"No se midió la capacidad de soportar ajustes"
Pablo Montanaro
La crisis del 2001 y sus consecuencias en la historia económica y social del país es el eje de Argentina en la bisagra de dos siglos, el nuevo libro de Juan Quintar, docente de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional del Comahue. Con este trabajo, Quintar se propuso dar cuenta de la forma en que la Argentina vivió el cambio de siglo. “Cambio que a nivel global se puede simbolizar con el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York”, sostiene Quintar, doctor en Pensamiento y Cultura en América Latina. Agrega que a nivel local “el dramatismo de ese cambio de siglo no fue menor”, por eso el libro “recorre las políticas económicas desde la asunción del gobierno de la Alianza hasta la llegada de Néstor Kirchner al gobierno”.
¿Cómo explica aquella frase del economista Aldo Ferrer de que cada país tiene la globalización que se merece y que cita en el libro?
Nada indica que nuestras políticas económicas tienen que ser iguales a las que se propone el pensamiento hegemónico. El escenario global impone condicionamientos, pero la forma de enfrentarlos puede ser muy variada. En un extremo, someterse al pensamiento hegemónico del momento y, en el otro, modalidades como incorporar esos desafíos de lo global desde una perspectiva propia como han hecho otros países, por ejemplo Corea, y que es lo que ha estado pasando en la primera década del siglo XXI con los llamados proyectos nacionales y populares.
Tras varios años de neoliberalismo se llegó al 2001. ¿Fue una decantación para reemplazar el modelo imperante hasta ese momento?
La economía con predomino de renta financiera tiene una enorme volatilidad y eso se aceleró más hacia fines del siglo XX. A partir de 1995 comenzaron una serie de crisis desde el Tequila, pasando por la brasilera, rusa, la del sudeste asiático que hicieron a la economía muy inestable. Se sintieron más que nada en los países periféricos. La más fuerte fue la crisis argentina. Los países de Latinoamérica vivieron con distintas modalidades esas crisis, lo que, si le sumamos los problemas institucionales que generó, da como resultado la denominada generación del bicentenario representado en esos líderes populares de la primera década del siglo XX.
—Parece ser que la historia siempre es pendular.
Hay una tendencia a lo pendular, desde una política nacional y popular hacia una política liberal ortodoxa y que estamos oscilando en esos dos extremos. No es la idea que más me convence. En la historia económica argentina esto ha sucedido sólo dos veces: en 1945 y en 2003, excepcionalmente.
A dieciséis años de 2001, que representó una profunda crisis que dejó 38 muertos, hace unos días el país vivió una serie de enfrentamientos cuando se debatía la reforma previsional. ¿Hay similitudes entre ambos hechos?
Hay una base económica parecida. Es como si estuviéramos viviendo una tercera ola de la economía rentístico-financiera con la asunción de Cambiemos. Implica una lógica de ajuste permanente y esto es lo que genera conflictos. Durante los últimos años del siglo pasado esto fue una constante desde 1993 con el Santiagazo hasta el 2001, haciendo eje en el movimiento piquetero y todo el sistema de movimientos de autodefensa y autogestión como el trueque.
¿El gobierno de Cambiemos tiene en cuenta los problemas que derivan de esa conflictividad social?
Los asesinatos de 2001 quedaron impunes, más los de Kosteki y Santillán que pusieron en la agenda pública algunos problemas muy importantes. Uno de ellos es el enorme poder de los medios de comunicación. Porque hubo un hermetismo mediático muy fuerte para ocultar lo que había sucedido en esos días. El otro gran tema es que todas la sociedades democráticas otorgan el monopolio de la violencia al Estado. Lo que no hemos podido resolver todavía es cómo regular eso, quién lo fiscaliza, quién controla, quién lo sanciona. Con lo que ha sucedido en todo el país en los últimos días esto vuelve a presentarse como un gran tema a resolver.
¿Por eso afirma que el gobierno cae en el error de sobrevalorar la capacidad social de soportar ajustes?
Se nota una enorme incapacidad de mirar la sociedad que pretenden gobernar que tiene capacidad de movilización. No es España en donde una dictadura ha durado 40 años. En el siglo XX la Argentina ha tenido una gran capacidad de movilización y protesta, ya sea para un lado y para el otro, porque también se ha colmado la Plaza de Mayo apoyando un golpe de Estado. Pareciera que los triunfos electorales le otorgan cierta ceguera a la dirigencia que comienza a olvidar estos datos históricos. Han sobrevaluado la capacidad de soportar ajustes. Esto es una puerta abierta porque no sabemos cómo va a seguir.
La resistencia social es un factor fundamental.
Sí, sobre todo al modelo rentístico-financiero que estalló en el 2001, porque allí se dio una conjunción de sectores que muy difícil se da en la historia argentina, que es los excluidos con las clases medias, como el piquete y la cacerola.
La receta del piquete y la cacerola
Juan Quintar recordó las condiciones especiales de la crisis social y política de 2001, que hicieron caer al gobierno del ex presidente de la Alianza, Fernando de la Rúa. Distintas, en algún sentido, a las actuales, donde Cambiemos ha cooptado a los sectores medios. “Recordemos la consigna que se podía escuchar en las calles en aquel momento: ‘Piquete y cacerola, la lucha es una sola’. Los ahorristas y los excluidos. Eso muy raramente se da. La política económica primero de Duhalde y después del kirchnerismo logró separar estos sectores y otorgar gobernabilidad al sistema”, dijo.
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