos el cien por cien", agrega.
Para el pastor, "algunos periodistas conocen esta historia pero se quedan callados y hacen creer que estamos haciendo algo raro".
Los números le dan la razón en buena medida. El INDEC no pregunta por religión en el censo, pero la Encuesta Nacional sobre Creencias y Actitudes Religiosas del CONICET mostró que los evangélicos pasaron del 9% de la población en 2008 al 15,3% en 2019. Este año, el Barómetro de las Religiones de la UBA los ubicó en el 17,4%, ya como la segunda identidad religiosa del país, y en el 23,6% entre los jóvenes de 16 a 29 años.
En la Patagonia la presencia es todavía mayor. Según el mismo relevamiento del CONICET, uno de cada cuatro patagónicos se define como evangélico (24,3%), mientras que los católicos cayeron del 61,5% al 51,3% en once años.
Mitos del evangelismo: "Somos como vos"
Para explicar quiénes son, Márquez recurre a Jesús. "Jesús era gente de su época. Comía con los pecadores, se vestía como cualquiera, dormía con sus discípulos. Y calculo yo que roncaba", dice entre risas. Recuerda que hasta Juan el Bautista dudó: "¿Sos vos o tenemos que esperar a otro?".
De ahí saca su argumento final. "Yo soy pastor, él es ingeniero, el otro es contador. Estoy casado, sé lo que es llevar una familia adelante, tengo que comprar una casa, no vivo en la iglesia, no me pongo ropa distinta", enumera.
"La Iglesia católica tiene un santo padre; nosotros tenemos una función pastoral, pero somos como vos. Por eso podemos entender tu conflicto familiar, la educación de tus hijos, la necesidad económica, porque también lo padecemos".
La transición
La apertura de la primera etapa estaba prevista para el sábado 31 de octubre. Para el pastor, el traslado también marca un cambio de época dentro de la congregación. "Yo no estoy acá hasta la muerte", dice. Ya empezó a dejarle lugar a Matías Riffo, pastor surgido del barrio Rosario y esposo de la senadora Márquez. Será la cuarta transición pastoral desde que la iglesia se organizó.
Márquez insiste en que el apellido no convierte al templo en una propiedad familiar. "Yo soy un pastor entre pastores. Después de mí sigue otro, y después vendrá otro", dice. "Esto es de una comunidad".
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