Luego de los preocupantes datos de inflación de los últimos meses, cada vez resuena más en Argentina el fantasma de la hiperinflación. Técnicamente, la “hiper” es una inflación muy elevada y fuera de control que hace aumentar rápidamente los precios (en Argentina llegó a ocurrir varias veces al día) al mismo tiempo que la moneda se deprecia aceleradamente.
Según varios analistas, “se genera un círculo vicioso en el que se crea más y más inflación”. Las causas de la hiper ocurren generalmente, como en el caso de Argentina, por déficits fiscales financiados con emisión de más moneda.
En un escenario muy parecido al de Argentina, la hiperinflación se desata en un contexto de fuerte disminución de los ingresos fiscales reales junto con una fuerte necesidad de mantener elevado el gasto público y la incapacidad para pedir préstamos a tasas razonables.
Recientemente, el ex ministro de Economía, Domingo Cavallo advirtió que si se hace una devaluación sin cambios estructurales económicos, como la de 2002, "la economía va a entrar en hiperinflación y luego no encontrará ningún régimen monetario capaz de derrotar a la inflación en un mandato presidencial".
“La reforma del Estado, las privatizaciones, la eliminación de impuestos distorsivos, la apertura de la economía y el anclaje nominal de las expectativas de inflación son indispensables para que se pueda derrotar definitivamente a la inflación en dos años”, afirmó en su blog personal. “Lo que se necesita es una reorganización de la economía y un ajuste fiscal como el que hicimos entre 1990 y 1991”, agregó.
Esto en un escenario en que, según varios economistas, al Gobierno el efecto de las medidas transitorias que viene tomando ya no le duran ni una semana, entre ellas el dólar soja 1 y 2, y la recompra de deuda.
En 2019 se cumplieron treinta años de la primera hiperinflación que padeció Argentina. En 1986, desde marzo el IPC creció ese año a no menos de 4% mensual y la tendencia fue en aumento, con una inflación promedio mensual de 5,1% en 1986; 8,9% en 1987, y 14,3% en 1988.
En 1989, la caída en la credibilidad de las autoridades y el inicio de una fuerte dolarización llevaron a que el IPC se disparara 17% en marzo, 33,4% en abril, 78,5% en mayo, 114,5% en junio y alcanzara un récord de 196,6% en julio.
Con un inevitable adelantamiento de elecciones el 14 de mayo de 1989, se debió aplicar la clásica medida de devaluar fuertemente el tipo de cambio oficial superior, en este caso en más del 100%. Algo similar piden hoy varios economistas.
Otra similitud de aquellos años con el escenario actual es que las políticas liberales del gobierno de Carlos Menem tuvieron su origen en la hiperinflación, ya que ese fue el argumento principal para implementar medidas liberales de reducción del Estado, privatizaciones masivas y precarización laboral. En ese sentido, ahora se observa un escenario similar con el surgimiento de movimientos liberales como el del economista Javier Milei, cuya base de apoyo viene del descontento por la suba de precios.
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