Un show de luces y fuegos artificiales en un colmado estadio Mario Alberto Kempes precedió a la final de la Copa de la Superliga, que disputan Boca y Tigre.
Mientras se desarrollaba ese espectáculo, una nena con la camiseta de Tigre y un chico con la de Boca intercambiaron las casacas en el círculo central, en un mensaje contra la violencia en el fútbol.
Alrededor de 27 mil hinchas de Boca y 20 mil del "Matador" comenzaron a llegar desde temprano a la cancha, en medio de un fuerte operativo de seguridad, que incluyó a 1.300 efectivos.
En los alrededores del Kempes, los simpatizantes pasaron por los tradicionales puestos de comida y también por aquellos que vendían camisetas, banderas y gorros de los conjuntos finalistas.
Para amenizar la espera, a partir de las 16.15 hubo juegos interactivos en el campo de juego, que podían verse en las pantallas del estadio.
Finalmente, cuando el reloj marcaba las 18.37, los futbolistas saltaron al campo de juego junto al árbitro Néstor Pitana y sus asistentes.
Dos minutos después se formaron para escuchar las estrofas del Himno Nacional Argentino, en una versión acotada, para luego proceder al habitual saludo FIFA.
Antes del pitazo que dio inicio al juego, se realizó un minuto de silencio en homenaje a los marinos que murieron en el submarino ARA San Juan.
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