Ni Una Menos en clave poética
Pablo Montanaro
Neuquén.- “Tu cuerpo sin grito, sin piedad/ tu cuerpo como un maniquí muerto/ dos veces/ desde la casa del tormento/ hasta la salita”, escribió Gerardo Burton en uno de los poemas referidos al asesinato, previa violación, de Lucía Pérez, de 16 años, en Mar del Plata y que motivó en octubre de 2016 un paro nacional contra la violencia de género bajo la consigna “Ni una menos”. Ese es uno de los catorce poemas que reunió este escritor y periodista -nacido en Buenos Aires en 1951 y que desde 1986 reside en Neuquén- en el libro Heridas que no cierran (publicado por Espacio Hudson), que se presenta hoy a las 19 en el local de ATEN Provincia (Alcorta 863), con la presencia del autor, quien estará acompañado por la activista feminista Ruth Zurbriggen y la poeta Silvia Mellado.
“Es una poesía hecha en la emergencia”, sostuvo Burton en diálogo con LM Neuquén para explicar los motivos que lo llevaron a escribir estos poemas que reflejan la violencia contra las mujeres.
El autor se propuso hacer un cruce entre lo literario y lo periodístico, por eso antes de cada poema se muestra la fotografía del femicida y una breve reseña de cada caso. “En estos textos el varón, que es el asesino, el femicida, está en primer plano. Me interesaba darle otro enfoque a la noticia. Por lo general, en las crónicas de los medios de comunicación la protagonista termina siempre siendo la víctima, incluso se la muestra en imágenes en la playa, en poses provocativas o selfies como si fuera ella misma la autora de su asesinato. En tanto, las caras del hombre aparecen desdibujadas, pixeladas o cubiertas por un rectángulo negro”, explicó.
En los poemas se despliegan diversas voces, la de los femicidas (“te vas/ adonde yo quiera/ y con vos/ tu mamá, tu hermana/ tu hermano y tu sobrino/ porque soy tu dueño”); la de las víctimas (“y por qué/ me matás/ por qué”); la de los familiares (“papá mató a mamá”) y hasta letras populares (“por la calle/ salió a vender/ a veinte, a veinte/ las tripas calientes/ de mi mujer”). Para Burton, estas voces que se entremezclan le sirven para conformar una especie de “paisaje sentimental” de los hechos que están poetizados.
Uno de los asesinatos que más le impactó al autor fue el de Ayelén, de 19 años, a manos de su padre Roque Arroyo en Godoy Cruz, Mendoza. La joven lo había denunciado por abuso y violaciones sistemáticas desde los 12 años. Era madre de un bebé de 1 año, acaso concebido con su padre. “Después de varios días encuentran un pie con un mocasín en un criadero de pollos. Esa imagen para mí fue desoladora, podríamos decir que es la imagen de una cultura donde el patriarcado llegó a la exacerbación”, describió. “Un mocasín entre las plumas/ su pie chiquito/ de pocos caminos, la ropa/ desgarrada, mejillas comidas por la cal,/ y fue su papá/ muerta ayelén, muerta/ya sin rasgos/ muerta/ como los pollos ahí cerca”, escribió en el poema.
Burton afirmó que la poesía de Heridas que no cierran es de emergencia “porque es profundamente política, creo que todo arte es político, y la cuestión de los femicidios lo es más porque refleja un problema de la sociedad actual”.
El escritor se propuso hacer un cruce entre lo literario y los periodístico, por eso antes de cada poema se muestra la fotografía del femicida.
Cuatro historias de Neuquén
En “Heridas que no cierran” Burton retrata los casos de cuatro mujeres neuquinas víctimas de violencia de género. Hay un poema dedicado al caso de María Alejandra Zarza, asesinada por Nicolás Rinaldi, quien había sido su amante, en febrero de 2002. El ataque de Alejandro Lagos, un oficial de la policía de Neuquén, contra su ex novia Magnolia Salas, a quien le disparó tres balazos y sobrevivió, no así su pareja Edgardo Soto, que resultó muerto por seis disparos del arma de Lagos en un hecho ocurrido en el barrio San Lorenzo.
También Burton escribió sobre el intento de asesinato en abril de 2012 de Mario Garoglio contra su mujer Ivana Rosales, que resultó golpeada con una piedra en la cabeza y la encerró en el baúl del auto. La dio por muerta pero sobrevivió. Garoglio también abuso de sus dos hijas, una de ellas se suicidó.
El último caso es el de Noemí Maliqueo, quien tenía 21 años cuando Roberto Váldez la mató de un balazo en la cabeza en el barrio Los Hornitos en septiembre de 2015. Valdez fue condenado a prisión perpetua por femicidio, el primero en la provincia en 2016. Al año siguiente obtuvo la prisión domiciliaria.
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