Jonathan Espósito fue el primer testigo del día en el juicio por el fallecimiento del Diez. Su declaración era clave porque vivió con el ex DT en sus últimas semanas.
Jonathan Espósito entró pasadas las 10:30 a la sala de audiencias de los tribunales de San Isidro para declarar en el juicio por la muerte de Maradona. Su testimonio estaba cargado de expectativa porque fue la persona que vivió con el Diez durante toda la internación domiciliaria de Tigre donde falleció. “Soy el sobrino de Diego”, contextualizó a los jueces antes de arrancar.
Frente a Dalma, Gianinna, Jana y Verónica Ojeda, el testigo comenzó a responder las preguntas del fiscal Cosme Iribarren. Al principio costó: respondía monosílabos y no brindaba la información detallada que esperaban. Ante la situación, los jueces le pidieron por favor que intente dar respuestas más largas. “Me cuesta. Me dicen el mudo porque no hablo”, contestó. Sus primas se agarraban la cabeza.
Según publica Infobae, con el paso de las horas (declaró por más de 3), se empezó a soltar. Así, logró explicar que desde mediados de octubre su rol era acompañar a su tío en la rutina diaria. Por eso en noviembre de 2020 se mudó con él al domicilio de zona Norte.
En este contexto, reconstruyó, día a día, cómo fue el final de la vida del astro del fútbol y aportó detalles tan reveladores como tristes que dieron cuenta de la desatención que tuvo Maradona en el último tiempo.
El relato de Espósito
Espósito contó que la casa de Tigre no tenía aparatología médica, que Maradona seguía ninguna dieta especial y que él lo veía mal. “En el último momento yo no lo veía bien a mi tío y le decía a los enfermeros para que le digan a Luque”, declaró. El testigo reconoció al neurocirujano y a la psiquiatra Agustina Cosachov como los médicos del Diez y a Carlos Díaz como su psicólogo.
En su declaración, contó que el 16 de noviembre de 2020 lo llamó a Luque porque lo vio hinchado a Diego. También le dijo que el ex DT creía que estaba en la casa de Tigre por los puntos de su operación de cabeza, cuando en realidad era para rehabilitarse de sus adicciones. Por le pidió que alguien se acerque a explicárselo.
“Diego estaba como más hinchado en la última semana. Estaba mal, no se quería levantar. En los últimos momentos su voz era media ronca”, contó. Y siguió: “Él comía lo que quería, nadie lo controlaba. Pero los últimos días no comió. La última vez que me acuerde que comió fue el 23 al mediodía, unos sanguchitos de miga al mediodía”. Dos días después murió.
A preguntas del fiscal Iribarren respondió que Diego no comía porque no quería, que estaba en la habitación acostado y que no lo vio deambular por la casa en ese tiempo. Cree que tampoco miró tele, algo que hacía siempre.
“La última vez que lo vi con vida antes del 25 fue la noche anterior. Entré con el enfermero para que le tome el pulso y le de la medicación, lo hizo sin problema. Tenía la remera mojada, se la quisimos cambiar pero no quiso. El enfermero intentó otra vez y no quiso. Diego le dijo ‘basta’ y nos fuimos”, señaló.
El día de la muerte
“La mañana del 25 me levanto a las 9 o 10 de la mañana. Ya estaba Maxi (Pomargo), que era el secretario, el de seguridad y la empleada doméstica. Bajo a la cocina, tenían que venir Cosachov con Díaz a darle la medicación”, recordó Espósito sobre la mañana de la muerte de Maradona.
El sobrino del Diez contó que ese día no entró a la habitación del futbolista y que ninguna otra persona lo hizo, a pesar de que había personal de enfermería. “Cosachov y Díaz llegaron a eso de las 11. Creo que fueron directo a la habitación. Cuando salieron dijeron que no se quería levantar. Era normal”, continuó en su relato.
“Después entré yo con Maxi (Pomargo) atrás. Ya cuando entré vi su mano derecha colgando. Cuando le voy a levantar la mano ya no reaccionaba. No reaccionaba, no reaccionaba", repitió muchas veces. “Ahí dije que llamaran a una ambulancia. Él estaba boca arriba, tapado. No lo destapé”, recordó.
“Lo primero que vi cuando entré a la habitación fueron los pies y la mano colgando. Estaba medio tapado”, sumó. Al ser preguntado por los fiscales sobre si lo vio hinchado, tal como lo había declarado al comienzo de la causa, el testigo lo ratificó. Diego ya llevaba un tiempo muerto.
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