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Es nieto de un pionero de la ingeniería en Neuquén y hoy crece en Italia como ingeniero industrial

Gabriel Maduri migró a Milán para estudiar un posgrado y hoy hace carrera en Ikea, una reconocida empresa sueca. Su recuerdo de Victoriano de la Fuente.

Gabriel Maduri tenía su camino ya marcado. Y aunque nadie le haya pedido que se convierta en ingeniero, la disciplina se repetía tanto en su pedigrí que decidió seguir por ese surco profesional, en un camino de esfuerzo y valentía que hoy ya da sus primeros frutos. Después de atravesar momentos de desesperanza en la pandemia, migró a Italia, donde hoy hace carrera como ingeniero industrial para la empresa sueca Ikea.

"Mi familia está colmada de ingenieros", se ríe en una llamada con LMNeuquén, desde Roma. Además de su abuelo, Victoriano de la Fuente, que es un emblema de la carrera en Neuquén, también son ingenieros su papá, su mamá y muchos de sus tíos. Así, la carrera se presentó como una opción obvia para Gabriel que, sin embargo, quiso desafiarse alejándose del seno cómodo de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo), donde su árbol genealógico era demasiado conocido.

Victoriano fue uno de los primeros decanos de la Facultad de Ingeniería en la sede de Cutral Co de la Universidad de Neuquén, que se convertiría luego en la UNCo. Sus padres también son docentes de Ingeniería de la misma casa de altos estudios, por lo que Gabriel decidió mudarse de la ciudad para iniciar su carrera de forma más anónima. "Acá era el hijo de Miguel y Victoria, todos los profesores me conocían y por eso decidí irme a La Plata para estudiar en la Universidad Tecnológica Nacional, en La Plata", aclaró.

Ese paso fue el primero de varios para demostrar la intrepidez que parece haber heredado de su abuelo Victoriano, que no titubeaba cada vez que le tocaba comenzar de nuevo para hacerse grande desde el pie. Y así, Gabriel comenzó la carrera de Ingeniero Industrial, sumando el empuje de su abuelo materno con la fortaleza para el trabajo duro, que heredó de la rama paterna.

"Mi papá es ingeniero eléctrico y mi mamá, química; se conocieron en Neuquén y siempre me empujaron a aprender y estudiar, pero también a trabajar para ganar experiencia pronto", dijo el joven neuquino y agregó que, por eso, comenzó a trabajar incluso antes de obtener su diploma, por lo que se incorporó a una consultora vinculada a la industria alimenticia, en Ranelagh, al sur del gran Buenos Aires.

"Fueron dos años y medio en los que aprendí muchísimo, pero por las crisis económicas de Argentina, me terminaron echando porque ya no podían pagarme el sueldo", dijo y recordó los detalles: "El 13 de septiembre me recibí y el 16 me dijeron que me quedaba sin trabajo". Sin embargo, esa contramarcha no alcanzó para derribar los sueños de Gabriel que, con su título en la mano, quería seguir creciendo en la profesión.

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Todavía desde La Plata, comenzó una nueva búsqueda laboral, justo cuando la amenaza del COVID se convertía en una realidad. Gabriel pasó nueve meses sin trabajo en medio del aislamiento obligatorio, y aceptó el primer trabajo que le ofrecieron, casi desesperado. "Me ofrecieron trabajar en COTO y mudarme a Monte Grande. Después de los tres meses de prueba me enteré que me pagaban la mitad que a mis compañeros, que no estaban recibidos, y decidí no renovar el contrato", señaló.

Como su abuelo, Gabriel soñaba en grande. Y sumaba esos raptos de distracción con momentos de concentración absoluta para hacer tareas prolijas y atravesadas por una sed de conocimiento que parece correrle en la sangre. "Cada vez que me ve así, un poco vago pero también aplicado y prolijo, mi mamá me dice que me parezco a mi abuelo", recordó.

Con todo el tiempo libre que le dejó el aislamiento, Gabriel había preparado una carpeta con documentación para aplicar para una visa de trabajo en Alemania, en una ventana de oportunidad que se abría para los ingenieros y que quedó trunca por el avance de la pandemia de coronavirus. Sin embargo, esos mismos papeles le resultaron útiles tras finalizar su trabajo en Monte Grande.

"Todo pasa por algo, y justo en ese momento encontré en Instagram una publicidad para estudiar un máster en el Politécnico de Milán", dijo y agregó que sus padres siempre lo habían incentivado a seguir su formación en el extranjero. Para acceder al permiso de residencia, debía postularse en al menos dos carreras de posgrado, y Gabriel se alegró al saber que sus dos opciones lo habían aceptado.

"No apliqué para una beca pero sí fue muy difícil el proceso para que te acepten", dijo y agregó que, al saber que tenía la opción de seguir sus estudios en Italia, se mudó de regreso a Neuquén, a vivir con sus padres. "Empecé a trabajar de técnico, el único trabajo que conseguí, y ahorré todo lo que pude para poder cubrir los gastos de la carrera allá", señaló sobre los meses previos a su partida.

Sincero, aclaró que le dio vértigo afrontarse a lo desconocido. "Tenía un miedo terrible porque no sabía el idioma y no sabía cuánto me iba a alcanzar la plata", dijo y agregó que los primeros días se mudó a vivir a un hostel en Milán, y calculó un presupuesto de 5 o 6 euros por día para estirar sus ahorros y así afrontar la vida en Milán. "Me acuerdo que compraba ensaladas en el supermercado y tomaba agua de las fuentes, el resto del tiempo vivía a mate", aclaró.

Empezó sus estudios en septiembre y muy pronto sintió la desazón. "Las carreras universitarias en Italia son de tres años y después hacen un máster, por eso sentí que estaba repitiendo mis dos últimos años de facultad y, como cursaba ocho horas por día, no podía trabajar para mantenerme", contó y agregó que tomó la decisión de encontrar un trabajo para ganar experiencia ya desde el mercado laboral.

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Tras afrontar el momento de decirle a sus padres que daba un giro en el timón, se presentó para su primera entrevista laboral en Ikea, la reconocida empresa sueca que fabrica muebles. "Hicimos la entrevista en la que la reclutadora hablaba en italiano y yo en inglés; nos entendíamos pero no podíamos pronunciar el idioma del otro", dijo y agregó que la mujer lo rechazó porque no iba a poder comunicarse con sus compañeros italianos.

Sin embargo, unos pocos días después recibió el llamado de la empresa, en el que le aclaraban que el puesto era suyo. "El 15 de noviembre arranqué a trabajar y empecé a aprender italiano con Duolingo y yendo al supermercado", dijo sobre ese salto acelerado en el mundo laboral. "Luego de seis meses me ofrecen pasar a trabajar para Ikea Italia, en las oficinas centrales en Milán. Fue un crecimiento importantísimo", contó.

Tras un año y medio en el puesto, le ofrecen una nueva oportunidad de crecimiento, por lo que se convirtió en manager de la ciudad de Roma. Así, se mudó a una nueva ciudad para ocuparse de la logística y la venta de las tres sucursales romanas, que pronto van a convertirse en cuatro. "Fue un crecimiento muy rápido y no sólo un cambio de ciudad, sino de empezar a tener gente a cargo, aprender a liderar y entender las necesidades de los empleados para guiarlos, apoyarlos y dar el ejemplo", señaló.

Con tamaños desafíos, el idioma pasó a un segundo plano, pero Gabriel ya se acostumbró a dar charlas en inglés y en italiano, al tiempo que se nutre de nuevos conocimientos vinculados al diseño de muebles como puntapié para mejorar la calidad de vida de los clientes.

"Empecé de cero, como pasante, con un sueldo que sólo me alcanzaba para cubrir el alquiler de la habitación, pero decidí hacer la puesta y esforzarme para crecer", relató hoy, ya feliz con los resultados y con ganas de seguir creciendo dentro de la misma empresa. "Me gustaría sumar más desafíos, que en esta empresa es llegar a Ikea Global en Suecia, y después me gustaría volver a Argentina cuando la compañía llegue allá", contó sobre la expansión de la marca por distintas geografías.

Mientras crece como ingeniero en el exterior, atesora los recuerdos de su abuelo Victoriano y sus prolijos libros de apuntes, que suele leer y releer. "Él llegó a tener cinco títulos y aunque ninguno en la familia va a ser como él, es una influencia para todos nosotros", dijo y aclaró que siempre le inculcaron el valor de los estudios y el conocimiento. "Mi abuelo paterno, en cambio, siempre tuvo que trabajar para salir adelante y eso es algo que también aprendí", sostuvo.

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En tierra italiana, entendió que lo que diferencia a los migrantes argentinos es su capacidad para resolver e ir siempre para adelante. "Todos son resolutivos y llegan con muchas ganas de trabajar, eso es lo que nos diferencia de los italianos", dijo y aclaró que, sin embargo, se nota el impacto de la migración italiana en la cultura argentina actual.

"Vivir lejos me hizo entender qué es lo que me hace feliz, y entendí que no hay cargo que pueda suplir la importancia de estar cerca de la familia y mis amigos", dijo sobre su amor por Neuquén y sus ansias de volver pronto. "Me gustaría primero desafiarme y sentir que cumplí un objetivo dentro de la empresa, y después volver", afirmó.

Así como Gabriel tenía su elección vocacional casi corriéndole en las venas, también tuvo la decisión de migrar desde muy chico. "Siempre tuve curiosidad de conocer otros lugares y aprender de otras culturas, pero creo que para migrar hay que estar muy decidido, porque el día a día fuera del país requiere de mucha fortaleza mental", expresó sobre los momentos duros que le tocó atravesar.

En ese sentido, aclaró que hacerse un grupo de amigos argentinos le permitió salir adelante con más facilidad. "Sólo ellos entienden lo difícil que es y también podemos ser más cómplices en las alegrías, como cuando me tocó ser campeón del mundo pero lejos de casa", aseguró. "Europa tiene más seguridad y estabilidad, pero eso no quita todas las cosas lindas que tiene Argentina", concluyó.

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