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Operativo Cóndor: tres años presos por izar la bandera

El 28 de septiembre de 1966 un grupo de jóvenes nacionalistas secuestró un avión y aterrizó en nuestras Islas Malvinas. Durante 36 horas hicieron flamear la bandera argentina en suelo malvinense. Esta es su historia.

El comandante de la aeronave Ernesto Fernández García cuenta el momento en el cual los 18 jóvenes rodeados por más de cien kelpers fuertemente armados deciden poner fin a su acción: “Dardo Cabo arrió una bandera argentina que había sido izada en un poste de madera, y la colocó sobre la parte frontal de un jeep (...). “-Esta bandera, que nosotros arreamos por nuestra voluntad, no fue avasallada por ninguna otra potencia, ni atada al carro de ningún vencedor”- exclamó y, enseguida, comenzó a cantar el Himno Nacional y los demás lo seguimos. Varios lloraban conmovidos, ante el hondo momento que nos tocaba vivir. Más allá de la acción violenta que habían emprendido, lo cierto es que, en ese momento, éramos todos más argentinos que nadie; protagonistas de un hecho único: ¡fue la primera vez en la historia que se cantaba el Himno Nacional Argentino en las Islas Malvinas!”

“Cuando el himno terminó, Dardo Cabo mandó a romper filas y les indicó que volvieran al avión. Algunos estaban tan emocionados que no tenían fuerzas para subir nuevamente. Otros seguían llorando. Arriba, Dardo indicó a sus hombres que me entregaran las armas a mí. A medida que las entregaban yo se las hacía dejar en la cabina de mando. Antes de dejar el avión, Dardo se dirigió a mí y me dejó un mensaje que era todo un símbolo de aquel momento.-“No nos rendimos, deponemos armas”-me dijo.”

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El vuelo 648 de Aerolíneas había despegado del 28 de septiembre de 1966 a las 0,45 hs de Aeroparque Jorge Newbery hacia Rio Gallegos. Mezclados entre los pasajeros lo abordaron 18 miembros del Comando Condor fuertemente armados. Hoy resulta extraño que alguien pueda subir al avión con un arma. Pero, este era el primer secuestro aéreo en Argentina.

Gobernaba el país el dictador Juan Carlos Onganía. La elección del día se basó en dos hechos. Estaba en el país el esposo de la reina de Inglaterra, Felipe de Edimburgo, en carácter de presidente de la Federación Ecuestre Internacional. Y el contralmirante José María Guzmán debía volar al territorio del que era gobernador, Tierra del Fuego e Islas del Atlántico Sur.

Los integrantes del Comando Cóndor pertenecían a una escisión de Tacuara, llamada MNA Movimiento Nueva Argentina. Los dirigía Dardo Cabo, de 25 años, periodista hijo de Armando Cabo dirigente de la Unión Obrera Metalúrgica, Lo secundaba Alejandro Giovenco, de 21 años . La periodista y dramaturga María Cristina Verrier, de 27 años, era la tercera al mando del grupo. Su padre, César Verrier, había sido juez de la Suprema Corte de Justicia.

A las 6,05 AM, dos jóvenes ingresan a la cabina del DC-4 . Sonriendo le dicen al piloto “cambiamos de rumbo, vamos a Malvinas”. El comandante Ernesto Fernández García, sonríe también creyendo que es una broma. Los jóvenes exhiben sus armas y repiten “no tanta risa, esto es en serio”. El piloto aduce no conocer la ruta. “Rumbo uno cero cinco” replica el de lentes y le entrega las cartas de navegación. El comandante obedece la orden y enfila rumbo a Malvinas con 42 pasajeros a bordo. Estaba en marcha el “Operativo Cóndor”.

A las 9 hs el avión realizó tres pasadas rasantes sobre Puerto Stanley, rebautizada por los comandos “Puerto Rivero” (en homenaje a la gesta del gaucho Rivero), buscando donde aterrizar. Las islas no tenían aeródromo y lo más parecido, era una pista de carreras cuadreras de tierra, donde finalmente bajo el avión. Ya en tierra los comandos bajaron del avión e izaron siete banderas argentinas en distintos puntos cercanos. Luego tomaron posiciones de defensa alrededor de la aeronave, mientras se acercaban con mezcla de sorpresa y curiosidad habitantes de la isla. Entre ellos un joven jefe de policía al mando de seis efectivos que fue tomado como rehén.

Cabo y Verrier se dirigieron a la casa del gobernador interino, ante quien se presentaron anunciando : “como argentinos, hemos venido a esta tierra para quedarnos, ya que la consideramos nuestra”. Un isleño de origen chileno traducía las palabras que el gobernador no terminaba de entender. Recuperado de su sorpresa les ordenó “fuera de aquí, Vds no están en su casa”.

En la improvisada pista, ya varios jeeps Land Rover habían sido estacionados bloqueando el movimiento del avión, y mas de un centenar de civiles voluntarios bien armados, rodeaban a prudente distancia todo el escenario. Los comandos hicieron bajar a los pasajeros del avión, entre quienes se encontraba el Gobernador de Tierra del Fuego e Islas Malvinas, almirante José María Guzmán. Los pasajeros fueron alojados por los kelpers, mientras en comando seguía en el avión.

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El día 29 varios diarios publicaron el texto de la proclama difundida por los jóvenes del Comando Cóndor.

“A los argentinos: “

“La responsabilidad de nuestra soberanía nacional siempre fue soportada por nuestras fuerzas armadas. Hoy consideramos le corresponde a los civiles, en su condición de ex soldados de la Nación, demostrar que los aprendido en su paso por la vida militar ha calado hondo en sus espíritus.”

“Así emprendimos la marcha hacia el Sur. Creemos en una patria justa, noble y soberana. Somos cristianos, argentinos y jóvenes.”

“Pertenecemos a una generación que desde su hora misma asume sin titubeos la responsabilidad de mantener bien alto el pabellón azul y blanco de los argentinos.”

“Estamos aquí porque hemos preferido los hechos a las palabras. Estamos solos ante Dios y con nuestra determinación.”

“Sin banderas políticas. Provenimos de todos los sectores nacionalistas y pertenecemos a militancias políticas distintas, pero estamos unidos porque creemos que eludir un compromiso es una cobardía.”

“Porque estamos luchando y lucharemos para devolver a nuestros hijos la imagen de la patria que nos legaron los hombres de Mayo. Nosotros, con orgullo, nos hacemos cargo de esta herencia, con humildad pero sin vacilaciones.”

“Por esa patria que tiene su historia escrita en gloriosas páginas de sangre. Por esa patria que se merece el sacrificio de sus hijos para que nuevamente pueda brillar como ejemplo en Hispanoamérica.”

“Nosotros, como pueblo argentino, es decir, en nombre de todos cuantos habitan nuestro suelo y en especial la juventud argentina a la que pertenecemos, ponemos hoy nuestros pies en las Islas Malvinas argentinas para reafirmar con nuestra presencia la soberanía nacional y quedar como celosos custodios de la azul y blanca, que ha de flamear altiva mientras haya hijos que respondan por ella.”

“Quiera Dios ayudarnos en nuestra empresa. A él encomendamos nuestras almas y en su fe forjamos nuestro coraje. Concretamos nuestro futuro. Moriremos con el pasado”.

“Dado en Puerto Rivero, de las Islas Malvinas argentinas, a los veintiocho días del mes de setiembre de mil novecientos sesenta y seis”

Los demás integrantes del comando eran: Ricardo Ahe, de 20 años de edad, empleado; Norberto Karasiewicz, 20 años, metalúrgico; Andres Castillo, 23 años, bancario ; Aldo Omar Ramírez, 18 años, estudiante; Juan Carlos Bovo, 21 años, metalúrgico; Pedro Tursi, 29 años, empleado; Ramón Sánchez, 20 años, obrero; Juan Carlos Rodríguez, 31 años, empleado; Luis Caprara, 20 años, estudiante; Edelmiro Jesús Ramón Navarro, 27 años, empleado; Fernando José Aguirre, 20 años, empleado; Fernando Lisardo, 20 años, empleado; Pedro Bernardini, 28 años, metalúrgico; Edgardo Salcedo, 24 años, estudiante; y Víctor Chazarreta, 32 años, metalúrgico. La edad promedio del grupo era de 22 años. Todos eran peronistas.

“Muchachos, aunque nos cueste la vida. Lo de menos es que nos lleven presos a Inglaterra. Lo más glorioso, que caigamos en el intento”, les dijo Dardo Cabo antes de salir.

A treinta y seis horas del arribo, la posición del comando era muy débil, carecían de alimentos y abrigo y estaban rodeados por una fuerza numerosa, ahora reforzada por una docena de militares británicos. El sacerdote católico Rodolfo Roel, los convenció de dejar el avión y trasladarse a su iglesia . Los comandos se formaron frente a una de las banderas izada en un mástil de hierro, cantaron el himno nacional, rezaron un padre nuestro, le entregaron las armas al piloto del avión y recuperando las banderas se retiraron hacia la iglesia. No hubo acto de rendición. La misión estaba cumplida. Allí permanecieron hasta la llegada del buque Bahía Buen Suceso enviado por el gobierno argentino para evacuarlos hacia Ushuaia.

En Ushuaia fueron juzgados y encarcelados. La mayoría por nueve meses. Pero Dardo Cabo, Alejando Giovenco y Juan Carlos Rodriguez por tener antecedentes purgaron tres años de cárcel.

Terminaba de escribir esta nota cuando mi mujer que no conocía la historia me pregunto: ¿y que hicieron? …bueno…pusieron la bandera, cantaron el himno…respondí. “Pero los metieron tres años presos…” agregó.

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Allí me di cuenta que no había escrito sobre lo más importante del episodio: la actitud, el compromiso, la entrega a una causa de estos 18 casi adolescentes muchachos. ¿Qué motivación tan profunda lleva a un grupo de jóvenes a exponer su vida, y a pagar con la cárcel, el pequeño pero gran gesto de hacer ondear la bandera azul y blanca en suelo malvinense?

Antes de subir al avión ninguno preguntó, que cargo en el estado le iban a dar, que candidatura le aseguraban, que aumento de categoría salarial podía recibir, nada de eso pasaba por sus cabezas. “Lo menos es que nos lleven presos a Inglaterra, lo más glorioso que caigamos en el intento” había arengado Dardo Cabo.

Hoy que la militancia política ha pasado a ser una carrera profesional. Hoy que casi todo se mide en términos de “toma y daca”. Hoy que la mayoría pregunta por el contrato o cuantos planes hay para repartir antes de sumarse a un grupo.

Hoy es bueno recordar las virtudes de una generación que tuvo muchos defectos y se mandó muchas macanas, pero como dicen en su proclama: “Luchamos por esta patria que se merece el sacrificio de sus hijos…”

Por suerte son otros tiempos. Y hoy, la Patria no reclama más mártires. Pero si reclama héroes cotidianos. Hombres y mujeres que abracen la militancia política con vocación de servir al prójimo. Y que diariamente pongan su cuota de trabajo esfuerzo y heroísmo en la construcción de una mejor Argentina para todos.

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