La obra de Javier Témoli cuenta el viaje que un nieto y su abuela de 94 años hacen al pasado para sanar el corazón. El documental recibió numerosos premios en festivales de cine y el próximo sábado se podrá ver gratis en el Cine Teatro Español de Neuquén Capital.
Durante años, Javi escuchó a su abuela Josefa contar lo mucho que le gustaría viajar a España a encontrarse con la verdad sobre la muerte de su papá, necesitaba despedirlo, llevarle flores al cementerio y llorarlo sin los fantasmas de dudas y nostalgia que había construido toda la vida sin él. “¿Y por qué no vas? Yo te acompaño”, le decía su nieto. Hasta que un día, Josefa tomó coraje y le dijo: “vamos”.
Remedios, papeles, pasaje ¿qué ropa vamos a llevar? Quizá esos zapatos sean más cómodos. No es fácil salir de casa, menos si el viaje es a más de 14 mil kilómetros y los protagonistas son una señora de 94 años y su nieto de 24. Por entonces Javi estaba estudiando cine en el IUPA y sintió que ese viaje merecía ser registrado, aunque claro, tenía sus limitantes, en parte porque era de una profunda intimidad y también porque la prioridad era que Josefa cumpliera su objetivo. Sin embargo, siguió su corazonada y guardó las cámaras en la valija.
La historia de Josefa es muy parecida a la de otras familias europeas que llegaron al Valle escapando de las penurias que vivían en sus pueblos. Sus padres hicieron pie en la Chacra de Bouquet Roldán y luego comenzaron a forjar un vergel en Colonia Valentina. Eran agricultores y sabían cómo trabajar la tierra. Josefa nació en Neuquén, cerca de las bondades del Limay, en medio de las frutas y verduras que su familia cosechaba. Ya establecidos, su papá quiso regresar a España a reencontrarse con su tierra natal. Pero en el camino perdió o le robaron los documentos y no pudo volver a Argentina. Durante mucho tiempo, su familia movió cielo y tierra para ayudarlo, pero cuando encontraron cómo, tuvo un pico de presión y murió muy lejos de casa. Josefa tenía por entonces 20 años: la pérdida de su padre abrió una herida inmensa y una serie de preguntas que la acompañaron casi hasta el fin.
El viaje fue una aventura para ambos. Siguiendo las huellas de una vida muy lejana, encontraron nuevas preguntas. Al poco tiempo de volver, Josefa murió y Javi se quedó con cientos de imágenes de ese rompecabezas que ahora le era propio y que le dolía tanto reconstruir que fue postergando por años.
“Hasta que en el proceso de aceptar su partida, me di cuenta que en el documental no sólo tenía que contar su historia, sino también lo que me pasaba a mí. Necesitaba hablar de las despedidas, del tiempo compartido, de aceptar los cierres y resignificar lo que queda. Entonces no sólo es un relato de duelos, también es un homenaje a ella y a su valentía de afrontar su tristeza, de entender que nunca es tarde para sanar lo que nos duele”, explica.
Una historia de película
Los padres de Javi se vinieron a trabajar desde San Luis en 1984, ella como docente, él como mecánico dental. Una señora les alquiló una casita junto a la suya en San Martín 735 y ahí comenzaron a tejer su vida neuquina. Se llamaba Josefa, no había tenido hijos y vivía sola con su marido. El mismo mes en que Javi nació, Josefa quedó viuda. Con los días, fue transformando el dolor en ternura y regalándoselo a ese bebe pequeño que alegraba su patio tan verde y solitario. Cuando la mamá de Javi tuvo que volver a trabajar, Josefa se ofreció a cuidarlo.
“Más allá de los lazos sanguíneos, en la vida uno elige sus amigos, sus tribu y también su familia. En este caso fue una entrega de amor de ella, tenía esa disponibilidad de amar”, dice Javi que la recuerda atajando penales, saltando a la soga, cocinándole cosas ricas, inventando mundos para construirle una infancia en la memora a la que siempre volver con alegría.
El lazo trascendió la infancia y fue creciendo con los años. Josefa está en las fotos, en los recuerdos, en los pequeños detalles, todo lo que va formando moldeando una familia que aunque no era la propia, es la que la sigue abrazando a lo largo del tiempo aunque ya no esté.
—¿Qué quedó de Josefa en vos?
—El amor por la tierra, el gusto por trabajar la tierra. Fue una persona que me inculcó muchos valores, que me enseñó a ser buena persona. Me gusta pensar en ella cada vez que estoy en la huerta, cada vez que pongo cualquier plantita o cuando cocino una torta de manzana o me animo a hacer una paella, ella siempre está ahí.
Cómo contar una historia
Hacer Suerte Josefa implicó construir un nuevo hilo narrativo y un trabajo de montaje exquisito que reordenara los registros de cámara en mano que Javi había hecho en el viaje. “Uno nunca está sólo en un proyecto de estas características, se apoya en un equipo, no sólo desde lo técnico, sino que ese equipo aporte sus miradas a la historia. Aunque esta es una historia muy personal, tiene una raíz del proceso artístico colectivo”, dice.
Ese proceso lo llevó adelante junto al equipo con el que trabaja en la productora audiovisual Frater, que hace más de 10 años lleva adelante un montón de desafíos desde la realización. Para este largometraje, la producción estuvo a cargo de Agnese Boaretto y el montaje y la música, de Juan Manuel Sabio.
En el último FAN (Festival Audiovisual de Neuquén), Suerte Josefa se consagró como la mejor película y recibió una mención del Jurado Joven. También recibió el premio al mejor montaje en el Festival Cine en Grande (Tierra del Fuego).
“Este documental pudo hacerse realidad y ver hoy en una pantalla porque en un principio el proyecto ganó una beca a la creación del Fondo Nacional de las Artes y después un fomento a la finalización de ENCINE. En estos momentos, me parece importante destacar que estos incentivos no sólo son fundamentales desde lo presupuestario, sino que implican un impulso inmenso a la hora de motorizar un proyecto”, explica. Y agrega: “También en la última etapa, recibimos apoyo de la Asociación Española y nos gustó mucho que se interesen por esta historia que también es parte de su huella acá en Neuquén”.
Avant Premier
El sábado 15, a las 20.30hs, en el Cine Teatro Español de Neuquén será el pre estreno de Suerte Josefa, con entrada libre y gratuita. Basta con ir unos minutos antes para no quedarse afuera y para disfrutar en el hall de la presentación musical de los Profesores de la Rondella, dirigidos por el maestro Pablo Sobrino.
La película de Javi nos convoca a darnos el gusto de salir al cine, da revivir el ritual del maní con chocolate, de ese pequeño gesto de arreglarnos para hacer algo que podríamos hacer casa pero que elegimos compartir junto a otras personas. Pero también y sobre todo, es la oportunidad de crear memoria emotiva con una pieza que nos habla de nosotros mismos, de las personas que amamos, de la tierra que habitamos, que nos ofrece la posibilidad de conmovernos con nuestros paisajes y nuestras historias desde otra mirada.
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