No hay una más para Ginóbili

Manu anunció su retiro como jugador a los 41 años. El deporte mundial lo reconoce como una leyenda.

Neuquén. “Por fin se decidió. ¡Gracias, Manu! Por fin la señora de la esquina, los mozos del café, el de la estación de servicio, etc., etc. van a dejar de preguntarme. Desde hoy vivo mi pos-Ginóbili, tranquilo al fin. De tu carrera, qué más voy a decir: gracias totales”. Es Andrés “Chapu” Nocioni, el alma de la Generación Dorada, quien con humor desdramatiza, pero también dimensiona, el lunes sensible para el básquet mundial y sobre todo para el nacional. Porque el jugador más importante de la historia del deporte argentino, el que demostró que los límites estaban para romperse, a los 41 años anunció su retiro.

“Con una gran mezcla de emociones les cuento que decidí retirarme del básquet”, empieza Manu, en su breve adiós, y sigue: “Enorme gratitud para mi familia, amigos, compañeros, DT, staff, aficionados y todos los que fueron parte de mi vida en estos 23 años. Fue un viaje fabuloso que superó cualquier tipo de sueño”, dijo el bahiense, que llevó la bandera albiceleste al otro planeta llamado NBA y lideró una selección argentina aportando la diferencia, el suspiro extra, el empuje fuera del libreto, para convertirla en leyenda, para lograr lo inimaginable o, mejor dicho, lo que sólo unos pocos podían soñar: el oro olímpico.

“Rompiste todos los moldes y cruzaste todos los límites que un jugador argentino podía soñar. Dejás un legado insuperable”. Fueron las palabras de reconocimiento de Pablo Prigioni, otro emblema de la Generación Dorada. Manu generó eso, sus propios compañeros lo admiraban y muchos de ellos lo idolatraban, como Facundo Campazzo y Nicolás Laprovittola, dos nuevos referentes de la aelección, que vivieron con dolor el adiós de Ginóbili. “Ha sido un increíble y soñado placer jugar con vos”, escribió el base del Real Madrid con congoja.

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Conformó el mejor trío de la historia de la NBA, con Parker y Duncan.

Su última temporada fue muy buena, por eso se esperaba una continuidad.
Su última temporada fue muy buena, por eso se esperaba una continuidad.
Su última temporada fue muy buena, por eso se esperaba una continuidad.

Más allá de los números

Ginóbili jugó tres años en la Liga Nacional, cuatro en Italia y 16 temporadas en la NBA. Ganó 14 títulos, cuatro en el Viejo Continente (Kinder Bologna), cuatro anillos con San Antonio Spurs y seis con la selección argentina. Pero más allá de su exitosa carrera, el legado de Manu trasciende los pergaminos y las estadísticas.

Todos los números fríos que se leen sobre la carrera de Ginóbili no alcanzarán para enmarcar la importancia que para cualquier deportista representa la figura de alguien que reconfiguró la forma de competir.

Porque durante sus 16 temporadas en la NBA, la liga más importante del mundo, siempre se las ingenió para competir contra rivales de un nivel más constante.

El entrenamiento potenció su talento, pero lo más importante que dejará como legado es que, siendo “el primer suplente”, supo hacer un nombre y transformarlo en leyenda con cuatro títulos NBA.

Su última temporada fue muy buena, por eso se esperaba una continuidad.
Su última temporada fue muy buena, por eso se esperaba una continuidad.
Su última temporada fue muy buena, por eso se esperaba una continuidad.

Porque en cualquier otro contexto, un deportista de su nivel se hubiese ido en busca de un horizonte con más minutos, con más protagonismo. Pero Ginóbili se quedó, asumió su rol y buscó ser el mejor.

Ganó el premio al Mejor Sexto Hombre de la NBA en 2008 e incluso fue elegido en el tercer mejor quinteto de la liga, rodeado de un equipo de estrellas mundiales.

Con sus desgarbados 1,86 metros supo valorizar el rol y la importancia del banco de suplentes, muchas veces ninguneado en el deporte.

Con la despedida de Ginóbili, la NBA se quedará sin argentino. Hasta el 2000 no hubo ninguno, pero desde entonces proliferaron, con la salvedad de la 2001/02. El antes y después que se debe comenzar a digerir.

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Hace 17 años, Ginóbili y Cía. ganaban el Premundial en el Ruca Che

En el 2001, la naciente Generación Dorada ganó el Premundial con sede en Neuquén. En la final derrotó a Brasil por 78-59, desplegando un juego contundente y vistoso. Manu Ginóbili marcó 28 puntos en aquella definición, con el estadio Ruca Che repleto y vibrante.

Aquel 28 de agosto, hace un año, Argentina marcó su 26° partido invicto, además de concretar el quinto triunfo frente a Brasil en el año. Así, redondeó un campeonato brillante, imponiéndose en los diez partidos que protagonizó y clasificándose para el Mundial de Indianápolis 2002 con antelación. El principio de una leyenda.

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