"No fantaseo con que me llame Marcelo para bailar"
Paula Bistagnino
Especial
Si alguien dijera José María Peña (55) sólo quienes lo conocen muy íntimamente sabrían de quién se habla. Pero basta con decir “Pachu” para saberlo. Y si alguien dice “Pachu y Pablo”, no hay lugar a dudas. “Son años de remar juntos y de cultivar una amistad muy fuerte”, así describe el humorista rosarino su vínculo con Pablo Granados, parte de la dupla creativa inseparable que este año cumplió 25 años de recorrido en clave humor. Incluso, cuando no están juntos en la pantalla craquean proyectos nuevos. Aunque todavía no se pueden develar detalles, el año que viene compartirán elenco en el cine, como ya lo hicieron en las versiones 3 y 4 de Bañeros. En el medio -obvio- cada uno mantiene sus propios asuntos. Especialmente ese año que, reconoce Pachu, vino con mucho trabajo: Peligro sin codificar, Polémica en el bar y una agenda intensa de presentaciones y giras por todo el país con Granados, en el marco de las “bodas de plata” que ambos celebran.
El humor es un condimento fundamental para la vida y lo trato de plasmar en todo. Trato de verles el lado positivo a las cosas”.
“Soy un agradecido de la vida. Es gratificante ver que más arriba o más abajo uno se mantiene, peleándola y dándole para adelante”.
Y en un mundo que cambió bastante desde que vos empezaste...
Es una época diferente, con los youtubers, los chicos que hacen humor por Instagram y todas las movidas que hay en las redes.
Es cierto que hoy la tele está en crisis. Es difícil que alguien se siente en un sillón frente al televisor para ver un programa en un horario determinado...
Tal cual. Pero para mí la tele tiene su magia y no la va a perder nunca. Es verdad que por ahí el programa es tener el televisor de fondo con el celular en la mano, como hacen mi mujer o mis hijas.
¿Vos no hacés lo mismo?
No. Llego a casa y lo dejo cargando. Veo los mensajes al otro día. Todos saben que hasta tal hora me pueden llamar por trabajo, si no, es una locura. No desconectás nunca.
Cambiando de tema, si tuvieras que elegir dos de los tantos personajes que venís haciendo, ¿cuáles serían?
Disfruto de todos, pero me gustan mucho el alemán y la tarotista que a veces sale en el programa (por Peligro sin codificar) y que espero hacer en mi querido Neuquén, que a veces voy a fin de año para animar alguna fiesta con Pichu y Pablo.
¿Y en qué te inspirás para crearlos?
En general vamos probando con los chicos de la producción y si la repercusión es buena seguimos adelante y lo empezamos a trabajar en sus matices. Somos pocos y al ser un programa de dos horas y media saltás de una cosa a otra sin respiro y vas de un personaje a otro. Cuando llegás al final, quizás ya no te acordás cómo tenías que hacer el primero. Nos agarramos de nuestros errores y pifies y con eso también hacemos humor.
Por otro lado, Marcelo Tinelli fue un gran impulsor de tu vida profesional, ¿fantaseás con que te invite a bailar?
No (se ríe). A Marcelo le tengo un cariño enorme y unas gracias eternas, pero si fuera a bailar haría algo desde el humor, a divertirme. Pero no podría bailar, me costaría mucho concentrarme, me tentaría de risa. Hay mucha gente conocida.
¿Lo llamás cuando tenés dudas creativas?
No, lo consulto con la almohada. Tomo decisiones correctas o equivocadas, pero las tomo solo, no soy de seguir muchos consejos.
Hablemos de Granados, ¿una gran virtud?
Que es muy profesional, encara todo muy en serio. Lo tomo más como una diversión, no me hago tanto problema por si falla algo. Él está muy pendiente de que salga todo perfecto y para mí lo primero que hay que buscar es la risa. Admiro que tenga ese enfoque.
Y, por el contrario, ¿con qué te cuesta lidiar?
Por ahí es muy exigente. Para mí una toma ya está, ya quedó, y por ahí él prefiere repetirla porque no salió una risa a tiempo o un cuadro estaba corrido. En ese tire y afloje suelo terminar cediendo. Pero está todo bien, si no, no podríamos seguir estando juntos durante todo tiempo.
Recién decías que para vos el humor es lo más importante, ¿qué significa para vos?
Es un condimento fundamental para la vida y lo trato de plasmar en todo. Trato de verles el lado positivo a las cosas.
¿Cuánto te importa que los chistes funcionen?
Bastante, suelo chequear. Cuando veo que los cámaras o la gente del público que va a vernos al programa no se ríe es porque algo no estoy haciendo bien. Es un termómetro.
También una presión...
Puede ser. Pero generalmente no fallamos porque sabemos a lo que apuntamos. Y con todo lo que pasa en el mundo, es primordial que la gente se divierta y se ría. Un programa de humor te hace olvidar cualquier momento triste que esté pasando cualquier familia. Poder sacarle una sonrisa está bueno y lo vivimos en la calle cuando nos saludan o nos comentan.
¿Te sugieren guiones para los personajes?
No tanto, pero sí me dicen ponele más picante a este o a tal personaje. La repercusión en calle es también otro parámetro.
¿No te molesta que te paren?
No, para nada, nunca me peleé con eso. Tengo muy buena relación con la gente, obviamente, si vienen de buena manera.
Más allá del mal trago de la carnicería. En esos días te mataron... (se viralizó un video en el que se lo veía en el local guardando un dinero que no le pertenecía).
Sí, agarré ese dinero pensando que me lo había dejado mi mujer. Fue un error mío que, por suerte, se aclaró enseguida. Pero fue un mal trago. Tuve que salir a dar explicaciones.
Hoy las repercusiones, además, son potentísimas.
Por eso casi no uso las redes sociales. Porque digas lo que digas, te salen a acuchillar.
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