Esta semana aparecieron nuevas señales que evidencian la profundidad del cambio político iniciado en 2023. Sacuden la realidad y reafirman una nueva etapa.
Marcelo Rucci, secretario general del Sindicato de Petroleros Privados de Neuquén Río Negro y La Pampa —la organización gremial más poderosa de la Patagonia— oficializó su salida del Movimiento Popular Neuquino (MPN), partido con el que el sindicato mantuvo una histórica alianza de poder. Desde sus orígenes, la relación entre el gremio y el MPN fue simbiótica: el músculo sindical sirvió como herramienta estratégica para la recolección de votos, pero también como actor de peso frente a los intereses nacionales y multinacionales que disputan el subsuelo neuquino.
Con brutal sinceridad, Marcelo Rucci declaró: “Se terminó una etapa. El MPN desapareció. No hubo más convocatorias, no pasó más nada. Nosotros entendemos que es momento de empezar algo nuevo, que represente a los trabajadores como corresponde”.
Desde la derrota electoral del MPN, hace ya 20 meses, el silencio de sus autoridades aturde y desconcierta. Omar Gutiérrez, presidente de la Junta de Gobierno partidaria y recientemente desplazado del directorio de YPF por decisión del gobernador Rolando Figueroa, no declara, no convoca, no da señales. Tampoco lo hace el exgobernador Jorge Sapag, aún presidente de la convención partidaria. Nadie parece dispuesto a asumir la reconstrucción de un partido que fue hegemónico durante seis décadas.
A pesar de que más de 100 mil afiliados siguen afiliados, en Neuquén ya nadie se ilusiona con un regreso triunfal del MPN. Esos números, hoy, no se traducen en votos. Hay capas geológicas —políticas y sociales— que explican la desconexión. Por un lado, están los afiliados de la vieja guardia, quienes se sumaron durante la época dorada del MPN —desde su fundación en 1963 hasta bien entrados los 2000— y que hace años dejaron de sentirse representados. Muchos de ellos iniciaron el éxodo partidario mucho antes de la derrota, y en varios casos fueron piezas clave en la construcción política de la "neuquinidad" de Rolando Figueroa.
Por otro lado, están los miles que ingresaron al partido por necesidad, empujados por una lógica clientelar: afiliaciones obligadas como condición para acceder a un empleo estatal, una vivienda o un plan social. Una práctica que durante décadas sostuvo la maquinaria del poder, y que hoy está bajo la lupa judicial.
Fin de los municipios opositores
Algo similar ocurrió con la oposición neuquina, hoy diluida en el tiempo. Durante años, gran parte de quienes desafiaban al MPN lo hacían desde las intendencias que el partido no lograba conquistar. Sin embargo, hoy todos los líderes de los municipios más relevantes —sin importar su pertenencia partidaria— se han plegado a la "neuquinidad" de Rolando Figueroa.
Atrás quedaron las oposiciones que nacían desde el poder local: Soledad Martínez en Zapala, Javier Bertoldi en Centenario o, sobre todo, el ya extinto Horacio “Pechi” Quiroga, quien desde la capital fue el más serio competidor del MPN en las últimas décadas. Hoy, tal vez, solo Ramón Rioseco mantiene en pie la posibilidad de una disidencia política. Desde Cutral Co, coquetea hábilmente con la idea de presentar batalla en 2027. ¿Una estrategia de espera a la definición de los nuevos escenarios? ¿O simplemente una carta de negociación para asegurarse más años de poder en su municipio?
Así las cosas, la guerra de aparatos clientelares —forjados desde los gobiernos provincial, municipales o incluso sindicales— parece estar perdiendo fuerza. El electorado pospandemia muestra una creciente intolerancia hacia el uso de estructuras de representación colectiva como herramienta para manipular voluntades. Ya no alcanzan los punteros, los listados de “voto seguro” o las redes de favores: la ciudadanía pasa factura inmediatamente.
Otro eje de poder que también se debilita es el de los sellos políticos tradicionales. La Unión Cívica Radical y el Partido Justicialista ya no representan una opción significativa para la mayoría del electorado. El paso del tiempo erosiona lentamente el recuerdo de esas estructuras que alguna vez encarnaron pertenencia política, doctrina e identidad. Hoy, parecen más parte del archivo que del futuro.
Lentos para reaccionar, los partidos tradicionales —incapaces de ofrecer una competencia seria a Javier Milei, en gran parte por la obstinación de Cristina Fernández de Kirchner— parecen ensayar, por fin, una alternativa política no libertaria. La reciente unión de los gobernadores de Córdoba, Santa Fe, Jujuy, Santa Cruz y Chubut, bajo el frente denominado “Grito Federal” apunta a nuclear a las provincias productoras en un nuevo espacio nacional.
Más allá del error de origen —al sugerir, de forma implícita, que hay provincias que producen y otras que no, lo que limita el alcance federal del proyecto—, el armado puede leerse como un primer intento de construir una opción política. Un espacio capaz de interpretar al electorado que ha cambiado profundamente desde 2020, y que necesita una alternativa competitiva de cara a 2027 que no sea ni kirchnerista ni libertaria.
En Neuquén, eliminados los viejos componentes de la competencia política, y a riesgo de sobre-simplificar, hoy parecen quedar solo dos grandes variables que se conjugaran en el cuarto oscuro: Estado vs. Mercado y Neuquinidad vs. Libertad. Estas polarizaciones condensan las únicas dos fuerzas reales con ambiciones de poder en la provincia: La Libertad Avanza y la Neuquinidad de Figueroa.
En un segundo plano, aparecerán algunos sellos menores. Su función no será disputar el poder real, sino confundir, distraer o fragmentar al electorado, ya sea para debilitar a uno de los polos principales o para posicionarse con vistas a negociar lugares en un futuro reparto de poder en 2027.
Lo viejo ya no convoca y lo nuevo aún no exhibe su forma final. La política neuquina sigue en plena transición: en este nuevo tablero, el desafío no será solo ganar elecciones, sino construir un nuevo sentido para la política en una provincia clave: es el motor energético del país. Vaca Muerta la ubica en el centro de la escena nacional, y lo que aquí se decida impactará en el desarrollo de la Argentina en los próximos años.
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