Su formación acrobática le permitió realizar las escenas más exigentes. La historia de un trabajo inesperado que le abrió nuevos caminos.
Una mortal en el aire o un salto en largo sobre una montaña de muebles en movimiento, entre luces parpadeantes, fuego encendido y escombros que caen desde el techo. Ese fue apenas uno de los desafíos que tuvo que enfrentar Dani Montaña, bailarina neuquina de breaking, durante el rodaje de Felicidades, la adaptación cinematográfica dirigida por Álex de la Iglesia, de la obra teatral homónima.
La película, protagonizada por Adrián Suar y Griselda Siciliani, marca el debut del aclamado director español en Argentina. Y, al mismo tiempo, el de Dani como doble de riesgo y actriz en la pantalla grande. “Son esas cosas mágicas que pasan cuando una está en el lugar indicado, en el momento indicado, con la persona indicada”, resume. Puede haber algo de fortuito en la oportunidad, pero lo cierto es que llega después de años de trabajo sostenido.
Dani empezó a bailar breaking desde muy chica, en su barrio y en las calles neuquinas. Se formó entre pares, haciendo del cemento su principal escenario. Con el tiempo fue incorporando danza deportiva y acrobática, disciplinas que continúa practicando y que combina con hip hop, waacking, popping y otros estilos urbanos. Actualmente estudia en la Escuela Experimental de Danza Contemporánea y da clases de breaking para infancias y adolescentes en talleres municipales.
Desde 2023, además, forma parte de la obra Inche, yo soy, donde pone en escena no solo su identidad como bailarina, sino también su historia personal. “Me reivindico parte del pueblo mapuche, que es el pueblo ancestral de esta tierra”, dice. En esa obra, su cuerpo también es relato.
Una oportunidad riesgosa
Meses atrás, Dani había decidido viajar una semana a Buenos Aires para capacitarse. No era un viaje cualquiera: por primera vez no respondía a una obligación laboral ni a acompañar a su hija en su carrera de bailarina. Era para ella misma y aunque tenía todo el apoyo de su entorno, no podía evitar vivirlo con cierta culpa.
Se iba a quedar en el monoambiente de su amiga, la acróbata neuquina Gisell Sánchez. Apenas cruzó la puerta, la escena fue directa:
—Hola amiga, después me contás cómo estás, pero decime: ¿cuánto medís?
—Un metro cincuenta y dos.
—¿Y cuánto calzás?
—Treinta y seis.
—Bueno, amiga, te conseguí un trabajo.
Alguien para hacer de doble
El trabajo era nada más y nada menos que la posibilidad de trabajar junto a Alex de la Iglesia. Gisell tenía toda la experiencia, pero esta vez necesitaban a alguien de baja estatura para hacer de doble. Dani encajaba perfecto. Con rapidez y con la complicidad de dos niñas armaron un book de fotos, enviaron el currículum y algunos videos.
La respuesta no tardó en llegar. El papel como doble de riesgo de la actriz Mónica Raiola era suyo. También enviaron un borrador con todas las acciones que Dani iba a tener que llevar adelante.
Lo que iba a ser una semana se transformó en un mes, quizá un poco más. La decisión implicaba reorganizar su vida, extender la distancia con su hija y sostener la incertidumbre. Y sobre todo poner el cuerpo donde nunca antes lo había hecho. Pero el desafío valía la pena.
“Cuando me convocó la productora de efectos especiales dudé. Era mucho tiempo lejos de casa. Pero insistieron, me explicaron quién era Álex, la dimensión del proyecto, el elenco. Ahí entendí la magnitud”, cuenta. Y agrega: “No es solo la posibilidad de salir en Netflix, sino hacerlo de manera profesional, con la Asociación Argentina de Actores, con condiciones que no siempre tenemos como artistas”.
Jugar en primera
El primer día de rodaje fue, sin eufemismos, una prueba de fuego. La escena requería riesgo real: saltos calculados, desplazamientos en altura, coordinación con objetos en movimiento.
Hubo muchas jornadas similares. Dani tuvo que atravesar estructuras inestables, realizar giros sostenida por arneses y esquivar elementos que caían con fuerza desde varios metros. Cada movimiento debía ser preciso: no había margen para la improvisación. Una vez que completaba la escena, Mónica Raiola continuaba la acción.
Cuenta que Álex de la Iglesia estaba muy atento a que todos estuviese bien, que en cuanto pasaban los momentos críticos, se acercaba a preguntarles cómo estaban, cómo se sentían, tanto a ella como a los otros 7 dobles de riesgo que requirió la película.
A pesar de ser su primera experiencia en cine, Dani no partía de cero. Sabe estar en escenar y también cómo caer, cómo agarrarse, cómo moverse con soltura en altura. “El breaking a mí me ha dado mucha consciencia corporal y acrobática, también he hecho cosas en el circo que ayudaron mucho para esto”, explica. Ese saber previo fue clave para atravesar el rodaje con profesionalismo.
Quienes siempre estaban, porque así lo requería el libreto eran Peter Capusotto y Adrián Suar; el humor fue un punto de fuga fundamental para disminuir las tensiones.
“Hay actores y actrices más cercanos que otros, y eso se siente. Esas presencias fueron muy importantes para que yo pudiera estar cómoda y a gusto”, agrega. Nombra especialmente a Capusotto y a Martín Garabal, que se acercaban a conversar con todo el equipo de dobles.
Para Dani, la experiencia fue también una puerta a un mundo nuevo: el detrás de escena del cine, sus tiempos, sus jerarquías, su lógica de trabajo. “No solo aprendés de gente muy grosa, sino que empezás a entender cómo funciona todo eso que antes veías de lejos”, dice.
Un proyecto ambicioso
Felicidades fue rodada en Buenos Aires a principios de este año. El elenco incluye, además de Suar y Siciliani, a Benjamín Vicuña, Violeta Urtizberea y Mike Amigorena.
En declaraciones previas, Álex de la Iglesia definió el espíritu de la historia: “No me interesa la felicidad como meta sino como conflicto. Felicidades gira alrededor de una familia que se aferra a una imagen de sí misma mientras todo a su alrededor empieza a desestabilizarse. Los personajes buscan la redención de manera grotesca, cruel y con mucho humor, porque ese es el lenguaje más honesto que conozco. Ahora que la realidad ha asesinado a la ficción, es el momento de vengarse y devolverle una sonrisa. Para mí es un lujo trabajar con este reparto que ha entendido a la perfección la búsqueda de la verdad en el caos”.
El director, reconocido por películas como El día de la bestia, Crimen ferpecto y Balada triste de trompeta, ha trabajado con figuras como Carmen Maura, Javier Bardem, Rosie Perez, John Hurt y Salma Hayek. Ahora suma a esa trayectoria una producción en Argentina… y, en ese universo, también aparece Dani Montaña.
Lo que queda
Antes de esta experiencia, Dani nunca había trabajado como doble de riesgo. “Quizá un poco en mi vida”, dice entre risas, “pero nada así”.
La experiencia no solo le abrió posibilidades laborales, sino también una nueva percepción sobre sí misma. “Tomé conciencia de todo lo que construí con mi cuerpo. De la disciplina, del entrenamiento, del tiempo invertido. De que todo eso sirve”.
Ese reconocimiento es, quizás, uno de los mayores aprendizajes.
En la fiesta de cierre del rodaje, el equipo anticipó que Felicidades podría estrenarse en Netflix en 2027, dependiendo de los tiempos de postproducción. Hasta entonces, hay muchos detalles que Dani no puede contar. El contrato impone silencio sobre varios detalles del rodaje. Pero hay algo que sí queda claro: vértigo, trabajo en equipo, profesionalismo y pasión fueron pilares en una experiencia que la transformó.
Mientras tanto, quienes quieran verla en escena pueden hacerlo el próximo domingo 17 de mayo en el Auditorio de la Municipalidad de Neuquén, donde presentará Inche, yo soy, con entrada libre y gratuita hasta completar la capacidad de la sala.
Porque antes y siempre, más allá del cine, Dani Montaña es una artista neuquina para admirar.
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