Luis Caputo decidió postergar el nuevo índice de inflación: las razones
Tanto el viejo como el nuevo IPC ahora está casi igualados. La diferencia es de menos de 1 punto en un año, pero igual así se decidió para más adelante.
Es muy probable que el paciente tenga más fiebre de lo que dice el termómetro que está usando el Gobierno, pero el médico parece haber decidido evitar que los familiares se asusten. Esa podría ser una explicación sobre lo ocurrido con el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).
Ayer el gobierno de Javier Milei le aceptó la renuncia como director del organismo a Marco Lavagna, un economista del Frente Renovador, que llevó adelante de manera impecable la tarea de devolverle credibilidad a un organismo que había sido bastardeado durante la ultima gestión de gobierno de Cristina Fernández.
Lavagna es el heredero directo de otro economista peronista de trayectoria y honestidad: Jorge Todesca. Él fue quien comenzó la tarea de reconstruir al INDEC, echando cuadros políticos que actuaban en la dependencia. Al fallecer Todesca asumió Lavagna.
Ahora el designado para seguir con el trabajo es Pedro Lines, un economista de carrera dentro del organismo. Es alguien de “la línea” como suele decirse de los cuadros técnicos del Estado que no responden a ninguna fuerza partidaria.
El ministro de Economía, Luis Caputo, decidió seguir midiendo la fiebre del paciente con el antiguo termómetro, que no es tan preciso como el que quería poner en marcha Lavagna. No hubo grandes discusiones. El ex funcionario quiso hacer su tarea de manera técnica pero hubo razones de política económica que pesaron más.
Las críticas de los principales referentes de mercado como el economista Santiago Bulat coincidieron en que las diferencias en un año entre una manera de medir el IPC y la otra eran mínimas. Para algunos era de menos de 1 punto: 32% contra 33% anual.
Pero ese no sería el problema: El nuevo IPC con base en la encuesta de consumo de hogares de 2017 y 2018 le asigna mucho más peso a los servicios que a los bienes transables. Eso implica que si bien ahora los dos “termómetros” miden parecido, de aquí en adelante eso va a cambiar.
El gobierno y las tarifas
En 2026 el gobierno de Javier Milei tiene decidido normalizar el cuadro tarifario de los servicios públicos. Esto implica, eliminar totalmente los subsidios, sobre todo, los que se pagan en la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano.
Ese curso de acción llevará a que la inflación con el nuevo IPC pegue un salto y demore en ponerse por debajo del 2% mensual, lo que a su vez lleva abre otras cajas de Pandora.
El Gobierno promete dejar la inflación a fin de año claramente abajo del 1% mensual, con vista a que en 2027 se vienen las elecciones presidenciales. Con el nuevo IPC eso es más complicado. Eso a su vez puede generar un clima de nerviosismo en en el público que ante olor a una crisis compra dólares.
En ese sentido, hay que recordar que las bandas cambiarias que aplica el Banco Central desde enero de este año se ajustan por la inflación de dos meses atrás. Lo que quiere decir es que si Caputo autorizara a usar el nuevo IPC podría haber más inestabilidad y demanda de dólares, con suba de precios, lo que obligaría a subir tasa de interés y profundizar deprimir aún más la actividad. Y si la banda se amplía el valor del dólar podría irse mas rápido al techo de la misma.
El mercado desconfía
Un operador del mercado de capitales comentó a LMNeuquén que se trata de una “chanchada” lo que hicieron desde el Palacio de Hacienda. La decisión de frenar el nuevo “termómetro” afectará al valor de los bonos ajustables por inflación: son los conocidos como Lecer y Boncer. Títulos diseñados para ganarle a los precios. Con ellos los inversores tenían la seguridad de que al menos estaban cubierto contra una suba del IPC. Pero en este caso, lo que se afecta es la posibilidad de haber ganado algunos puntos mas de rendimiento.
A todo esto, Caputo y Javier Milei le agregaron un nuevo ingrediente al plato: salieron a decir que este año no piensan emitir deuda en los mercados globales, como todos esperan. Tampoco lo creen. Suponen que quieren forzar una suba de precios de bonos globales en función de una supuesta demanda de riesgo argentino. Si sube la demanda y no sube la oferta el precio subiría y bajaría el riesgo país. El problema es que debe haber gente interesada en comprar bonos.
La cuestión es que tanto sea por el lado del INDEC y la inflación como por el lado de la deuda en dólares, el gobierno está teniendo los primeros desacuerdos con el mercado.
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