El invierno dejó un déficit histórico pocas veces visto, según la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas. ¿La solución? Una tormenta salvadora en estos meses.
La falta de lluvias y nevadas intensas en la cordillera de Neuquén este año y el panorama de sequía encendió las alarmas sobre la disponibilidad de agua para el próximo verano. Entre un 40 y 60% menos de agua está ingresando a los embalses, según las mediciones de la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas (AIC).
No es que falte el agua en los embalses, sino que las proyecciones de los deshielos (ante la poca nieve acumulada en las altas cumbres) hace que en los meses de octubre y noviembre no haya tanta disponibilidad como el año pasado. Los registros están muy por debajo de la media histórica, que se mide desde 1997 hasta la actualidad.
Horacio Collado, referente del área técnica de la AIC, explicó que los caudales se controlan en puntos estratégicos como Barreales, Mari Menuco, y en estaciones como La Higuera, ubicada a unos 60 kilómetros de los embalses, donde se realizan algunas de las mediciones.
“Ahí medimos el caudal, la altura de cara y los caudales, y lo mismo en el Limay, antes de Alicurá, en Collón Curá”, detalló a LMNeuquén. “Con esas mediciones bien calibradas, vamos midiendo los caudales que van entrando a los embalses y los niveles de los embalses”, sostuvo.
Alerta por la falta de agua en Neuquén: sequía en la cordillera
Collado advirtió que desde mayo hasta julio las lluvias estuvieron muy por debajo del promedio histórico en la provincia de Neuquén, en todas las cuencas. “Los caudales de lluvia estuvieron del orden del 40 al 60% de lo que sería habitual. Llevamos 120 años de mediciones y esto marca una situación excepcional”, señaló.
El déficit de lluvias quedó claramente reflejado en los registros de mayo, un mes clave para la acumulación de agua que después nutre los embalses.
Según los registro hidrológicos de la AIC, históricamente, en la estación Puente Andacollo caen cerca de 160 milímetros, pero este año apenas se midieron 60 milímetros. En Las Lagunas, donde se esperan en promedio 350 milímetros, la lluvia acumulada fue de unos 310 milímetros, también por debajo de lo esperado.
En Butalón Mallín, los pluviómetros marcaron 120 milímetros, contra un promedio histórico de 150 milímetros. En La Higuera, donde suelen registrarse alrededor de 200 milímetros, el acumulado de mayo fue de 140 milímetros. Y en Caviahue, el contraste fue aún más notorio: apenas 240 milímetros frente a los 320 milímetros habituales.
En la mayoría de las estaciones de la subcuenca Neuquén, el déficit osciló entre un 40 y 60%, lo que confirma una tendencia muy preocupante: un invierno mucho más seco, con menos agua de lluvia y menor acumulación de nieve en la alta cordillera.
Un futuro incierto
La situación se agrava por la escasez de nieve. “El aporte de los embalses proviene tanto de lluvias como de nieve, y este año el derretimiento de septiembre y octubre será magro porque hay mucha menos nieve acumulada en las estaciones de los lagos”, advirtió Collado.
Por ejemplo, en Portezuelo Grande se debería mantener un ingreso de alrededor de 210 metros cúbicos por segundo. Sin embargo, ese nivel será difícil de sostener si no se registran nuevas precipitaciones o nevadas en los próximos meses.
“Con el promedio histórico, el año pasado el ingreso estuvo dentro de la media. Este año, en cambio, es claramente menor, lo que genera un riesgo para la gestión del recurso hídrico y el suministro durante el verano”, concluyó Collado.
Desde el organismo advirtieron que, de mantenerse estas condiciones, la escasez de agua podría afectar no solo a la producción hidroeléctrica, sino también al consumo urbano y agrícola. En ese escenario, se vuelve clave un manejo responsable del recurso hídrico en los próximos meses para evitar un verano de restricciones.
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