Vuelve la competencia en la que productores buscarán consagrarse con la golosina preferida de los argentinos. Habrá catas, expositores y muchas sorpresas.
La cuenta regresiva ya comenzó: el Mundial del Alfajor 2025 se celebrará en agosto y promete superar todas las expectativas. Con representantes de distintos rincones del mundo, esta competencia se convirtió en una cita obligada para los fanáticos del dulce más emblemático de Argentina.
Durante el evento, un jurado especializado elegirá al mejor alfajor entre decenas de propuestas innovadoras y tradicionales. Además, habrá stands, degustaciones, charlas y un ambiente ideal para rendirle homenaje a esta deliciosa pasión global.
La celebración anual tiene como objetivo premiar la excelencia en la elaboración de este dulce tradicional, con un apoyo en la innovación y el intercambio de sabores. Se llevará a cabo en el Pabellón 6 de Costa Salguero, Buenos Aires, entre el 15 y el 17 de agosto
Argentina es el primer país productor y Uruguay el segundo, por lo que ambos establecieron una industria sólida y competitiva con alcance fuera de sus fronteras y que, gracias al Mundial del Alfajor, se le abrió la puerta a que otras naciones de América Latina como Chile, México o Perú para que también puedan producir y expandirse en este mercado.
Cómo será el mundial del alfajor 2025
En esta edición, además de exponer a las industrias alfajoreras nacionales e internacionales, desde la organización comunicaron que los asistentes podrán “disfrutar de masterclass, sorteos, pintura de alfajores en vivo, stands gastronómicos, un espacio especial para la pastelería infantil, y hasta catas técnicas que culminan en la premiación de los mejores productos”. Incluso se hará venta directa de las golosinas, por lo que es una oportunidad de conseguirlas a un buen precio.
Desde que se inició con el campeonato, más de 120 expositores se atrevieron a disputarse el puesto primero en el podio mundial. Las muestras enviadas por las empresas se someten a una evaluación sensorial bajo un estricto procedimiento de cata a ciegas, según indicaron en la web oficial de la competencia, donde un jurado compuesto por 25 especialistas de la Argentina y Uruguay, asignan un puntaje a más de 35 características sensoriales establecidas. Los valores máximos de cada categoría obtienen las medallas Oro, Plata o Bronce.
El festejo contará con un escenario general donde se ofrecerán charlas, clases abiertas, el lanzamiento de nuevos alfajores, sorteos y espectáculos musicales y de pasteleros. Además, se prevé un Foro Internacional del Alfajor, donde 45 participantes con inscripción previa accederán a 10 charlas técnicas destinadas a emprendedores, fábricas y empresarios del sector.
Las entradas pueden adquirirse por Eventbrite. Tienen un costo de $5000. Si se compran en puerta, su valor asciende a $7000. Los niños menores de 13 años ingresan gratis. El horario es de 12 a 20 horas.
La historia del alfajor
Al contrario de lo que se puede pensar, el alfajor no nació en nuestro país, sino que tiene su origen los países árabes y luego en España. El nombre deriva de la palabra árabe Al-Hasú, que significa “el relleno”. La primera versión consistía en una base de pasta de almendras, nueces y miel -una combinación que era popular en la Península Ibérica durante la invasión de los moros-. Con el paso de los siglos, esta y otras recetas fueron adoptadas por la cultura española. Tras la invasión y establecimiento de colonias en América Latina, su consumo se expandió por el territorio ocupado.
Lo cierto es que la costumbre perduró en el cono sur de la región, siendo la Argentina y Uruguay quienes continuaron con su producción y modernización. Esto se favoreció gracias a la oleada inmigratoria de principios del siglo XX hacia el Río de la Plata, por lo que las tradiciones gastronómicas españolas se preservaron.
El primer alfajor propiamente argentino del que se tiene registro es el santafesino, ligado a la historia de la ciudad de Santa Fe. Su producción comenzó en 1851 de la mano de Hermenegildo Zuviría -apodado Merengo-. Su receta consistía en la superposición de galletas tostadas con un relleno de dulce de leche y glaseado de azúcar impalpable.
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