A principios del siglo pasado no había otra posibilidad de promocionar los lugares turísticos de la Argentina que no fuera a través de los diarios y revistas de la época aunque, por lo general, los lugares que se recomendaban desde Buenos Aires para pasar las vacaciones de verano eran los tradicionales destinos como Mar del Plata, algunos balnearios de la costa bonaerense o las sierras de Córdoba.
De la Patagonia se hablaba poco y nada. Las distancias eran enormes, los medios de transporte estaban acotados al ferrocarril y los pueblos ubicados en potenciales paraísos cordilleranos recién comenzaban a florecer.
Sin embargo, para los carnavales de 1911 la revista Caras y Caretas incluyó en un extenso artículo algunos lugares inhóspitos del territorio de Neuquén con imágenes de muchas personalidades de la vida política y social de la época que pasaban sus vacaciones en este rincón de la Patagonia.
El artículo en cuestión se tituló “El veraneo en el desierto” y fue ilustrado con fotografías tomadas en pequeños pueblos ubicados a la vera del río Limay como Picún Leufú y Arroyito.
Entre los distinguidos veraneantes figuraban el coronel Manuel Fernández Oro (con su esposa y su sobrina), el doctor Domingo Girotti (oriundo de Bahía Blanca que decidió atravesar Neuquén a caballo para seguir rumbo a Valdivia), Alejandro Sorondo (secretario de la Cámara de Diputados de la Nación) y el doctor Rodolfo Moreno, entre otras personalidades.
“Qué atractivos seductores ofrecerán a los veraneantes las llanuras adyacentes de los ríos Negro y Neuquén. Si dando un paso más llegasen a la cordillera nada tendríamos que preguntar, pero ya que la mayoría se queda entre los médanos de aquel paraje solitario, engolfados en el enorme desierto que se extiende hacia los cuatro puntos cardinales, es cosa de averiguar qué es lo que allá los tiene tan contentos”, dice el texto publicado en la revista al que acompañan numerosas fotografías.
Según el cronista, una de las maravillas son las puestas de sol que se disfrutan en cualquier lugar ubicado a la vera del río. También relata las hermosas postales de Arroyito, el caserío más poblado de la Confluencia a fines del siglo XIX y lugar de paso obligado de centenares de viajeros que tenían como destino a la cordillera o a Chile.
El artículo –no muy extenso- abunda en imágenes de cabalgatas sobre la costa del Limay, carruajes antiguos con los turistas, estampas sociales con las familias de la época descansando o en pleno viaje a caballo y hasta la foto de un hombre recostado entre el pedrerío tomando agua del río, como destacando la pureza del caudal en esas zonas remotas.
“El coronel Fernández Oro, el señor Casterás, los ingenieros Cerdeña y Factori y el señor Alejandro Sorondo, que se daban a sí mismos el título de pioneros del verano, vieron pasar hace poco delante de sus vivaques una caravana de cuatro hombres y dieciséis caballos. Eran los señores Videla Dorna (hijo), doctor Felipe Madariaga y Samuel Terrero acompañados de un peón. ‘¿A dónde van?’, le preguntaron. ‘Hacemos una excursión al Nahuel Huapi’, contestaron ellos tranquilamente. Y de Neuquén a Nahuel Huapi hay una tira de 160 leguas”, relataba con asombro el cronista.
Dentro de la misma sección de turismo de verano que tiene la revista, hay una página completa dedicada a la glamorosa Mar del Plata de principios del siglo pasado, aunque son nada más que fotos de hombres y mujeres ataviados con trajes y vestidos elegantes caminando por la rambla o tomando el té en el Torreón, en Playa Chica o en el Faro. Cada imagen tiene un epígrafe para identificar a los de la “alta sociedad”, continuos habitués de los destinos exclusivos.
Todo el glamour de la playa con los lujos y los reflejos todavía deslumbrantes de la “belle époque” que tenía como protagonistas a las familias más aristocráticas de la Argentina se contrastan con los paisajes naturales y los pueblos incipientes, pero no menos hermosos que ofrecía la Patagonia desconocida.
Pasaron 113 años de aquella publicación. Probablemente haya sido la primera que mostraba al territorio de Neuquén como una alternativa para pasar las vacaciones.
Hoy queda como testimonio de que alguna vez fueron muchos los que apostaron a visitar estas tierras desérticas y desconocidas, sin que les importaran las comodidades o las distancias.
El paso del tiempo y el trabajo de los pioneros demostraría que no estaban para nada equivocados y que las vacaciones en Neuquén dejarían de ser una opción solo para excéntricos aventureros adinerados.
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