Uno de los símbolos más representativos de la rebeldía neuquina es el recuerdo de una tranquera y un alambrado. Los derribó la intrepidez de un grupo de vecinos que avizoraron una ciudad en imparable crecimiento. Así, le dieron más sentido a su nombre en el significado original en lengua mapudungun: Neuquén es impetuoso, atrevido, audaz.
La antigua tranquera de los ingleses es hoy una reja prolija de madera rematada por un arco que contiene referencias de su historia como tantos hitos que se encuentran emplazados en la ciudad. Pero encierra una historia llena de riqueza.
Así lo explicó el historiador Rubén Apolonio: “Cuando llega el Tren del Ferrocarril del Sud a Neuquén y después prosigue el tendido de las vías hasta Zapala en lo que se conoce como “punta de rieles”, era una empresa de capitales ingleses, por lo tanto, se conoció como “La tranquera de los ingleses”.
"La llegada del Tren significó un impulso en el crecimiento demográfico y comercial de la ciudad, y tal vez este hecho tan importante le diera el poder al Jefe de estación de construir una especie de muro, trazando un alambrado que iba de Este a Oeste a la vera de las líneas del ferrocarril y que ni bien anochecía cerraban la única tranquera, incomunicando así a la joven ciudad entre los habitantes que vivían al norte de ese muro de los que vivían al sur", dijo.
"Esto implicaba una imposibilidad de comunicación y paso de personas entre las zonas de lo que siempre se llamó, “El Alto” y “El Bajo” de la ciudad de Neuquén. Era casi una situación inconcebible que una empresa privada tuviera injerencia en decisiones sobre el espacio público que solo el Estado puede tomar", agregó sobre una decisión que, hasta hoy, marca una frontera invisible en la ciudad.
"En 1935, el Presidente del Consejo Municipal, Amaranto Suárez, después de agotar todas las instancias administrativas para que retiraran la tranquera y en definitiva el alambrado, le da en una última carta con un mes de plazo para hacerlo. Un 12 de marzo, con la asistencia de la Policía del Territorio, levantó toda la línea de alambrado con la tranquera incluida”, señaló.
El investigador y divulgador de la historia neuquina, Oscar Marichelar, que es guía del Museo Paraje Confluencia, detalló el contexto nacional en el que se produce este hecho histórico:
“A principio de los años de la década del 30, nuestro país vivía años convulsionados. El golpe militar que derroca al Presidente Yrigoyen transforma la realidad nacional por completo. Por entonces, el Gobernador del Territorio Nacional de Neuquén, Pedro Antonio Moreno, es reemplazado por Ernesto Mastropiedra cuya gestión duró 2 años, a quién sucedieron diversos interventores, muchos de los cuales de extracción militar. Los movimientos sindicales y anarquistas impulsaban protestas ante las desigualdades sociales entre las que destacaban la monopolización de los servicios públicos”, dijo.
"La dimensión de la figura de Amaranto Suárez que resuena cotidianamente en el imaginario de los neuquinos cada vez que recorren la calle que lleva su nombre, es un dato fundamental, para entender la trascendencia de aquel pronunciamiento “Le vamos a derribar la tranquera a los ingleses”, aclaró.
Y repasó la historia de este héroe de la neuquinidad: “Amaranto Suárez fue un ciudadano uruguayo, nacido en San José en 1889 y que, a los 14 años, junto a sus dos hermanos salieron de su país, yendo primero para Buenos Aires, en dónde estudió en la Escuela de Mecánica de Parque Centenario destacándose por sus conocimientos, aunque más que nada, por sus dotes como buen conductor de automóviles. Posteriormente se traslada a la provincia de Chubut para desempeñarse como chofer del gobernador, quien a su vez lo pone en contacto con el Gobernador Neuquino Eduardo Elordi".
"En Neuquén, Amaranto Suárez se emplea en el naciente proyecto de transporte de pasajeros y encomiendas, que unía la ciudad de Neuquén con Bariloche y otros puntos del interior, destacando como anécdota de color que en algún momento le tocó trasladar al por entonces Presidente de los Estados Unidos Theodore Roosevelt", dijo.
"Se relacionó también con figuras políticas de carácter nacional como la Dra. Alicia Moreau de Justo y al constitucionalista Carlos Sánchez Viamonte, a través de los cuales, funda el Partido Socialista de Neuquén. Su participación ciudadana se fue consolidando cada vez más hasta llegar a la Presidencia del Concejo Municipal de la ciudad desde 1934 a 1936 cubriendo el cargo equivalente a lo que hoy sería el de intendente", agregó.
"En su mandato se dio impulso al comercio local, el ordenamiento de la higiene de los locales a través de diversas ordenanzas. Estableció también los primeros surtidores de combustible y el emplazamiento de nichos en el cementerio local. Fue un avanzado en la reglamentación del cuidado de los animales domésticos, como los perros y los gatos en el ámbito urbano, además de prohibir que ataran a los caballos en los postes de luz, ya que eso representaba un riesgo en aquellos tiempos de creciente progreso", afirmó.
"Amaranto Suárez fue uno de los precursores de lo que después va a ser la Cooperativa de Luz, enfrentándose una vez más a los empresarios ingleses quienes tenía el monopolio de la antigua usina de energía eléctrica”, indicó.
La tranquera de los ingleses se había transformado en una fastidiosa cicatriz que se extendía por la faz de la ciudad y se atravesaba en su crecimiento. Hoy está vigente como un hito histórico entre tantos, pero su trascendencia es necesario reanudar su significado.
La importancia del hito de “La tranquera de los ingleses” radica en el posicionamiento que tomaron, en algún momento, los vecinos de la ciudad de Neuquén, imponiendo sus derechos ante las prerrogativas de una empresa privada.
Buscaban circular libremente, sin la limitación de la barrera que representaba la tranquera, teniendo en cuenta el espacio propio de los terrenos del ferrocarril, pero privilegiando el interés público ante las imposiciones del interés privado. Así, buscaban liberar un paso, que interconectaba de un modo más integral el espacio de la ciudad.
En el Neuquén de entonces, el comercio era la actividad económica más importante, por esto es que el Ferrocarril tuvo una trascendencia de peso para su desarrollo. Otras actividades económicas no eran tan importantes, por ejemplo, en el caso de la producción ganadera, las personas que venían a vivir a la zona, traían consigo sus propios animales y los faenaban en sus patios y en el caso de la actividad agrícola era más bien de subsistencia que de producción intensiva.
El origen del Alto y el Bajo
"Siempre existió una diferenciación económica entre "El Alto" y “El Bajo” que fue como se fueron conociendo ambas zonas, siendo la primera la que tenía el mayor valor fiscal de las tierras, en parte por la instalación de los primeros edificios públicos como el edificio de la Gobernación, la sede de la Municipalidad y el Juzgado letrado y otros edificios de importancia, que hicieron que el valor de las tierras subiera y determinara quienes podían comprar propiedades en Neuquén. No necesariamente personas “ricas” pero, sí con cierto nivel de ingresos como era el caso de profesionales o pioneros ya consolidados económicamente", dijo Marichelar.
"En “El Bajo” se van a formar los barrios populares. La mayoría de sus pobladores se nucleaban en torno a los primeros comercios, como fueron los primeros bares y “Almacenes de Ramos Generales” y el primer Cine y Salón de Baile de la zona. Surgirán, posteriormente, los primeros barrios como “Villa María”, “Villa Florencia” y muchos otros más. Lugares mucho más poblados que el “Alto” con vecinos de mucho menor poder adquisitivo pero grandes emprendedores que hacían crecer con fuerza la floreciente actividad comercial", aclaró.
La idea del “El Alto” y “El Bajo” también está reforzada por la disposición del espacio geográfico en el que las bardas como meseta ostentan una ubicación predominante. Hasta hace no mucho, también existía una concepción dicotómica y peyorativa porque cuando “alguien del Alto” le decía a otra persona que era del “Bajo” lo trataba básicamente de pobre.
Existen muchas interpretaciones acerca de la importancia de la retirada de la “Tranquera de los ingleses”. De hecho, el Jefe de la Estación del Ferrocarril manejaba prácticamente toda la circulación entre “El Alto” y “El Bajo” de Neuquén, ya que el otro paso que existía estaba ubicado cerca del Puente Ferroviario, ubicado muy lejos el centro de la ciudad, a casi 2 km y medio de la tranquera.
Hoy que podemos reflexionar sobre el desarrollo de una ciudad que crece horizontalmente hacia el Oeste en los que se ubican los barrios populares y verticalmente en el “centro” de la ciudad. Nos queda el desafío de pensar también en cómo se eleva, desmesurada, a partir de la creciente construcción de edificios de departamentos inhabitados del centro y pensar como el Minotauro del cuento de Borges “La Casa de Asterión” que los cielos se han convertido en nuestro propio laberinto. El hito de la Tranquera nos recuerda que siempre tenemos por delante nuevos desafíos.
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