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La Mañana natación

Nació sin brazos, gana medallas en natación adaptada y sueña con convertirse en abogado

Para Pedro, la discapacidad con la que convive desde su nacimiento nunca fue un impedimento. Hoy practica natación y estudia en la universidad.

En el agua encontró un lugar donde la discapacidad con la que nació no representa ninguna barrera. Se mueve con una soltura que sorprende a quienes lo ven por primera vez, pero la pileta no le pide manos: le pide constancia, técnica y ganas. Y eso tiene de sobra.

Pedro Marquina tiene 30 años, nació y creció en Neuquén, donde hoy vive junto a su madre. Nació sin brazos, aunque eso nunca fue un impedimento para él. Desde pequeño entendió que el mundo está hecho para personas con manos y que tendría que encontrar su propia forma de moverse en él.

Cuando era chico le pusieron prótesis y supo de inmediato que no eran para él. Eran pesadas, poco funcionales, ajenas. Las descartó sin drama y siguió adelante con lo que tenía: sus pies, su voluntad y una capacidad de adaptarse que hace que todo parezca fácil. "Uno va creciendo y ya sabe cómo tiene que hacer las cosas. Uno o dos pasos más que los demás, pero puedo hacer de todo”.

Su infancia en Neuquén

La etapa escolar podría haber sido difícil. Y en parte lo fue, aunque no por las razones que uno esperaría. Sus compañeros de la escuela primaria 202 de Neuquén no lo trataron con diferencia ni le hicieron sentir que era distinto. Al contrario: fueron los mismos niños quienes le tendieron una mano amistosa desde el primer día.

"Ellos eran super comprensivos. A mí me costó adaptarme porque soy medio de cerrarme, ellos intentaban que me abriera", reconoce asumiendo su lado más tímido. Mientras sus compañeros intentaban acercarse, él ponía distancia. Distancia que de a poco y con la perseverancia del grupo se fue acortando cada vez más.

Pedro- Joven nadador con discapacidad (2)

Con el tiempo eso fue cambiando. Terminó la primaria en esa misma escuela y el secundario en el CPEM N° 2, y fue creciendo también en la capacidad de vincularse, de confiar y de aceptar nuevos vínculos.

Deportista desde siempre

Su discapacidad nunca fue un limitante a la hora de hacer deporte. De chico jugó al fútbol y practicó taekwondo. La natación también estuvo presente desde temprano, aunque durante años fue solo eso: ir a la pileta, entrenar un rato y volver. Dentro de los estilos, mariposa es su favorito, mientras que pecho le exige más porque solo puede usar la patada.

Pedro- Joven nadador con discapacidad (4)

El momento en el que comenzó a tomarse enserio el deporte llegó en 2023. Ese año viajó por primera vez a competir a Chile, a los Juegos de la Araucanía, sin saber muy bien qué podía esperar.

Para su sorpresa, volvió con medalla de oro y de plata, y con una certeza nueva: esto era para él. Desde entonces no paró. Compitió en Buenos Aires, volvió varias veces a Chile y en 2024 participó en un Open de natación adaptada junto a atletas que semanas después viajarían a París a representar la bandera en los Juegos Paralímpicos.

Pedro- Joven nadador con discapacidad (5)

De las competencias no solo se lleva medalla, sino también vínculos que fue formando en cada viaje con las personas que conoció al borde de la pileta. “Esa es la mejor parte”, cuenta.

De vuelta al aula

El deporte no es el único frente en el que Pedro avanza. Después de haber intentado estudiar recursos humanos hace algunos años, finalmente se decidió por abogacía y actualmente se encuentra cursando su segundo año en la UFLO y esta vez va bien.

Se inclina por el derecho penal, aunque reconoce que todavía tiene tiempo para definirlo. Con el estudio, le cuesta dedicarle tanto tiempo a la natación como hacía antes pero aún así logra organizar sus días entre materias y entrenamientos.

Pedro- Joven nadador con discapacidad (6)

En casa lo espera su mamá, que lo ayuda y acompaña en el día a día. "No tengo trabajo todavía y es difícil irse a vivir solo ", cuenta sin vueltas. Sin embargo, la convivencia no es un inconveniente, sino un sostén.

Un ejemplo de perseverancia

Pedro no llegó hasta acá solo, tuvo el acompañamiento de su familia y personas que apostaron por él antes de que él mismo lo hiciera. "Quiero agradecer a los profes Seba, Manu y Pato, que fueron los que vieron mi potencial", dice.

Las horas de entrenamiento, la confianza que construyó de a poco, el empujón que lo hizo creer que era capaz de mucho, lo llevaron a ser quien es hoy.

Ahora entrena, estudia, va a la facultar en colectivo, vuelve a casa y puede hacer todo sin ayuda. Ese mismo al que le costó abrirse con sus compañeros cuando era chico, terminó demostrando que los únicos límites son los que uno mismo se pone.

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