No llores por mí, Argentina

Se terminó el sueño. Francia fue muy superior a la Albiceleste y la dejó sin Mundial en octavos. El 4-3 fue mentiroso. Triste final de un ciclo.

Rusia

Ese gol del Kun Agüero en el final maquilló un poco el resultado y nos dio un minuto más de ilusión, pero no alcanzó para cambiar la pobre imagen que Argentina dejó en el Mundial, del que se despidió tristemente y en forma prematura.

Había clasificado con angustia y dejando muchas dudas, y ayer chocó con un equipo serio y de jerarquía que por momentos lo pasó por arriba. Un crack de 19 años como Mbappé fue demasiado para los baqueteados guerreros de mil batallas argentinos, que estaban escribiendo en muchos casos sus últimos capítulos en una larga historia en la Selección.

Mascherano y Biglia (ver página 5) ya anunciaron sus retiros del combinado y se viene, inevitablemente, la renovación, que quizás debió haber empezado antes.

Pero no sería justo caerles únicamente a los históricos de la Albiceleste, quienes este tiempo pusieron a la Argentina muy cerca de la gloria aunque lamentablemente les quedará la espina, la cuenta pendiente de no haber coronado las buenas campañas con algún título.

Es cierto que Messi volvió a fallar en un mundial, que Di María recién ayer jugó bien, pero el gran responsable de la frustración tiene nombre y apellido: Jorge Sampaoli. El técnico más caro de nuestra historia, que llegó con aires revolucionarios y que sólo aportó confusión y contradicciones.

Ayer, por ejemplo, decidió jugar sin un centrodelantero tradicional y el equipo careció de peso ofensivo. Metió mano en una formación que había respondido como nunca antes ante Nigeria, en la agónica victoria 2 a 1. Error de la “nueva AFA”, que nos quiso vender el cuento de que se trataba del nuevo Guardiola.

Ese fenómeno que es Mbapppé hizo lo que quiso con la endeble defensa albiceleste: dos goles (el tercero y el cuarto), la jugada del penal previa al 1 a 0 de Griezmann... El otro tanto francés, el del 2 a 2 parcial, fue obra de Pavard.

En tanto, Ángel Di María puso el 1 a 1 sobre el final del primer tiempo y Gabriel Mercado nos ilusionó a todos al inicio del segundo para el 2 a 1. Pero fue pura casualidad, de otro contexto que Argentina llegara a la igualdad primero y a desnivelar después.

Así llegó el final. Así se terminó la ilusión. Así se desvaneció el ciclo de la generación dorada sin corona. Chau, Rusia. Nos duele el alma.

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