Mientras todos dormían, tomó una aguja y 9 metros de tela. "Quise que Zapala tenga un motivo más de alegría", dijo. Hoy, 40 años después, Argentina vuelve a enfrentar a Inglaterra.
Tomó una aguja en silencio. Mientras todos dormían, en la mesa de la cocina, empezó a cortar y pegar. No era modista. Era hincha. Un mes después, Mario Millain de Zapala terminó una “camiseta bandera” de 4 metros de largo por 3,5 de ancho. Celeste, con cuello V blanco, el 10 en la espalda y el escudo de AFA de época.
Lo mismo que hicieron, apuradas y con amor, aquellas mujeres en México 86 que le cosieron a mano el escudo y los números a la camiseta que usaría Diego contra Inglaterra.
Hoy, 40 años después, la historia quiso que se repita. Argentina vuelve a enfrentar a Inglaterra. Y en Zapala, Mario ya tiene lista su celeste azulada.
La locura que empezó con un "nadie me creía"
"Soy fanático del Diego. Fanático de Boca, como toda mi familia. Y se me ocurrió hacer en mi casa una bandera y nadie me creía", contó Mario entre risas en diálogo con LM Neuquén.
La idea nació por los 40 años de "La Mano de Dios". Quería llegar para el partido inaugural, pero no le daban los tiempos. Así que fue de a poquito.
"Arranqué comprando la tela. Fui a conseguir celeste. Me dijeron 'no tengo celeste, tengo esta'. Listo, me coincide", relató. Y así de simple, pero a la vez complejo comenzó ese camino para construir una réplica “gigante” de la camiseta del eterno 10 albiceleste.
Un mes, fotocopiadora y mucho corazón
Lo más difícil no fue la tela. Fueron los detalles. “Quería que sea todo de época. La misma marca de camisetas, todo", relató el improvisado costurero de la “ciudad del viento”. Entonces, se fue a la fotocopiadora de la esquina. Midió, sacó escala, pidió que le impriman el escudo de AFA grande. Lo cortó pieza por pieza y lo pegó.
"El del gallito fue el que más me costó. Llevaba letras chiquitas. Cortar, marcar, calcar y pegar", admitió. Para la tela compró 8 metros y los unió. "Me quedaba chica, así que le agregué un metro y medio más a los costados para hacer las mangas", detalló.
A última hora del lunes terminó el brazalete de capitán con la mano dibujada. "La Mano de Dios tenía que estar", remarcó.
La celeste azulada del 86
La bandera de Mario es celeste por algo. Esa fue la camiseta que Argentina usó contra Inglaterra en cuartos de final del Mundial México 86.
Como ambos equipos jugaban de blanco, la AFA compró apurada camisetas lisas celestes azuladas el día anterior al partido. Se las cosieron a mano. Esa camiseta después la intercambió Diego con el centrocampista inglés Steve Hodge y se volvió leyenda.
"A esa la quería hacer. De época", señaló Mario. Y desde su inexperiencia en la costura, forjó una para darle a Zapala un motivo más de alegría.
Familia, Boca y el sueño
Mario no está solo. Lo bancan su hija Agustina y su compadre Mauro "Toti" Villablanca. "Somos un grupito de familia y amigos. Todos fanáticos de Boca. Hacemos todo de corazón", dijo. Le aguantaron "ocupar la mesa y quedarse hasta la madrugada pegando". El sueño va más allá de Zapala: "Ojalá se haga popular. Le hemos mandado mensajes hasta a la familia Maradona. Mi gran recompensa sería que las hijas de Diego o Claudia me mandaran un saludito. Ese sería el mejor premio", enfatizó el creador del nuevo símbolo para Zapala.
La pasión de Mario no termina. Tiene la casa "toda adornada con Diego". Juega al fútbol en el equipo veteranos de Deportivo Mariano Moreno y armó su equipo en Zapala: Atlético Palermo. "Soy muy fanático de Martín Palermo", confesó. Ahora va por un “barrilete” con la Mano de Dios para el esperado festejo de este miércoles.
Mario no esperaba notas. Solo quería que la gente la disfrute. "La quería hacer yo a mi manera. La quería para el festejo, para que sea una fiesta distinta en el Mundial", enfatizó.
Y el destino quiso que justo ahora, a 40 años, se vuelva a jugar con Inglaterra. Con la misma camiseta. "Ojalá se vuelva a repetir el resultado. Y con alguna hazaña épica del gran capitán Messi", tiró Mario con mucha esperanza y optimismo.
Nueve metros de tela, un mes de trabajo de madrugada, y el corazón de un hincha. Porque a veces la historia no se escribe solo en una cancha. A veces se cose en una cocina de Zapala.
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