¿Liberación o control? El día en que Estados Unidos decidió el destino de Venezuela
La captura del líder chavista marca un hito en la geopolítica de América Latina. Entre el intervencionismo de Trump y el festejo de Milei, se abre un escenario de incertidumbre sobre la soberanía y el petróleo.
La madrugada del 3 de enero de 2026 quedará grabada como el día en que la teoría de la "máxima presión" de Estados Unidos se transformó en una realidad de fuego y estruendo. La captura de Nicolás Maduro no es solo un éxito militar para la administración de Donald Trump; es la culminación de un proceso de asfixia que terminó por desplomar uno de los regímenes más resilientes de la historia moderna de América Latina.
Desde el punto de vista del análisis político, la operación "quirúrgica" ejecutada por las fuerzas especiales estadounidenses en puntos como Fuerte Tiuna y La Carlota representa un mensaje disciplinador para la región. Trump no solo sacó a Maduro del poder, sino que lo hizo bajo la etiqueta de "narcoterrorista", vinculándolo directamente con el Cartel de los Soles.
Esta calificación es la que le permite hoy al republicano justificar lo que muchos consideran una violación a la soberanía, pero que la Casa Blanca presenta como una limpieza necesaria contra el crimen transnacional.
El anuncio de que Estados Unidos dirigirá Venezuela hasta lograr una "transición ordenada" es, quizás, el punto más polémico y relevante para el futuro cercano. Trump ya adelantó que empresas norteamericanas tomarán las riendas de la infraestructura petrolera para "generar ingresos". Aquí el análisis se vuelve económico: el control del petróleo venezolano vuelve a ser el eje central de la disputa geopolítica, bajo la promesa de una reconstrucción que, inevitablemente, llevará el sello de Washington.
Este escenario plantea interrogantes profundos. ¿Es posible una transición "adecuada y juiciosa" bajo la tutela de una potencia extranjera? La advertencia de una "segunda ola" de ataques sugiere que la resistencia interna del chavismo es todavía un factor que la inteligencia estadounidense sigue de cerca.
En este tablero, la figura de Javier Milei emerge como el aliado más ferviente de la avanzada norteamericana. El presidente argentino no dudó en calificar el hecho como un "nuevo renacer de la libertad". Para Milei, la caída de Maduro es una victoria personal contra lo que él denomina la "izquierda radical" y el "socialismo" que, según su visión, ha contaminado las democracias de la región.
El alineamiento de la Casa Rosada con Trump es total. Al celebrar la captura, Milei no solo convalida el método, sino que empuja a la Argentina a una posición de liderazgo en el nuevo orden regional que busca imponer Estados Unidos. El mandatario argentino ve en la captura del líder del Cartel de los Soles el fin de una era de "infiltración" ideológica y criminal en el continente.
La caída de Maduro abre una herida en el concepto tradicional de soberanía nacional, pero también cierra un ciclo de décadas de conflicto interno y crisis humanitaria. Lo que suceda en los tribunales de Nueva York con la fiscal Pamela Bondi y en las calles de Caracas definirá si este operativo fue realmente una liberación o el inicio de una nueva forma de control colonial en el siglo XXI.
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