Martín Inostroza tiene 26 años y tras atravesar problemas de salud mental creó a Beta, un velociraptor que recorre ferias y eventos con un mensaje de superación.
En medio de ferias, plazas y eventos de Neuquén, un velociraptor animatrónico capta todas las miradas. Se mueve, parpadea, emite sonidos y parece salido directamente del universo de Jurassic Word. Los chicos se acercan sin dudar, lo abrazan, se sacan fotos y viven por unos minutos una experiencia jurásica inolvidable.
Detrás de ese dinosaurio electrónico, bautizado Beta, hay una historia mucho más profunda que la del entretenimiento: es la historia de Martín Inostroza, un joven neuquino de 26 años que decidió escucharse, priorizar su salud mental y reinventar su vida.
Martín es asistente de veterinaria. Se formó en Neuquén, trabajó en distintas veterinarias de la provincia y también en Río Negro. Durante años, su rutina estuvo ligada al cuidado de animales, la atención al público y las exigencias propias del trabajo en consultorios. Sin embargo, mientras cumplía con sus tareas, por dentro atravesaba una etapa muy difícil. Ataques de pánico, estados depresivos, noches sin dormir y una tristeza persistente comenzaron a marcar su día a día.
“Estaba atravesando momentos muy duros de salud mental y trabajaba en un entorno donde no se comprendía eso. Llegué a escuchar comentarios como que la depresión o los ataques de pánico eran una boludez”, recordó. Esa falta de comprensión terminó siendo un punto de quiebre. “Eso me hizo escucharme y priorizarme. Tomé la decisión de renunciar a mi trabajo”, contó.
Lejos de ser una salida fácil, la renuncia implicó incertidumbre, miedo y dejar atrás la seguridad de un ingreso mensual. Pero también abrió una puerta inesperada: la posibilidad de convertir una pasión de toda la vida en un proyecto propio. Así nació Beta, un velociraptor animatrónico que hoy recorre ferias, cumpleaños y eventos privados, llevando alegría, educación y un mensaje de fondo que Martín considera fundamental: hablar de salud mental importa.
Amor por los dinosaurios
Desde chico, Martín fue fanático de los dinosaurios y de las sagas Jurassic Park y Jurassic World. “Siempre me fascinaron. Veía videos, documentales, películas. Tengo amigos que viajaron a Universal Studios, en Orlando, y mostraban la magia de los dinosaurios animatrónicos. Ahí empezó a surgir la idea de traer un poquito de ese universo a Neuquén”, explicó.
El proyecto no fue improvisado. Aunque tenía claro qué quería, no fue fácil encontrar quién pudiera hacerlo realidad. “Busqué mucho tiempo alguien que fabricara un dinosaurio así, porque la idea viene de afuera. Finalmente encontré a una persona en Misiones que se dedica a esto”, relató . El proceso llevó alrededor de cuatro meses y demandó una inversión superior al millón de pesos. “Lo hicimos en conjunto: yo le iba dando indicaciones de cómo lo quería, inspirado en las películas, y ella se encargó de la mano de obra. Después me lo envió”, detalló.
Beta es un dinosaurio animatrónico: mueve los ojos, emite sonidos, tiene expresiones y un sistema interno que permite manejarlo desde adentro. “Yo meto la mano dentro del dino y desde ahí tengo los controles. Es como un robot”, explicó Martín, que aprendió a manejarlo y darle vida en cada presentación.
Hace apenas tres meses que Beta salió a la calle por primera vez. El impacto fue inmediato. “Cada vez que publicamos dónde vamos a estar o la gente se entera, se acercan y nos dicen ‘vinimos especialmente por ustedes’. Los chicos nos abrazan, viven una experiencia única. Eso me llena el corazón”, contó emocionado.
En las ferias, Martín suele hacer arte callejero y fotos a colaboración. Las familias aportan lo que pueden, desde dos mil hasta quince mil pesos, un gesto que él valora profundamente. “No es solo la plata, es el cariño, el reconocimiento, la buena onda. Eso me sostiene”, afirmó.
Además de ferias, Beta participa en cumpleaños y eventos privados, con propuestas de shows básicos y completos. “Ya tengo precios armados y me contactan bastante”, contó. En marzo, incluso, participarán de la convención de animé Animacom, que se realizará en marzo próximo en Cipolletti, lo que marca un nuevo paso en la proyección del emprendimiento.
En su día a día, Martín no está solo. Lo acompaña Pancho, su perro terapéutico, al que define como su mejor amigo. “Es el que me calma y me acompaña en mis crisis. Para quienes estamos solos, los animales son nuestra familia y el sostén de nuestro día a día. Merecen mucho más reconocimiento”, destacó.
Hoy, aunque reconoce que no cuenta con el ingreso fijo que tenía trabajando en una veterinaria, Martín aseguró que volvió a sentirse bien. “Sigo eligiendo estar tranquilo, feliz. Todos los días que salgo y veo a los nenes, a las familias que se copan con Beta, llego a mi casa con una sonrisa. Eso no me lo cambia nadie”, aseguró.
Más allá del dinosaurio y del emprendimiento, Martín quiere que su historia deje un mensaje claro. “Hablar de salud mental importa. Escucharse importa. Priorizarse no es egoísmo. Invito a quienes todavía no están informados a que se informen y apoyen a sus familiares, porque muchos lo ven como algo sin importancia, hasta que les toca vivirlo”.
Con Beta, Martín no solo creó un espectáculo. Construyó una herramienta para educar, emocionar y, sin saberlo, sanar un poco en cada abrazo de un niño. Su proyecto se puede contactar a través de Instagram en @betajurassicok, donde comparte las presentaciones y el recorrido de este velociraptor que, en Neuquén, ya se ganó un lugar en el corazón de grandes y chicos.
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