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La Mañana Congreso Nacional

Un Congreso devaluado que busca hacer pie

A pocas semanas de las elecciones que definirán su composición, las cámaras buscan recuperar su poder real limitando los DNU.

Los votos del Senado le dieron media sanción a un proyecto de ley que busca limitar el alcance de los Decretos de Necesidad y Urgencia. A pocas semanas de las elecciones que definirán la composición de ambas cámaras legislativas, el Congreso Nacional puja por recuperar parte del poder real que una vez perdió en manos de las intenciones hiperpresidencialistas. Si los diputados le dan el visto bueno a la iniciativa, tener la mayoría en las cámaras será más importante que antes. Pero también deberían ganar protagonismo la búsqueda de consensos y la recuperación en la calidad del debate que parece haberse perdido por completo.

Las debilidades del sistema de división de poderes parecen haber sido denunciadas desde las épocas de Montesquieu. La Justicia siempre es cuestionada de responder al poder de turno y sólo juzgar los delitos de los gobernantes una vez que abandonaron sus cargos. El Congreso, concebido como un espacio de debate, diálogo y consejo, se suele ver reducido ahora a un teatro de manos que se levantan sin una discusión verdadera.

Por la proximidad de las elecciones legislativas, los debates de Diputados y Senadores cobraron más protagonismo. Y así, bajo los focos, exhiben sin pudor un rosario de chicanas, de peleas casi infantiles y un debate devaluado que parece socavarse a contramano de sus propias dietas, que aumentan en total desconexión con la realidad de muchos de sus potenciales electores.

El proyecto aprobado por el Senado es un paso en firme hacia la recuperación de un equilibrio institucional que, desde 2006, convirtió los decretos en atajos presidencialistas que tenían muy poco de necesidad y muy poco de urgencia. Pero al Congreso todavía le queda mucho por hacer para recuperar su propia legitimidad desgastada, con debates vacíos y la violencia verbal -y hasta física- como engranajes en la búsqueda de consensos imposibles.

Las bancas, otrora concebidas como premios honoríficos para los que representaban las necesidades de sus provincias o daban sabios consejos a los que gobernaban, se convirtieron ahora en refugios para los apartados políticos que buscan sus fueros o en trincheras de oportunistas que tejen y destejen alianzas, arman y desarman bloques más por su antojo que por sus principios.

Si para las elecciones de octubre se vaticina una apatía extrema y falta de participación del electorado, no es sólo por ese poder testimonial de un Congreso que disfraza de republicanismo los abusos del Ejecutivo; es también por la propia falta de empatía que tienen los legisladores con el pueblo a quien dicen representar.

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