El clima en Neuquén

icon
24° Temp
60% Hum
La Mañana Neuquén

8M en Neuquén: tres generaciones de mujeres que enfrentaron la desigualdad y decidieron no rendirse

Una docente que crió sola a sus hijas, una joven militante que denuncia las nuevas formas de violencia y una sobreviviente de violencia de género. Ejemplos de lucha.

8M en Neuquén: Tres generaciones de mujeres unidas por la red invisible que las salvó y las hizo avanzar

Cada 8 de marzo, miles de mujeres vuelven a las calles para recordar que los derechos conquistados no fueron regalos. El 8M no es una celebración: es memoria, reclamo y visibilización. En Neuquén, como en todo el país, las historias cotidianas dan cuenta de desigualdades que persisten, pero también de resistencias silenciosas y colectivas.

En cada barrio de la ciudad hay historias que explican por qué el Día Internacional de la Mujer Trabajadora sigue siendo una jornada de lucha. Verónica, Olivia y Rocío no se conocen entre sí. Viven realidades distintas, pertenecen a generaciones diferentes y recorrieron caminos propios. Sin embargo, las atraviesa un hilo común: la desigualdad patriarcal y la decisión de no quedarse quietas frente a ella.

LM Neuquén entrevistó a tres mujeres a quienes las adversidades no las detuvieron, quienes pudieron tejer sus redes para salir adelante y quienes saben que cada una suma al avance de su país y del reclamo de igualdad de género.

Verónica: construir una casa, una carrera y una familia

Verónica Levio tiene 45 años. Es docente de nivel primario y actualmente es titular en la Escuela de Educación Domiciliaria y Hospitalaria N° 1 de Neuquén. Nació en Ingeniero Jacobacci, vivió en Los Menucos y en el año 2000 llegó a Neuquén con sus dos hijas pequeñas, después de una difícil separación.

8M en Neuquén
Verónica Levio

Verónica Levio

“Me separé en conflicto y decidí salir y buscar trabajo”, recordó. En su pueblo no había muchas oportunidades. En Plottier encontró la posibilidad de estudiar. Se inscribió en el IFD N° 5 donde cursaba desde las 18. Durante el día trabajaba en casas particulares: limpiaba, planchaba, vendía productos. Todo para sostener a sus hijas y poder recibirse.

El padre de sus hijas estuvo con ellas en algunos momentos, pero ella se convirtió en el sostén económico y afectivo de sus hijas. “El respaldo general lo sostengo yo”, contó. Hoy sus hijas tienen 27 y 25 años, viven en Plottier.

El acceso a un terreno del IPVU en el barrio Obrero fue un punto de inflexión. Primero levantaron una casa precaria de madera con la ayuda de su padre, albañil. Después, de a poco, llegó la construcción de material. En paralelo, comenzó su carrera docente: su primer cargo fue en la Escuela 223 de Valentina Sur. Viajaba en colectivo, organizaba horarios imposibles y aprendía a confiar en la autonomía temprana de sus hijas.

8M en Neuquén: tres historias de mujeres

La necesidad económica la llevó incluso a trabajar en escuelas albergue en la ruralidad, en Mallín de los Caballos y luego en Las Coloradas. Durante esos períodos, sus hijas quedaron a cargo del padre y ella volvía los fines de semana. “Ahí nunca te desprendés de ser maestra. Sos un poco mamá también”, explica sobre la experiencia de vivir con sus estudiantes durante la semana.

Volvió a Neuquén porque necesitaba retomar el vínculo cotidiano con sus hijas. Titularizó, hizo doble turno durante años y hasta se endeudó para comprar un auto y reducir las horas de viaje.

Hoy trabaja en educación domiciliaria y hospitalaria. Acompaña a niños y niñas que atraviesan enfermedades, desde fracturas hasta tratamientos oncológicos. “Implica poner mucho lo emocional”, confió la docente, quien también contó con la voz entrecortada que el año pasado falleció uno de sus estudiantes.

veronica levio

Aunque duela, igual elije esta escuela: “Para esto estudié: para enseñar. Y acá puedo atender a cada niño de manera personalizada”.

Para ella, el 8M es una fecha de reivindicación. “Constantemente tenemos que romper estructuras patriarcales. Incluso las que llevamos adentro, heredadas de nuestras abuelas”. Y mira a las más jóvenes con esperanza: “Las que pudimos reconstruir nuestra historia enseñamos para que ellas vivan otra realidad. Eso no lo tenemos que perder”.

Olivia: adolescencias, militancia y nuevas formas de violencia

Olivia Villegas Guajardo tiene 18 años y comenzó la Licenciatura en Trabajo Social en la Universidad Nacional del Comahue. Es neuquina. Hizo parte de la secundaria en la EPEA de Plottier, pero decidió cambiarse.

Olivia Villegas Guajardo
Olivia Villegas Guajardo, militante feminista.

Olivia Villegas Guajardo, militante feminista.

“Había un clima hostil para ser mujer. No te dejaban llevar pañuelos violetas ni verdes. Tuve que discutir con los directivos varias veces", contó. Más allá de la incomodidad institucional, tampoco se sentía identificada con la orientación agropecuaria.

Se cambió de colegio y decidió fortalecer su militancia por fuera del ámbito escolar. “Las adolescencias no somos solo el colegio. Es importante que se nos piense por otros lados”, aseguró.

Olivia Villegas Guajardo
Olivia Villegas Guajardo

Olivia Villegas Guajardo

Su vínculo con el feminismo comenzó desde chica, acompañando a su mamá a las marchas. Pero fue en una convocatoria a batucada organizada por La Revuelta en un 8M -bajo la consigna “En un mundo justo las niñas no son madres”- donde sintió que ese espacio también era suyo. Desde 2020 milita activamente.

“Una no nace feminista, se hace. Se va educando”, reflexionó. Para ella, el 8M representa lo colectivo, la memoria y el abrazo. “Es abrazar a esa que pasó situaciones que no hubiese querido vivir y poder darle herramientas a otras”, destacó.

Olivia Villegas Guajardo

Su mirada generacional introduce un matiz: el patriarcado no desapareció, se transformó. “Hoy hay acoso virtual, hostigamiento en redes sociales. No creo que haya menos desigualdad, sino que es distinta”, contó.

También cuestiona el contexto político y económico actual, al que percibe como adverso para las juventudes. “Es importante defender espacios de militancia adolescente y seguir alzando la voz”, dijo. Sueña con trabajar en barrios populares y, más adelante, estudiar Comunicación Social. Quiere “poner el cuerpo” donde más se necesite.

Rocío: romper el círculo de la violencia

Rocío Gamarra tiene 32 años, es neuquina y es madre de cuatro hijos de 2, 4, 6 y 15 años. Su historia está atravesada por la violencia de género, la pobreza y la pérdida.

Dejó la secundaria en segundo año. En ese tiempo nació su primer hijo y falleció su mamá. Poco después murió su papá. “Quedé en la calle con mi hijito, dando vueltas”, recordó.

8M en Neuquén
Rocío Gamarra

Rocío Gamarra

Con el padre de su hijo mayor sufrió violencia extrema. “Me llegó a cortar con un cuchillo”, contó. Él desapareció y ella tuvo que empezar de cero: alquilar, trabajar, sostener sola. Años después formó otra pareja y tuvo tres hijos. Pero la violencia volvió. Primero verbal, después física. “Terminé con moretones en la cara y en el cuerpo”, dijo. Esta vez decidió pedir ayuda.

Las acompañaron desde la casa integral de las mujeres Aliwenko. Salió de su casa con sus hijos y pasó cuatro meses en el refugio Madre Teresa. “Me quedé en la calle con los chicos”, relató. Allí hizo currículums, recibió acompañamiento y accedió a un aporte económico.

Uno de sus hijos tiene autismo y también logró gestionar el carnet de JUCAID para acceder a derechos de salud.

Rocío Gamarra
Rocío Gamarra, sobreviviente de violencia de género.

Rocío Gamarra, sobreviviente de violencia de género.

Se capacitó en peluquería. A través del programa “Las Mujeres Hacemos” recibió herramientas básicas: tijeras, batas, secador. Hoy vive de los cortes de pelo. “Gracias a ellas salí adelante”, contó emocionada.

El IPVU le otorgó un terreno en el barrio 7 de Mayo y espera la construcción de su vivienda, gestionada a través de la Subsecretaría de la Mujer.

Pero más allá de lo material, su mayor logro es otro: “Si yo hubiera permitido seguir la violencia, era repetir la historia. Mi papá le pegaba a mi mamá. Ella estaba sola. Nosotros éramos chicos y no pudimos hacer nada por ella. Yo no quería repetir eso”, compartió.

Se emociona al recordarlo. Para Rocío, el 8M significa estar viva: “Gracias a Dios tengo vida para poder criar a mis hijos. Es un día para reclamar que no haya más violencia. Queremos ser libres, poder salir tranquilas a la calle”.

Te puede interesar...

Leé más

Noticias relacionadas