Vaca Muerta, un talismán en las urnas
No hay, en 40 años del retorno a la democracia, unas vísperas de elecciones que hayan transcurrido en el país con tanto dramatismo, crispación e incertidumbre.
En este escenario, Neuquén se juega mucho más de lo que pudiese influir en tanto distrito marginal en término de votantes (1,56% del padrón nacional).
La Provincia tiene motivos para afligirse, toda vez que Vaca Muerta se transformó en un talismán para las principales fuerzas en liza y porque buena parte de los proyectos de infraestructura para transportar el gas de la cuenca local parecen rodar como la bola adentro de una ruleta en un país donde las contramarchas suelen ser normales.
En efecto, toda la cadena de producción hidrocarburífera está al pendiente de lo que resultará de las PASO, aunque los menesteres de fondo seguirán atados a la suerte de las generales, e incluso a una eventual segunda vuelta. Los efectos del reciente acuerdo con el FMI se verán luego de las elecciones, y con ellos el acceso a los dólares para las operadoras que precisan insumos importados y cuya ingeniería quedó atada con alambres en la Secretaría de Energía hasta después de los comicios.
Neuquén llega a las PASO con sus autoridades consagradas. El gobernador electo, Rolando Figueroa, a sabiendas que el talismán está en su casa, no decantó sus simpatías (públicamente) por ninguno de los candidatos, acaso con la certeza de que, gane quien gane, no podrá dejarlo afuera de ninguna mesa. El dramatismo, la crispación y la incertidumbre, no obstante, son el telón de fondo en el que las autoriades electas cocinan la transición al 10 de diciembre donde otra historia empezará a escribirse.
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