Día del Malbec: una ocasión para repensar y refundar la variedad
Por qué y cómo se abre una oportunidad de exploración estilística para la cepa. Estar en la góndola grande requiere algunos ajustes.
El Malbec es un éxito innegable dentro y fuera de Argentina. Pocas variedades de uva, desconocidas hace medio siglo, tuvieron el salto de negocio y reconocimiento que tuvo el Malbec a contar de la década de 1990.
Algunas cifras dan cuenta de ello. Si en 1990 había unas 10 mil hectáreas de viña, en 2025 se estimaban en unas 46 mil. Si entonces no se exportaba una sola botella con la variedad y, a contar de 1991, apenas se comercializaban un puñado con el varietal impreso en la etiqueta, hoy poco más de la mitad (62% en 2024, año récord) de las exportaciones argentinas son de Malbec, mientras que en el mercado doméstico de vinos con mención varietal da cuenta de 1 de 2 botellas.
Con esos números es fácil ver el desarrollo que la variedad ha tenido en el paladar de los consumidores. También se visualiza con claridad la Malbecdependencia en la que la oferta de vinos ha incurrido. Y ese es un punto crucial a la hora de los años venideros para no morir de éxito.
Sucede que el Malbec está perdiendo su potencia. Como esos árboles vigorosos que con el tiempo empiezan a languidecer sin razón aparente, en el caso del Malbec se ha vuelto difícil hacer crecer esos números. No solo porque la base ya es grande, sino porque frente a la caída de consumo general de vino, la caída del Malbec le suma un paréntesis de duda a este momento más crítico.
El Malbec, estúpido
Parafraseando la famosa campaña de Bill Clinton, “es la economía, estúpido” (1992), parte de la caída del consumo (doméstica e internacional), se trata de un dilema económico. Los consumidores tienen menos dinero para sus gustos. Pero también, es posible que lo que se ofrece hoy haya perdido parte de su atractivo. El Malbec sobre todo.
Y acá entraré en un tema espinoso, más del orden de la intuición. En el mundo del vino, las razones de consumo son muchas, desde el precio a la novedad, desde la simpleza a la complejidad. El asunto es que, cualquiera sea el caso, en la medida en que el vino dejó de ser un consumo-alimento, pasó a ser un consumo-moda, en el orden más cultural que necesario. Y ahí es donde reinventar la oferta es una de las condiciones fundamentales para que el negocio siga girando.
Hace unos años, si se les preguntaba a los productores de vino qué venía después del Malbec, todos respondían más Malbec. Pero hoy parece más evidente que hay que recalibrar esa respuesta.
El problema está, justamente, en el uso irrestricto de Malbec, en su extensivo uso, para enganchar al consumidor. Parece haber perdido la capacidad de ordenar el deseo de consumo, así como de ser un atajo para la toma de decisiones. Lo veo así: si uno ya bebió un centenar de Malbec en su vida, si ya pasó por la etapa de amor, descubrimiento y fascinación, luego viene una etapa más de pérdida de interés que es difícil de revertir sin nuevas expectativas. Como esos matrimonios que ven partir a sus hijos, reinventarse es clave para poder sostener.
Para ello, en principio se apostó por ampliar la diversidad de la variedad asociada a terruños. Eso fue una estrategia interesante para abrir el campo de los orígenes de vino, y definir también una amplitud de oferta. Pero a la larga, esta estrategia se convierte en un nicho eficaz, pero nicho al fin.
Hoy no alcanza. Tampoco hay chances de instalar una segunda variedad (la eterna promesa de la Bonarda, la imposibilidad de crecer con Cabernet Franc), porque los esfuerzos en ese sentido corren en vía muerta.
Propuesta de estilos
Volviendo al terreno de la intuición, se aproxima un momento de creación de marcas, más que de varietales. Y el varietal será el mismo, con algunas diferencias. Podrá acompañarse al Malbec con fracciones menores de Cabernet Franc o de Cabernet Sauvignon, pizcas de Syrah, para establecer un vino de sabor universal sin cambiar una matriz productiva que es extensa. O bien, mientras que en el nicho de la alta gama se construyen orígenes, apostar por ellos en formas más amplias, donde la variedad tienda a desaparecer de escena.
No es que el Malbec esté mal o no guste. Es que parece haber perdido atractivo como categoría, como nomenclador o como guía para consumir. Argentina, asociada a Malbec, corre el mismo riesgo. La percepción de Argentina como productora de vinos, sin embargo, es alta y refinada. Quizás sea hora de despedirse del carro ganador para empezar a explorar vertientes que vayan del nicho a la góndola grande.
Algunas cadenas como Total Wine o Costco, en Estados Unidos, lo ven con claridad y buscan más en el atractivo de la marca antes que en el varietal. Ahí hay un guiño renovador. No será instantáneo, claro. Pero es una oportunidad de exploración estilística antes de que el Malbec deje de ser una solución para pasar a ser un problema.
17 de Abril, Día del Malbec
En 2011, en pleno auge exportador, Wines of Argentina estableció el Día del Malbec como una forma de anclar a la variedad en un calendario mundial. La fecha conmemora el 17 de abril de 1853, cuando se presentó el proyecto para fundar la Quinta Normal y Escuela de Agricultura en Mendoza, impulsado por Sarmiento y dirigido por el agrónomo francés Michel Pouget, introduciendo el Malbec en el país.
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