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Hace costura y prepara la merienda en un comedor, la historia de una trabajadora todo terreno

Lucía Pino tiene 34 años y como muchos otros, hace varias cosas para subsistir. No cuenta con un trabajo formal, pero ella le pone la formalidad a sus tareas.

La crisis económica que se vive en el país dejó a muchas personas fuera de los trabajos formales, pero la mayoría se las rebusca para poder subsistir y darle el mejor bienestar a sus hijos. Lucia Pino es una vecina del barrio Los Álamos de Plottier, quien descubrió en la costura una verdadera oportunidad de trabajo y con todo el orgullo este 1° de Mayo va a celebrar, junto a su familia, el Día del Trabajador con una plato de guiso de lentejas sobre su mesa.

Lucía tiene una hija de 8 años y un hijo de 6 y vive junto a su pareja, Raúl, quien se dedica a hacer tareas de jardinería. Los cuatro hacen un gran equipo para salir adelante. Hace dos años perdieron su casa y desde entonces se acercaron aún más al centro cultural Oveja Negra, donde le dieron una gran ayuda para salir adelante: una capacitación en costura.

Cuando perdió su vivienda, la mujer estaba haciendo el curso de costura y fueron sus compañeros y capacitadores los que la incentivaron para que no lo deje. Y no se equivocaron: esa fue la puerta para el trabajo. Hoy confecciona cartucheras y portacosméticos que vende los sábados en la feria del barrio 108 Viviendas. También realiza arreglos de ropa en su casa.

"Sentarse frente a la máquina de coser es un momento realmente de concentración. Son horas en las que me encierro en mi pequeño mundo, ese pedacito de mi casa donde estoy cara a cara con la máquina, las telas y los hilos para poder fabricar algo que después voy a salir a vender", describió con alegría la trabajadora.

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Esta mamá arranca sus jornadas laborales a las 8. Ahí empieza con el desayuno para sus hijos, luego va a comprar para hacer el almuerzo y a las 13 los lleva a la escuela. En la tarde le dedica varias horas a la costura.

Pero esos no son sus únicos trabajos. Lucía cuenta con el apoyo estatal del programa Progresar Trabajo y en contraprestación de ese subsidio de 35 mil pesos ella trabaja en el centro cultural Oveja Negra en la esquina de las calles Defensa y Palermo.

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A las 14 es la encargada de abrirle las puertas del centro cultural a los profesores y estudiantes de los distintos talleres que allí se dictan. Limpia el salón, lo mantiene ordenado y lo cierra.

Los lunes y martes además le prepara la merienda a los chicos y chicas que se acercan a estudiar dibujo y circo. Chocolatada, mate cocido o té, según lo que haya. Y además les sirve, junto al grupo de colaboradoras de más de 60 años, tortas fritas, pan o rosquitas.

"Para mí este es mi primer trabajo. Aprendés mucho porque es lindo, y además te despejás", contó a LMNeuquén.

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Fue también una gestión del centro cultural que Lucía cuente con su máquina de coser propia. Esa fuente de trabajo que ya no quiere dejar por nada. "Una señora abrió una peluquería en el barrio y me encargó varias cosas, los delantales, los almohadones para las sillas", contó entusiasmada.

"Haciendo la merienda a los chicos, y vendiendo mis productos para juntar peso a peso el alquiler junto a mi pareja aprendí que compartir hace todo mucho más fácil. Y más si se tiene trabajo para que no falte la comida a la familia", terminó contenta Lucía.

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